Estamos ya en plenas fiestas de San Juan en Gran Canaria, una isla en la que encontramos el enigmático triangulo sanjuanero, formado por Telde, Las Palmas y Arucas, bautizado por Antonio de la Nuez, como el triangulo templario de Canarias. ¿Por qué lo llamó de esa manera el llorado investigador canario?
La razón es que San Juan Bautista es el patrón de la Orden del Temple y, actualmente, de la masonería. Además, el sabía que la primera conquista de Canarias, la normanda, fue realizada por dos conocidos templarios franceses, Jean de Bethencourt y Gadifer de La Salle.
Por otro lado, sabido es que la fiesta de San Juan se celebraba de forma especial en tierras templarias, como la actual Provenza francesa, la Toscana italiana y el Levante español.
Los templarios creían que Juan el Bautista había iniciado a Jesús en los misterios egipcios de Isis y Osiris, en la metansicosis y en el camino espiritual que nos lleva al conocimiento y unión con Diós. Unas tesis que fueron condenadas por la Iglesia por herética, disolviendo el Temple en 1214.
Los templarios que no fueron quemados o encerrados de por vida en Francia huyeron lejos de su país, a lugares mas tolerantes, como Escocia o Portugal, que les permitieron seguir viviendo aunque cambiando el nombre de la Orden por la de Caballeros de Cristo, la Orden de Malta, los Hospitalarios, etc...
Pero algunos investigadores creen que algunos templarios, cuya Orden tenía una enorme flota en su base de La Rochelle, habrían emprendido camino hacia América pasando por las Islas Canarias. No olvidemo que Bethencourt y La Salle partieron también del puerto de La Rochelle, y sus padres pertenecían a la Milicias Blancas del Temple, perseguidas con saña por el Rey de Francia, Felipe el Hermoso.
Nuestros templarios llegaron a Canarias con frailes franceses que divulgaron el culto a Juan el Bautista, que arraigó de forma especial en Telde, Arucas y Las Palmas, que fue fundada un día de San Juan.
Esta festividad coincide, además, con las fiestas paganas y ancestrales del Solsticio de Verano. De ello tenemos un claro ejemplo en las cuevas de Cuatro Puertas de Telde, o la del Risco Caído de Artenara, donde los aborígenes canarios esperaban la magia de la entrada de la luz solar entre el 21 y el 24 de junio.
Jaime Rubio Rosales es periodista y profesor.































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