Nos morimos. Nos morimos por excesos de estupidez y arrogancia. Acabamos con todo lo que nos rodea como alimañas depredadora que somos. No aprendemos, repetimos una y otra vez los mismos errores sin remedio. El científico Stephen Hawking dice que no viviremos mil años. Es demasiado optimista. Nuestra actividad destructora es exponencialmente más rápida que la creadora. Sucede que en el mundo al revés, los sinvergüenza, los deudores, los corruptos, quienes no respetan ni a su prójimo ni a la tierra donde viven acampan por doquier y son los amos del planeta.
Por eso, si usted, ciudadano, hombre y mujer común, que trabaja y respeta sus costumbres, llega un día soleado a la playa y la descubre cercada por vallas, no se extrañe. No se pregunte por qué si la playa es de todos no puede acceder a ella y está vallada. Tal vez, si tiene curiosidad, preguntará a un vecino y le dirá lo que sucede: que el empresario de la construcción Santana Cazorla, el mismo que fue juzgado por tráfico de influencia en el caso Góndola, que ha sido acusado por sindicados de tener a sus trabajadores en precariedad laboral, el mismo que aparece en la lista de morosos de hacienda, el mayor cacique de la islas según otros, etc.. está dando el pelotazo en la zona. Entonces descubrirá en la misma orilla de la playa de Tauro que se está construyendo un campo de golf, un centro comercial y numeroso hoteles. El promotor ha comenzado por rellenar la playa de callaos de arena del Sáhara, sin importarle lo que afectará a la flora y fauna de la zona. Y todo ella con el permiso del tribunal Supremo de España.
“Nada nos va a parar” afirma tajante el empresario y se jacta en la prensa de hacerlo por el bien público, para generar riqueza y más camas turísticas en la zona. Pero el canario ya sabe que el turismo no da riqueza, salvo para unos pocos empresarios, que las promesas de los políticos son papel mojado, que esta tierra tiene los días contados porque la han convertido en un escenario de cartón piedra donde se ruedan películas americanas y acuden turistas enlatados a hoteles colmenas a pie de playas artificiales. La belleza natural y virgen del país está siendo sustituida por hormigón, campos de golf, acuarios y centros comerciales y hoteles que darán más miseria y servidumbre.
Y lo peor de todo es que el canario lo sabe y no hace nada. Lo dicho, nos morimos como raza. No queda otra si la bajeza moral, el individualismo, la ambición económica, el expolio y la sinrazón gobiernan. Cuando los principios básicos y valores se subvierten sólo queda la destrucción. Por eso, nuestra raza, nuestra tierra, tiene los días contados.






























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