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Mi estudiante africana

Cojeda1 Lunes, 11 de Enero de 2016 Tiempo de lectura:

Tan mayor y casi he vuelto a ser madre. Sin saber explicar por qué y cómo la vida me ha acercado a una adolescente de no más de 16 años de la que sé tanto de su vida como poco de su cara, de sus rasgos físicos. Son los misterios de las nuevas comunicaciones. Una tarde navegando en las redes llamó mi atención una joven alta, negra, de ojos verdes, delgadita y risueña.

 

Visité su perfil y observé que vive en Dakar y que la ilusión de su vida es trabajar en el Real Madrid. Me llamó tanto la atención, me pareció tan tierna su ilusión, que la saludé e hice bromas con su condición de merengue. Apenas hablaba español así que tuve que explicarle las cosas, enviarle fotos de un dulce de merengue, para que lo asociara.  A  lo largo de tres años de amistad virtual he sabido en qué situación vive ella y sus numerosos hermanos y los mil esfuerzos que hace para estudiar, para superar los exámenes. Cada vez que obtiene buenas notas soy una de las primeras en saberlo. Lo cuenta orgullosa.

 

Le pido que me escriba en español y no tienen ni idea de qué manera se desenvuelve ya. Tiene madre y padre. Hace unos meses le envíe un regalito, nada. Una tontería para su pelo, que le encanta recogérselo en una cola. Raro es el día que no me saluda. Me cuenta qué hace, cómo lo pasa y dónde sale y entra. Curiosos lo afectos desde la lejanía. Al final del curso pasado me contó lo feliz que se sentía por haber sacado el curso. Estudia en Dakar, un centro al que para acudir recorre un gran trecho. Pero ya saben que esa parte del mundo vive en el esfuerzo, venciendo obstáculos.

 

Ese día la noté triste y se lo dije. Me costó saber qué le ocurría hasta que supe que no podía asistir a la fiesta de fin de curso. Sus padres no podían pagar la cena. Como imaginarán la niña acudió a su fiesta escolar; estrenó vestido y me envío fotos mostrando su diploma, rebosante de felicidad, fotos que guardo como un tesoro. Desde hace meses me llama “mi madre española” y nos reímos. Lo cierto es que he descubierto en ella cualidades que cualquier madre quisiera en una hija. Su afán de superación se he colado en mi vida.

 

Me hace feliz saber que está decidida a seguir estudiando. Las dos lo sabemos.

 

Marisol Ayala es periodista. Artículo publicado en su blog.

 

 

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