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El Bufadero de La Garita (Foto TA) El Bufadero de La Garita (Foto TA)

Un paseo con ensoñación en el inicio del verano

TA ofrece una reflexión del colaborador cultural Jesús Ruiz Mesa

direojed Martes, 26 de Junio de 2018 Tiempo de lectura:

JESÚS RUIZ MESA

Hace unos pocos días nos abrió sus puertas el verano con la serenidad y el espíritu festivo de un mes en el que nuestra ciudad y la capitalina de Las Palmas de Gran Canaria, así como otros pueblos y ciudades de nuestra Comunidad, celebran la festividad próxima de San Juan Bautista, el que bautizó en las aguas del Jordán al Mesías, el Jesús de Nazaret, compañero de fatigas y senderos de la fe por andar a través de los tiempos.

 

El jueves 21 de junio de 2018, festividad de San Luis Gonzaga, comenzó nuestro verano, el de estas latitudes archipielágicas, oceánicas, de misteriosas, míticas e interesantes leyendas, e historias de partidas y arribadas por trasmitir a nuestras generaciones futuras.

 

Comienza nuestro particular estío, ya lejos del mayo pasado uno de los más fríos de los últimos años según las estadísticas, verano que nos llega en el mes ecuador del año, con su noche más corta y día más largo, con sus luces y sombras, luces de naturalidad intensa por el sol que nos calienta y nos hace agradable el baño playero cotidiano vacacional o circunstancial, y de sombras para mitigar el flujo térmico gracias a las acumulaciones mañaneras de nubes, o panzas de burro que en nuestros cielos nos es frecuente, y sobre todo, para sentir sobre nuestras pieles bien protegidas de los rayos solares, observaciones y consejos serios que hay que tener muy en cuenta, el suave frescor del alisio que de una forma u otra nos acompaña eternamente.

 

Nuestras costas, el litoral teldense, y las que bordean nuestra redonda geografía isleña, presentarán las clásicas oleadas de visitantes tanto foráneos como locales, es justo y necesario, las merecidas vacaciones estivales no se les debe negar a nadie, pero siempre con la llamada de atención y respeto hacia un entorno marino del que creemos conocer todo, pero de vez en cuando nos repara sorpresas de cambios atmosféricos y climatológicos a los que hay que poner atención, y más en estos tiempos en que los avisos y consecuencias del Cambio Climático nos sorprenden con más asiduidad.

 

Solo nos queda disfrutar en paz de nuestro verano atlántico, al borde de nuestras bellas playas que, gracias, la Naturaleza nos ha brindado esta versatilidad litoral con este regalo después de millones de años de proceso geológico, volcánico, de esculpidos erosivos y depósitos magmáticos escenificando un paisaje realmente espectacular en su biodiversidad que debemos cuidar y respetar por su fragilidad, sin menosprecio de disfrutar cada espacio natural, cada paraje, cada rincón que desde la costa hasta la cumbre, nos acompaña en nuestras estancias a lo largo y ancho de la isla.

 

de las luminosas mañanas y noches de ensoñaciones festivaleras, románticas, bulliciosas, de baños a la luz de la luna, de limpias aguas y rebosantes espumas que besan las arenosas orillas de matices multicolores, de fondos nítidos y rocosos descensos submarinos, de animados veriles y pescadores solitarios, de un aroma a salitre, humedad, tradición y rumbos marineros, sin perder de vista el cercano y lejano cambio mareal por la seguridad propia de la pequeñez de nuestros cuerpos ante la magnitud de esa mar que nos abraza y tan necesaria se nos hace a los insulares.

 

Disfrutemos de esa poesía pura que es el mar, escuchemos sus alegrías y lamentos, sus aguas calmas y sus corrientes, sus agonías y susurros que en momentos de soledad nos acompaña y, sus estertores de mareas en reboso o mares de fondo, contra los rompientes que frenan su furia, para en su derroche de energía regresar a la calma. Y, como el Neptuno de Melenara, ya con brazo y tridente, los que desde este lugar bajo el sol, desplegamos nuestra observación más allá de lo que nuestra imaginación nos lleve en el tiempo, devolver su bronceado gesto y mirada hacia su mítico mundo marino de donde surgió.

 

Sobre las terrazas de Taliarte, Clavellinas, Salinetas, haciendo camino sobre los viales costeros hacia Playa del Hombre, Hoya del Pozo, se nos revelan el lienzo de caprichosas formas lávicas intermareales que nos relatan la historia geológica de la isla.

