Hace un año un informe de la ONU decía que España es uno de los países mas antisemita del mundo, tanto que en una lista de 10 estaría en el segundo o tercer puesto. En Canarias, el Cabildo de Gran Canaria ha prohibido todos los productos procedentes de Israel, olvidando que las potabilizadoras y el riego por goteo son inventos que tenemos gracias a ellos.
Si hacemos la pregunta en la calle la mayoría de la gente se sorprenderá y dirá que eso no es verdad. Ocurre lo mismo con el racismo. Nadie admite ser racista pero en la práctica observamos mucho racismo en España: desprecios a los jugadores africanos por ser de raza negra, agresiones a sudamericanos, a chinos, etc...
¿Y los judios? Bueno, fuimos los primeros en perserguirlos y expulsarlos de Europa en el S.XIV. Bien es verdad que esto venía fomentado por la Iglesi,a que los consideraba una mala raza, como se recordaba a los fieles cada domingo en oraciones y sermones.
Este machaque de siglos en un país mas papista que el Papa, como España, ha hecho que una gran parte de los españoles sigan pensando que los judíos están detrás de todos los males de este mundo: detrás de las crisis bancarias, de las guerras, de las multinacionales, de la masonería, de los jesuitas, de la corona de Inglaterra, de los gobiernos de Estados Unidos, etc...
Es mas o menos lo mismo que pensaban los nazis, cuyos líderes eran católicos también, desde Hitler a Eichmann pasando por Himmler,Von Pappen y un largo etcetera.
¿Por qué los católicos han sido tan antisemitas a pesar de que los fundadores de la Iglesia eran judíos?
La razón habría que buscarla en la refundación de la Iglesia por Constantino en el Concilio de Nicea, momento en que la Iglesia pasó a ser Católica y Romana. Hasta ese momento, S.IV D.C., los cristianos tenían claro que los romanos habían condenado y crucificado a Jesús. Constantino decidió que había que poner el foco en los judíos para desviarlo de los romanos. Y dió órdenes de que en la nueva Iglesia Romana se condenara a los judíos por la muerte de Jesús.
Y en eso estamos.
Yo, para sacudirme los restos de antisemitismo que nos han sido inoculados desde pequeños, desde hace siglos, he realizado un viaje a Israel, la supuesta cuna del mal, para conocerlo de primera mano y quitarme viejos prejuicios de encima. Y debo decir que la experiencia fue de lo mas gratificante.
Para empezar, no es cierto que todos los judíos sean sionistas. De hecho, la mayoría no lo es, y una buena parte de ellos son ateos. Recuerdo aquel sábado en Haifa donde, a pesar del Sabbat, había mucha gente en las terrazas tomando cerveza y pasándolo bien. Incluso había centros comerciales abiertos. Y esto es así porque Israel es una nación multicultural y multiétnico, que respeta todas las creencias.
Muchos turistas creen que van a encontrar un país donde las mujeres van cubiertas de los pies a la cabeza. Sin embargo no es así. Lo que vimos fue un pueblo completamente europeizado, exactamente igual que nosotros en su forma de vestir y relacionarse. Nada que ver con lo que ocurre en los vecinos países árabes, que aún viven en la Edad Media.
Para ver religiosidad, y cierto fanatismo, hay que ir a Jerusalèn, donde acuden peregrinos de todo el mundo para visitar los lugares sagrados de diferentes religiones: el muro de Las Lamentaciones, la Mezquita de Al-Aqsa, la Via Dolorosa y el Santo Sepulcro de Jesús.
Para los amantes de la Historia es emocionante estar en una ciudad de casi cinco mil años, considerada por algunos, como la urbe mas peligrosa del mundo por la enorme energía acumulada por siglos de conflictos.
Israel es un país pequeño, muy pequeño, rodeado de enemigos mucho mas numerosos, lo que los hace vulnerables. Pero la gente hace su vida sin pensar mucho en ello, confiando en que sus autoridades hagan su trabajo y vele por su seguridad.
En fin, que una cura de antisemitismo se la recomiendo a todos mis lectores para liberarse de viejos prejuicios.
Jaime Rubio es profesor y periodista.


























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