En un artículo publicado ayer por Enric González en el periódico El Mundo decía que “El Partido Popular tiene un problema gravísimo con la corrupción. Pero no creo que la corrupción, que ha constituido y en algunos casos constituye aún una característica común en el sistema de partidos forjado a partir de 1976, sea su principal problema. El PP ha ido convirtiéndose en un remedo de Partido Único, un mecanismo de poder que funciona de forma vertical y en el que cualquier amago de disensión, o incluso de reflexión crítica, queda sepultado bajo las ovaciones de corte soviético al Amado Líder”.
Añadiendo que “Los partidos son, por definición, instrumentos sectarios: su función consiste en formular mensajes simples y excluyentes para ordenar y canalizar el rumor cacofónico del 'demos'… El PP, sin embargo, ha llevado a tal grado de perfección su carácter sectario (no en los mensajes electorales, que están para lo que están, sino en sus políticas y en la forma de aplicarlas) que, manteniéndose como principal partido español y ostentando aún el Gobierno, parece incapaz de dialogar con nadie. Subrayo el 'parece'. La imagen del PP se confunde con la imagen de Rajoy, alguien de quien, una vez desbrozados los tópicos y los lugares comunes, no se sabe qué piensa ni qué quiere, salvo permanecer en el poder”.
Pues ese sectarismo es el punto de partida de la imposibilidad que tiene Rajoy y el PP para lograr aliados que le permitan repetir al frente del Gobierno de España.
El PP, con un 28,72% de los votos de las pasadas elecciones generales, obtuvo el 35,14% de los diputados (123 de 350) como consecuencia de la Ley D´Hont. La mayoría para forma un gobierno estable son 176 diputados.
Disponer de más de un tercio del número de diputados obligaba a Rajoy y al PP a intentar formar gobierno pero, después de cuarenta y nueve días, Rajoy no encuentra apoyos suficientes para proponerse como candidato a Presidente del Gobierno. Que sepamos, el PP cuenta con sus 123 diputados, incluyendo al impresentable comisionista Pedro Gómez de la Serna (que permanecerá escondido y aforado en el Congreso), a los que se podrían sumar, casi con total seguridad, los 40 diputados del partido Ciudadanos de Albert Rivera y, muy probablemente, el voto de la derecha nacionalista canaria representada por Ana Oramas, única diputada de CC-PNC. Eso sumaría 164 diputados, faltándoles 12 más para tener una mayoría estable de gobierno.
Ante la reiterada negativa de Rajoy a aceptar el encargo de formar gobierno y presentarse a un pleno de investidura en el Congreso de los Diputados, porque teme sufrir la humillación de un fracaso anunciado que, por otra parte, fue generosamente alimentado por el PP durante los cuatro anteriores de puro sectarismo, de prepotencia, de uso masivo del rodillo de la mayoría absoluta y de aislamiento político del resto de los partidos del arco parlamentario.
Resulta al menos curioso que el PP de Rajoy haya perdido el otrora apoyo de los partidos nacionalistas de derecha vasco (Partido Nacionalista Vasco –PNV-) y catalán (Democracia y Libertad –DL-), nuevas siglas con las que la Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) concurrió a las elecciones generales, porque sumando los diputados de la derecha de este país: PP (123), C’s (40), CC-PNC (1), PNV (6) y DL (8) sumarían 178 diputados, una suficiente mayoría absoluta para gobernar. Muy mal lo ha hecho el PP en los últimos cuatro años para haber perdido el apoyo de los partidos nacionalistas de derecha y paralelamente haber alimentado el conflicto de secesión de Cataluña. Ahora está recogiendo los frutos de tanta soberbia mayoría absoluta.
Pedro Sánchez, “líder” del PSOE, ha cogido el guante de formar Gobierno, porque sabe que es la última oportunidad de su vida, ya que las fuerzas vivas de su partido (los barones) quieren defenestrarle en el próximo Congreso socialista que se celebrará el fin de semana del 21 y 22 de mayo, tras la exigencia de la federación socialista andaluza y de otras territoriales socialistas de no celebrar ese Congreso Federal en el mes de junio, como pretendía Pedro Sánchez.
En el fondo de esta batalla caníbal interna del PSOE está que la presidente de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y otros barones territoriales, quieren hacer el Congreso Federal antes de las elecciones generales, en caso de que se repitan. El objetivo último es reemplazar a Pedro Sánchez como secretario general y como candidato del PSOE en unas futuras elecciones.
Con esta presión del “ahora o nunca”, Pedro Sánchez intenta buscar apoyos para formar Gobierno. Pero además de la presión de los plazos, sus “amigos” los “barones” (secretarios generales territoriales) del partido; parte de los restos arqueológicos del PSOE encabezados por Felipe González, José Luis Corcuera, Joaquín Leguina, José Bono, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Cristina Garmendia, etc., y los represaliados de Pedro Sánchez, como José Miguel Carmona o Tomás Gómez, le ponen todo tipo de obstáculos para que fracase.
Con esos condicionantes, a Pedro Sánchez le tienen prohibido pactar con Podemos. El PSOE sólo obtuvo 341.360 votos más que Podemos y en la última encuesta del CIS Podemos (21,9%) supera ya al PSOE (20,5%) en intención de votos si las elecciones se celebraran ahora.
Ese es el verdadero miedo de la vieja guardia del PSOE, que Podemos le pase por encima, por eso todos sus esfuerzos van a ocultarlo, como han hecho en el Congreso de los Diputados, colocando a Podemos en el “gallinero” y a Ciudadanos, el cuarto partido en votos, en el centro y en primera fila. Pero los ciudadanos no somos tontos para no darnos cuenta de esas malas artimañas.
Ahora Pedro Sánchez, que con la boca pequeña se niega a permitir que Rajoy presida el Gobierno, intenta hacer un pacto con Ciudadanos, que juntos suman 130 diputados (de los 350 del Congreso) y le faltan al menos 46 diputados más para formar un Gobierno estable, con la esperanza de que PP o Podemos se abstengan en el pleno de investidura, porque sí, por su cara bonita. ¿Pero si no se abstienen y votan en contra, que es lo normal, cómo piensa gobernar?.
Si Pedro Sánchez es disciplinado a sus barones y a la vieja guardia, debería hacer una gran coalición con el PP y C’s y gobernar los tres este país, aunque ello suponga más de lo mismo, la misma corrupción y las mismas puertas giratorias, porque si no gobierna ahora, su carrera política tiene ya fecha de caducidad y nunca más tendrá la oportunidad de ser Presidente de este país. El próximo 22 de mayo dejará de ser Secretario General del PSOE.
Si no sucede un milagro, y para milagros ya tenemos a Lourdes o a Fátima, la política de este país está abocada a unas nuevas elecciones generales. Pedro Sánchez y el PSOE dirán que es porque Podemos no les apoya con el voto afirmativo o porque no se abstiene. Podemos no tiene que hacer ninguna de esas dos cosas, porque los ciudadanos no hemos llegado hasta aquí para apoyar directa o indirectamente políticas antisociales como las que se llevarían a cabo con un gobierno PPSOE+C’S o PSOE+C’s.
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.


























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