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Las miserias del turismo

cojeda Miércoles, 24 de Febrero de 2016 Tiempo de lectura:

Mientras el turismo crece a ritmo exponencial, clamorosamente exitoso y los hoteles llenan de turistas las costas de estas islas atlánticas, las camareras de piso, las nuevas esclavas del siglo XXI, deben pincharse voltarén para comenzar la jornada laboral.  

   

Mientras los grandes holding extranjeros y algunos hoteleros se hacen cada vez más ricos a costa de la crisis mundial que llena los hoteles de las islas, las mujeres que limpian las habitaciones para aguantar el dolor, para resistir a las dura jornada que le espera, se inyectan entre ellas y contra el cansancio.  

 

 Mientras el turismo abarrota los hoteles de estas islas abandonadas a costa de las camareras  de piso que lloran su cansancio en silencio, en las mismas playas siguen llegando supervivientes que la mar arrastra y que nosotros recibimos en camiones de basura y enviamos a  celdas  que es donde van a parar los inmigrantes.

 

Mientras al sol de sur, los hoteles brillan bajo las laderas, limpiados por mujeres extenuadas que deben inyectarse para soportar los dolores, los turistas descansan en el paraíso, ausentes de la esclavitud de esta gente.

 

Mientras la pobreza anida en las calles y el pueblo abandona la dignidad acudiendo a comedores de pobres, existe un mundo ajeno, terriblemente ausente que no sabe de ancianos  desahuciados ni de  camareras que deben inyectarse para soportar el dolor y las muchas horas de trabajo.

 

Mientras el mundo resisten a la prueba del exterminio de millares de refugiados,  los hoteles siguen repletos de europeos satisfechos que olvidan por unos días la vida de estas camareras que lloran de rabia y miedo.

 

Mientras al caer la tarde comienzan a cenar los turistas en los hoteles, en la era de la ignominia, una mujer sola,  exhausta, espera a que la guagua la lleve de vuelta a su casa y que acabe otro día más en isla del olvido y del silencio.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

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