La última vez que hablé con él ya le noté otro tono, más cansado. Casi abatido. Tuve la sensación de que parecía tentado a rendirse, pero no, era solo un espejismo. Porque pese a que casi no podía con su alma, Juan Pedro Pérez pretendía aquel día volver a la carga con uno de esos tantos asuntos pendientes de su playa del alma, Ojos de Garza. Nunca desistió de sus luchas: el realojo del barrio para salvarlo de la piqueta de Costas, la recuperación del camino antiguo a la playa...
Es verdad que entre los 80 y 90 fue un destacado concejal y líder del PSOE en Telde, y protagonista directo, además, del mandato histórico en el que un puzle casi imposible de partidos e ideologías osó romper la hegemonía de Paco Santiago, del 1987 a 1991, pero tengo la sensación de que por lo que será recordado Juan Pedro es por su activismo vecinal y su compromiso social.
Su casa no estaba afectada por el expediente con el que Costas partió al barrio en dos, pero no concebía un caserío a medias, con su mitad sur derribada. Por eso abanderó la propuesta de que el barrio entero se mudara. Y en esa pelea se juntó con otros pueblos de Canarias marcados con el mismo triste destino para hacer piña. Nunca lo consiguió. Fue su gran asignatura pendiente. Pero tampoco nunca desistió. Ni siquiera en sus últimos meses, cuando su salud solo le daba pequeñas treguas. «Juan Pedro, dedícate de una vez a ti mismo, a cuidarte, que no andas muy allá», le decía. «¿Y si no qué hago, mi hijo? Así me entretengo».
No era perfecto. Nadie lo es, pero nadie podrá negarle tampoco que se partió la cara por su pueblo. Ojos de Garza le echará de menos. Y Telde también. Descansa en paz, Juan Pedro.































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