 

Para otear nuestros perfiles en movimiento, la desconfiada mirada y huidizo regreso a su escondite del endémico lagarto de Gran Canaria (gallotia stehlini), que al camino se nos asoma, acompañándonos por los alrededores de estos espacios, El Bufadero, Corral de las Yeguas, La Garita, el antiguo Puerto Madera, San Borondón, Los Palos, y perdiéndose ya hacia el Bocabarranco Real de Telde, la Restinga y sus yacimientos de nuestros antiguos canarios, para abordar el limite municipal costero del municipio en Bocabarranco Real de Jinámar. Más allá, la Marfea y La Laja con su panorámico mirador a la sombra del Tritón, hacia el norte sin perder de vista el horizonte portuario y los barrios marineros que saludan la entrada capitalina.

 

Hacia el sur bordeando el sureste de este litoral teldense, Barranco de Silva, Aguadulce, la reflexión en paz ante la inmensidad de las formaciones y acantilados que la protegen, viejos restos de hornos de cal dejan ver lo que antaño fuera una tradicional industria. Sobre el promontorio de Tufia la soledad de aquel reducto prehispánico asomado a su bella costa que parece descansar eternamente con su legado poblacional aborigen en esencia, sobre el lomo tendido de un gigantesco cachalote. A la vista, en la superficie alta que bordea el costero, un ocre paisaje de areniscas que han dado lugar a un cúmulo de dunas fosilizadas, que afloran sobre los cantiles y escarpes a cuyos pies de magma revolotean chorlitejos, zarapitos o alguna que otra blanca garceta real, gaviotas pardas o blancas, y palomas posadas sobre las oquedades de los cantiles.

 

Una endémica flora, igualmente bien adaptada a esta salinidad, sequedad y dureza medio ambiental se aferra a su supervivencia, la aulaga, la piña de mar, el chaparro, la uvilla, el salado, el espino de mar, etc. Llegamos al reposo de Ojos de Garza, con la mítica visión y leyenda del Roque y Montaña de Gando, como horizonte y guardián de la serena, apacible y bellísima Bahía, testigo local de numerosos acontecimientos históricos escritos sobre el mar, la tierra y el aire, que han llenado las páginas seculares de su evolución.

 

Un recorrido en jornadas previas a este ansiado verano que ya disfrutamos, y procuremos que lo sea en todos sus conceptos, aunque solo sea para otear el limpio horizonte, el amanecer de un rojo incandescente o la mañana de grises, el azul de celestes tonos reflejados en la lámina de agua en la que nos sumergimos, y, por qué no, tranquilamente sentados, desde cualquiera de estas atalayas o ante una taza de café, un libro, una canción, una buena charla, dejándonos llevar sin más tecnología puntera que el crono, que puede me deje escuchar hasta su latido. Y… ¡qué más se puede pedir!

 

Precauciones siempre ante el calor, el sol, y el respeto a las banderas y consejos de la vigilancia sobre el estado de las mareas y las playas. Para disfrute nuestro y de las generaciones futuras cuidar, asegurar y demandar la vigilancia de lograr mantener unas aguas claras, limpias, luminosas, sobre una costa que hemos heredado para todos, que es de toda la ciudadanía, y como tales ciudadanos que lo somos y mucho del mar, sí, como decía el poeta cuando le faltaba la visión de su mar:

 

El mar es a mi vida/lo que al hambriento el pan;/ para saciar mi espíritu/ tengo que ver el mar./ El mar me da la norma/ y el ansia de vivir;/ su majestad es ciencia/ suprema para mí./ Palabras de los siglos,/ obras de eternidad,/ ¿qué sois ante la inmensa/ sublimidad del mar?/ Partículas del polvo/ que el viento alza al barrer,/ que al sol brillan un punto/ y luego no se ven./ El mar es lo diverso;/ lo eterno está en el mar;/ es múltiple, absoluto,/ y siempre universal". (del poema Preludio, perteneciente al Caracol Encantado, del poeta teldense Saulo Torón 1885-Las Palmas de Gran Canaria, 1974).

 

Disfruten las imágenes ya en estos primeros días de verano teldense y continuemos en la lucha por conservar nuestro medio ambiente, en general nuestra Biodiversidad, el de la mar, el costero, el del campo, medianías, cumbrero, evitemos romper el equilibrio natural y no provoquemos a la frágil naturaleza que nos envuelve. Salvaguardemos para los próximos habitantes de nuestra isla, de nuestras islas, el privilegio de poder disfrutar de unas aguas limpias, sin contaminar, sin plásticos y residuos que los humanos en nuestro paso por este planeta hemos depositado. Aún estamos a tiempo de ir retomando una huella más limpia para beneficio de toda la Humanidad.

 

Feliz verano y sean muy felices. Muchas gracias.

 

Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de Telde.

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