Domingo Arroyo, el alcalde de la Oliva es todo un símbolo. Un símbolo del país de roña y pandereta que somos. El cacique de este municipio de Fuerteventura, al que entre otras muchas ilegalidades, pillaron intentando sobornar a un concejal con un "un kilito", se niega, tozudamente a abandonar su sillón de mando, pese a la condena de nueve años de inhabilitación que tiene.
El marqués de la Oliva o el marqués de las dunas, como también lo llaman por su poderío, sigue ahí, erre que erre, después de más de 24 años en la alcaldía, acudiendo cada mañana a su sillón de mando como si la sentencia no fuera con él. El marqués, rémora franquista, no es más que un reflejo de lo que algunos entienden por política, cuestión, al parecer de “tener arrestos”, “bemoles” o sacar “los machos”.
El marqués no es un caso aislado sino un símbolo de un estado de mediocres, de viejos barones y varones, apoltronados en su eterno sillón de mando, llámese Mariano Rajoy o Pedro Sánchez o Artur Mas. Ellos siguen ahí, atrincherados en sus puesto y no hay dios que los saqué de él. Ya sea por creerse indispensables o por no querer abandonar la parte de un pastel ya podrido.
Definitivamente, somos el hazmerreír de Europa, el reducto carpetovetónico, donde se gobierna con las partes inferiores y con el mazo dando. Aquí no cambia nada. Puedes desaparecer dos semanas, un mes un año y todo seguirá igual cuando vuelvas: las mismas víctimas por la violencia machista, la misma televisión basura donde unos contertulios casposos se ríen de una política por ser mujer, las mismas discusiones sobre la nada, las misma líneas rojas que nadie salta.
Sin embargo, la realidad tozuda sigue ahí, empeñada en mostrarnos que nada desaparece, por más que el tiempo pase, seguimos con la misma miseria mental, la misma indecencia machista alimentada en cada gesto, en cada ausencia, en cada desprecio de una mujer por el hecho de serlo.
Mientras, los que se empeñan en vender humo, siguen ahí, agarrados como náufragos al sillón de mando, gobernando por medio de la testosterona, por cataplines o por cojones. Lo demás, la ley, la democracia, la justicia se la pasan por las mismas partes con las que gobiernan.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.


























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