En el colegio, en el mapa de España que colgaba en la pared, Canarias se situaba en un cuadradito debajo de las Baleares. Más de una vez pregunté porqué estábamos encerradas en aquel rectángulo, mientras que las islas Baleares, justo encima, no.
Luego, más tarde, comprendí que las Canarias había sido llevadas hasta allí por cuestión de economía del espacio pero que aquel, realmente, no era su lugar en el mapa. Sin embargo, ya mi visión del lugar que ocupaban las islas en el mundo fue tergiversada para siempre. Mientras que cada comunidad se situaba en su sitio y en su franja, Canarias era algo así como un buque fantasma que unas veces estaba anclado debajo de las Baleares y otras iba la deriva junto al Sáhara.
Luego en la televisión, en la radio cuando daban el uso horario las islas sólo eran nombradas para señalar una hora menos, y se repetía tanto, que por hastío el archipiélago dejó de existir como entidad real y se convirtió algo a lo que no se prestaba atención como una coma o un etcétera.
No fue mejor cuando comprendí que los habitantes de la piel de toro tampoco sabían muy bien donde nos encontrábamos ni mucho menos quiénes éramos. Los canarios sólo existíamos como lugar donde la historia había desterrado a intelectuales como Unamuno o territorio dónde ir a hacer el servicio militar. Luego pasaría a ser el sitio predilecto para pasar la luna de miel en los sesenta y un lugar pacífico lleno de tópicos típicos donde los tours operadores y los holding hoteleros encontraron la gallina de los huevos de oro.
Pero las islas continuaron siendo un territorio mítico, tan desconocido como cuando los clásicos la bautizaban como jardín de las hespérides. No es de extrañar que el mito más representativo de Canarias sea el de San Borondón, la isla que los marineros aseguraban aparecía y desaparecía en medio del atlántico.
Hace unas semanas que San Borondón- Canarias ha vuelto a resurgir de nuevo, pero esta vez en lugar del atlántico, en Madrid. El gobierno necesita del voto de los partidos nacionalistas canarios para conformar la mayoría necesaria. Pero esto durará sólo unos días, cuando le ofrezcan unas migajas para formar pacto. Entonces, Canarias como San Borondón volverá a desaparecer de nuevo en el atlántico.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.






























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