Acabamos de conocer el estudio y diagnóstico de Cáritas sobre “La transmisión intergeneracional de la pobreza: factores, procesos y propuestas para la intervención”. Una conclusión del mismo, es que, en España, el nivel de estudios, la ocupación laboral y la renta, contribuyen a que la pobreza se herede de padres a hijos.
Hay que esperar que con estos diagnósticos, la sociedad y especialmente los distintos agentes sociales que están en la toma de decisiones, se unan y trabajen de forma coordinada para encontrar soluciones que eviten lo que se lee en esta publicación. La pobreza en los hogares sin menores es del 16%; del 28% en los hogares en los que hay menores; asciende al 42% en el caso de familias monoparentales con hijos y al 44% cuando las familias tienen tres o más menores.
Desde la administración pública y los gobiernos, las acciones tienen que estar encaminadas al desarrollo de políticas para erradicar la pobreza y la exclusión social, promoviendo iniciativas de inclusión destinadas a los colectivos más desfavorecidos como mayores, personas con discapacidad, víctimas de Violencia de Género y a menores en desamparo.
Esto es posible hacerlo si somos capaces de trabajar con solidaridad y responsabilidad, rindiendo cuentas de qué se hace y cómo; desde la pluralidad, entendiendo que no todo son números y resultados económicos, sino que es necesario establecer también más lazos sociales y por último, es vital la participación para tener un conocimiento de las situaciones y de los contextos mejor organizado que sirva para encontrar acciones que den resultados.
Hasta ahora, desgraciadamente, los resultados son que después de una época de bonanza económica en que los cimientos como sociedad no se establecieron, los datos son significativos y muestran que hemos fracasado. Por ejemplo, en el año 2000 la población española entre 18 y 24 años que sólo tenía enseñanza secundaria era del 28,8 % mientras que en Europa era del 17,3 %. En el año 2004, los datos eran, respectivamente el 31,1 y 15,7. En la actualidad, los datos no han cambiado mucho.
La OCDE en 2015, en un informe diagnóstico en el que se analizan las carencias y retos de nuestro sistema educativo, destaca el elevado índice de abandono escolar temprano. El 24% de los alumnos deja los estudios antes de finalizar la educación secundaria, cuando el objetivo de la UE para 2020 pasa por reducir los índices de abandono hasta el 15%. No solo tenemos los índices altos de abandono temprano sino que también mantenemos el cuarto porcentaje más elevado, 36%, de personas entre 25 y 34 años con un nivel educativo inferior a la educación secundaria.
Si en este documento de Cáritas, se establece que uno de los problemas de la pobreza en nuestro país es el nivel de estudios, aquí tenemos el primer factor que hay que corregir, un sistema educativo que no funciona, porque tanto en época de bonanza como en crisis, los datos no varían. Y poco más hay que añadir, a ello habrá que ponerse, de una santa vez.
José Miguel Álamo Mendoza es concejal del PP en el Ayuntamiento de Las Palmas de GC y profesor titular de la ULPG.


























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