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DESDE DE LA ACERA DE ENFRENTE

La soberbia-arrogancia

TA ofrece una reflexión del exconcejal y sindicalista Gregorio Viera Vega

GREGORIO VIERA VEGA Domingo, 09 de Abril de 2023 Tiempo de lectura:

Aprovecho estos días de descanso, para recapitular sobre el devenir de la política y más concretamente, la de nuestro municipio. La irracional superioridad que algunos dirigentes políticos transmiten tanto en sus cansinas exposiciones, como es sus desmanes, evidencia una vanidad infinita hacia su ego, inversamente proporcional a su estupidez. Esta dirigencia del postureo, de la locuaz verborrea que, como ametralladoras arremeten contra todo aquello que se les escapa a su control, se contradicen entre lo que su cuerpo indica y su palabra expresa.

 

La arrogancia fluye como agua en algunos foros donde dan lecciones de moralidad como si fueran el catecismo de algún credo. Algunos osados soberbios, dañinos para la convivencia pacífica en una sociedad, afortunadamente más plural, que acusan con ese ademán chulesco e indecente emulando a otros tantos que bebe de la fuente de la ignorancia, se aprovecha de la humildad para tejer alrededor de si una capa impenetrable de cinismo, envidia y falta de personalidad. La altivez que exhiben muchas veces aupado por una masa ingente de seguidores y seguidoras de su doctrina, que no deja de ser contradictoria con la humidad y sencillez que muchas de esas personas tienen. La necedad de los soberbios se convierte para ese mismo grupo, en un referente indiscutido y venerado. Se utiliza la ignorancia y la mediocridad como fuente de inspiración para aquellos y aquellas que no aceptan sus errores y le asiste una falta de decencia ética.

 

Decía José Franciscos de San Martín y Matorras, militar y político argentino y uno de sus libertadores como también lo fue de Chile y Perú que: "La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder." Estos pobres infelices, soberbios de miseria manifiesta interpretan los acontecimientos cual videntes, atreviéndose a esparcir a través de las redes, la iluminación divina que les ha otorgado su orgullo o lo que es lo mismo, interpretan el sentimiento ajeno para envenenar lo que no son capaces de controlar.

 

No hay que confundir la soberbia – arrogancia, con una elevada autoestima. Las personas con una elevada autoestima o seguridad tienen una imagen sobre si mismas adecuada y equilibrada. No sienten que están por encima de los otros o que ocupan una posición especial o superior, sino que se sitúan al mismo nivel sin sentirse amenazadas por el estatus de las otras personas. Por el contrario, las personas arrogantes tienen una sobreestimada percepción de su imagen y persona. Todos en alguna ocasión, podemos caen en este tipo de comportamientos sin que sea algo preocupante o patológico. El problema aparece cuando la soberbia se convierte en un hábito o en una tendencia de nuestro funcionamiento personal.

 

En esa tendencia podremos equivocarnos, pero también, la obligación moral de enmendar lo mal hecho, sea consciente o inconscientemente. Subsanar o corregir situaciones que consideramos inapropiadas. Sin embargo, hay quienes tiran por la calle de en medio y lo único que hace es poner el ventilador porque siempre algo queda. Estos mismos, que luego se suben a la ola de la ética y la moral, que no tiene ningún reparo en compartir mesa y mantel, con quienes alborotan, manipulan e intentan con sus mentiras y sus comentarios descontextualizados, volvernos a la irrelevancia como pueblo, como ciudad.

 

Esta ciudad nuestra, la sentimos, la padecemos incluso, pero no tiramos la toalla, nos crecemos ante las adversidades, en este momento nadie, absolutamente nadie puede negarnos el derecho a soñar con esta ciudad, debemos tener el espíritu de compromiso para remar y salir poco a poco a flote, olvidándonos de quienes intentan cada día quemar las únicas naves que tenemos, porque si les dejamos acabarán con lo más valioso que nos identifica y por eso lo reivindico, el orgullo de “ser de la ciudad, de nuestra ciudad.., desde la acera de enfrente.

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