La belleza de sus paisajes, las comidas típicas y la amabilidad de sus gentes, fue la respuesta unánime de mis alumnos de 1º de la ESO a la pregunta sobre qué significaba para ellos ser canario. El alumnado no refleja más que lo que han aprendido de sus padres y lo que oyen, son niños aún ausentes de la realidad que les rodea. Sin embargo, esa realidad idílica que nos quieren vender no es Canarias.
Canarias es mucho más, es vivir en siete islas, aislados, tener como medio de transporte el avión y no conocernos porque volar entre islas no está al alcance de todos los bolsillos.
Canarias es también, no hace que viniera Brat Pitt a rodar en las islas para que supiéramos, el escenario de una película de expolio y maltrato continuado. Canarias es el “dorado” de unos pocos y la mafia de muchos, un sistema sostenido y afianzado en el tiempo donde la corrupción campa sin problemas desde la más baja instancia hasta las más altas. Un reino de Taifas, que se reparten por islas ocho comerciantes.
Ser canarios es también el hecho del abandono insular y encontrarnos sistemáticamente pisoteados con la aquiescencia de un gobierno de más de treinta años llamado nacionalista (Coalición Canaria) que tiene uno de los sistemas electorales más injusto de todo el planeta que los sostiene ahí y que impide que impide que resurjan nuevos partidos o que se vote de forma equitativa en todas las islas. (vale 17 veces más el voto de un gomero que el de un gran canario).
Canarias es la explotación masiva del suelo ¡atentos a la ley de suelo que quieren aprobar y a la que se oponen todos los partidos de izquierda¡ que dará vía libre a más ladrillo y especulación urbanística y quizás entonces también se nos quite un poco más el orgullo de ser las islas paradisíacas de que tanto nos regodeamos.
Ser canario es además tener complejo de inferioridad por la forma en cómo hablamos, esto lo constato en las aulas, pero además lo ha estudiado y constatado el profesor de Universidad de las Palmas Pérez Vigaray en su libro “Español de canarias y humor canario: amores que matan” Los canarios pensamos falsamente que hablamos mal (algunos llevan al colmo de la ridiculez y utilizan el “vosotros” cara al público para aparentar cierto estatus) o peor aún, pensar que hablar vulgar es hablar canario. El lenguaje tan íntimamente unido a nuestro pensamiento nos crea un complejo no sólo lingüístico sino también psicológico que influye negativamente en nuestra dignidad como pueblo, inseguridad y miedo.
Si a esto sumamos la aculturización que sufrimos, la peligrosa equiparación de cultura y turismo, la creación masiva centros de ocio, acuarios y parques temáticos tenemos una identidad cultural perdida y maleada.
Si añadimos la cesta de la compra más cara de toda España, el tener más desempleados que ninguna comunidad, tal vez tendremos una radiografía más exacta de lo que implica ser canario.
Quien quiera hoy quedarse con los muchos tópicos típicos en el día de Canarias que lo haga. Pero presiento que en este punto algunos ya me han odiado.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.






























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