No existe la menor duda que nos posicionamos en contra de la violencia machista. Sin duda alguna, es una lacra justificadas por culturas ajenas al pensamiento evolucionado del siglo XXI. No solamente en el mundo islámico la mujer sufre, con frecuencia de forma sumisa, las imposiciones basadas en las tradiciones.
No nos imaginamos a ningún dios pendiente del velo, de la quema de viudas ante su fallecido marido en la India, de los cuchillos justicieros del mundo cristiano latinoamericanos, de las ablaciones africanas; de tanta violencia machista ejercida por hombres y mujeres en el mundo actual.
De igual forma, rechazamos a los falsos conversos. Aquellos y aquellas que se aprovechan de la lucha contra la violencia cero a las agresiones machistas para, con alevosía, acusar a su pareja de una supuesta agresión con la finalidad de impedir la custodia compartida en las demandas de divorcio.
Es más, es aberrante que existan letrados que estimulen a sus defendidos y defendidas en la provocación y teatralización de un supuesto acto agresivo para impedir la custodia compartida. Ponernos en el lugar del que sufre una encerrona para tal vil maniobra me incita a escribir estas líneas.
Si realmente se quiere lo mejor para sus hijos, no existe piso hipotecado por el banco que esté por encima de un justo acuerdo, de la custodia compartida. A esos falsos conversos de la violencia cero, de forma metafórica, a la hoguera.
Violencia cero, hipocresía cero.
Felipe Enrique Martín Santiago es profesor e historiador.


























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