Edgar Morin pensador multidisciplinar, doctor Honoris Causa por 24 universidades de todo el mundo y director de investigaciones emérito en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas, de Francia; dice que los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer ni escribir, sino los que no puedan aprender, desaprender y reaprender. Todo ello, referido a que en el mundo que vivimos, estamos sumergidos en la sobreabundancia de informaciones y cada vez es más difícil contextualizarla, organizarla y comprenderla.
Esto, aplicado a la política, ámbito en el que hay que tomar decisiones que la ciudadanía pueda apreciar como adecuadas y que contribuyen a resolver los problemas que les afectan, significa que en momentos de cambios; es muy importante comprender lo que sucede a nuestro alrededor, para tener diagnósticos de los problemas lo más certeros posibles. Seguir suponiendo y teorizando, aprovechándose de que esto no es como las matemáticas, para decir cualquier cosa o lo que nos interesa a cada uno, es engañarse a sí mismo.
Y es que esta laxitud mental en cuanto a principios morales y éticos que vivimos en nuestra sociedad, en todos los sentidos y ámbitos; está desmoronando el sistema y desgraciadamente los problemas que perduran como el de la pobreza, la inseguridad ciudadana, el equilibrio medioambiental, el crecimiento de la población de la tercera edad o la violencia machista; no se van a solucionar mientras no seamos capaces de sentarnos, dialogar intelectualmente sin prejuicios basados en ideas, pensar desde el sentido común y desde principios generales y humanistas, plantear soluciones que no estén ni fragmentadas ni compartimentadas y evitando la “ceguera” como consecuencia de partir de conocimientos parcelados y dispersos como si en este mundo existiese una visión unidimensional de todas las cosas.
Sin duda alguna, un problema fundamental de la sociedad del siglo XXI es el de la pobreza. En nuestro país con más de cuatro millones de personas en paro, la dificultad es máxima y el riesgo de exclusión social está latente para muchos. Se necesita de mucha transparencia por parte de las administraciones públicas, mucha más solidaridad y participación, para que la aplicación de medidas tenga credibilidad y aceptación. Establecer soluciones generalistas, no es posible en problemáticas sociales como la que hemos citado. Seguir hablando en abstracto, cuando la realidad y la evidencia la tenemos delante de nosotros, es continuar en el camino hacia la ineficacia.
Tenemos que aprender, desaprender y reaprender porque a pesar de los avances en todos los ámbitos, también hemos estado empecinados ante los problemas con errores desde la parcelación y la compartimentación. La súper especialización, ha separado y no ha unido para que en problemas sociales que son complejos, distingamos o diferenciemos y conjuguemos todas las partes que contribuyen a las soluciones.
Es imprescindible concretar cuáles son los problemas más graves que tenemos en nuestra sociedad, llegar a un acuerdo para priorizar el esfuerzo de todos en ello, con recursos económicos y humanos, desde la compresión de las realidades. No creo que sea tan complicado en cada ámbito de gobierno de un Ministerio, una Consejería o una Concejalía, concretar y priorizar, porque el sentido común, en la inmensa mayoría de los humanos, todavía sobrevive.
José Miguel Álamo Mendoza es concejal del PP en el Ayuntamiento de Las Palmas de GC y profesor titular de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria,

























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