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La torre-reloj, que se concibió como mirador, lleva lustros clausurada (Foto Canarias7) La torre-reloj, que se concibió como mirador, lleva lustros clausurada (Foto Canarias7)

Que veinte años no es nada... ¿o sí?

La joya verde de la corona, el parque de San Juan, cumple dos decenios este mes de mayo, pero ya no brilla como antes. Aunque la vegetación está cuidada, pide a gritos una rehabilitación

dojeda Martes, 07 de Mayo de 2019 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Fue un 26 de mayo de 1999. Un miércoles. El Ayuntamiento de Telde inauguraba por todo lo alto, con la asistencia de más de 4.000 personas, la que entonces se consideró la joya verde de la ciudad, un gigante temático de 135.000 metros cuadrados que tardó hacerse dos años y en el que se invirtieron 830 millones de las entonces pesetas.

 

Este mes -tal y como relata el periodista teldense Gaumet Florido en un reportaje que el diario Canarias7 publica este lunes- cumple 20 años, y aunque sigue siendo esa preciada joya, un muy transitado pulmón urbano, ya no brilla con el fulgor de antaño. Aquella máxima que cantaba como nadie Carlos Gardel en su famoso tango Volver, aquella que decía que es un soplo la vida, y que 20 años no es nada, aquí, en este parque, no se cumple. La vegetación está cuidada, pero se nota el paso de los años. El propio concejal de Parques y Jardines, Abraham Santana, admite que al recinto le hace falta una rehabilitación, pero aclara ipso facto que en este mandato no ha sido posible afrontarla porque lo ha impedido el plan de ajuste que limita la capacidad de gasto municipal. 

 

Rajas y pavimento levantado, tramos de losetas sueltas, alumbrado antiguo y deficiente, piezas de cantería retiradas o rotas en el vallado perimetral, instalaciones abandonadas o cerradas y poco adecuado cerramiento de una parte del auditorio. Son solo algunas de las deficiencias que a primera vista se advierten con un simple paseo por el parque. Y eso que, pese al deterioro, todavía conserva el encanto de un espacio que invita al paseo, a la contemplación y al deporte, un jardín botánico urbano que oxigena el casco y es destino de ocio y deportivo de miles de teldenses, entre semana y en festivos. Además, ganó enteros desde que en mayo de 2015 se le dotó de la ansiada cafetería.

 

Explica Santana que es la zona verde de la ciudad que más operarios de Parques y Jardines tiene asignados: cinco. Pero que, según la época o para ejecutar determinadas acciones, puede llegar a sumar hasta diez. Este servicio, que presta FCC para Parques y Jardines, fue uno de los que tuvieron que ser recortados en cumplimiento del plan de ajuste que aprobó el gobierno local del PP, Ciuca y CC en 2012. Y también apunta que, pese al escaso margen del consistorio para afrontar inversiones, el grueso de estas sehan concentrado en el auditorio al aire libre José Vélez. Han sido necesarias para tenerlo en buenas condiciones y facilitar la celebración de los conciertos que ha acogido en los últimos años.

 

Iconos perdidos

Quizás la prueba más evidente de que el parque ha envejecido mal se percibe leyendo las crónicas periodísticas de la inauguración en 1999. Ninguno de los hitos que periodistas y políticos coincidieron en destacar se conservan como eran. Cuando no, han pasado a mejor vida. Sin ir más lejos, uno de los momentos estrella de aquel acto popular, que presidió el alcalde Francisco Santiago, fue el juego de luces, agua y sonido de los 78 chorros que llegaban a los 14 metros de altura y que brotaban de la fuente que en el auditorio separaba el escenario del graderío. Ya no existe. Llevaba años inutilizada y lo que quedaba se quitó en 2017.

 

Pero hace ya más años, bastantes, que el parque no cuenta con el lago que rodeaba al cementerio, ni con el río que lo alimentaba. Las filtraciones de agua eran continuas y hubo que secarlo. Uno de los lados se rellenó en el mandato anterior y se recicló como parque para perros. La torre-reloj, un mirador de hierro de 12.000 kilos, lleva lustros clausurado. También perdió las pérgolas de dos de los paseos, retiradas ante el riesgo de que se cayeran, y muchos de sus animales, como la mona Lulú, se mudaron de casa. La decadencia del parque ha sido progresiva, un reflejo, como en un espejo, del propio declive de Telde en estos feos años de casos judiciales y crisis. Ahora solo cabe que mejore.

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