El pueblo de Jinámar tributó anoche un emotivo homenaje póstumo al que fuera su dirigente vecinal durante más de 20 años, Pablo Rodríguez Hernández, con un acto que tuvo lugar en la sede del colectivo vecinal La Concepción y que congregó a unas 120 personas, a pesar de la lluvia.
El homenaje consistió en la quema de una pieza de fuegos artificiales costeada por sus amigos, el descubrimiento de una placa conmemorativa en el pilar que está delante de la fachada principal de la sede vecinal, una disertación sobre la vida del homenajeado a cargo de su hermano Manuel (Lolo) -que TELDEACTUALIDAD ofrece de forma íntegra- y un brindis que se prolongó hasta altas horas de la noche.
Al acto asistieron familiares y amigos de Pablo Rodríguez, fallecido a principios de este año a la edad de 55 años después de una larga enfermedad, así como el concejal del Distrito Jinámar, Servando González.
Homenaje a Pablo Rodríguez Hernández
Por Manuel (Lolo) Rodríguez
Me han encargado una tarea muy difícil y supone un gran aprieto condensar en unos diez minutos la vida de Pablo Rodríguez Hernández; una persona tan querida, tan llena de vivencias, con tantas luchas y que despierta tantas emociones. Además, la dificultad también estriba en que, a Pablo no le gustaban los discursos.
Son muchas la personas que han querido venir, y nos han hecho saber que no pueden estar hoy en este homenaje a Pablo.
Lo hermoso de este homenaje es que lo hacen quienes le han querido, sus familiares y sus amigos; personas que han compartido con él luchas, actividades y afectos; su A.V. Y es importante que se haga en su pueblo, al que tanto amaba y a quien entregó los mejores años de su vida; y en la A.V. La Concepción, a la cual dedicó más de 20 años.
Es un orgullo tener a Pablo como hermano, como vecino, como amigo. Pablo ha sido un referente en este pueblo y para mucha gente.
Pablo ha sido, al igual que cualquier vecino de Este Pueblo, una persona de origen muy humilde, trabajador precoz y que desde muy joven se implicó en movimientos sociales.
En el ámbito familiar, era muy celoso de su intimidad y solo el entorno más próximo sabía del orgullo que sentía por su mujer, Olga, y sus dos hijas (Zuleima y Paula) a quienes quería “con locura” y sobre las que ejercía una protección, solo explicable por el amor que les profesaba. Esa felicidad se colmó con la llegada de su nieto Víctor, a quien esperó para conocerle y disfrutarlo intensamente durante unos pocos meses.
Su afán protector se extendió a su madre y sus hermanos,as, convirtiéndose casi en tutor familiar, supervisando a diario los cuidados de su madre y dando consejos a sus familiares. Se volvió muy sensible, más tolerante, más comprensivo.
Su implicación social fue muy temprana, comprometiéndose en la promoción del deporte escolar en el Colegio José Tejera. Participó en la promoción del balonmano, baloncesto y futbol Sala, deporte este último en el que llegó a dirigir en una misma temporada, a 11 equipos federados de diversas categorías y consiguió importantes logros deportivos con el Club Venancio Jinámar. Realizó una labor social inmensa, con la juventud de Jinámar. Y aunque dicha labor ha sido poco reconocida, a él le compensaba, porque daba sentido a su vida, le dio muchos amigos. Era consciente del trabajo y el bien que hacía con tanta gente joven, y por ello se sentía feliz.
Fue fundador de la Asociación Juvenil Sima Jinámar, del Patronato de Fiestas de La Caña Dulce y presidente de la Asociación de Vecinos “La Concepción”, desde comienzos del milenio, hasta que nos dejó, definitivamente.
El año que llegó a la presidencia de la A.V., en el 2.000, le tocó organizar la lucha por salvar los hogares y los negocios de la Carretera Gral. de Jinámar, de un proyecto especulativo promovido por Santana Cazorla, el Ayuntamiento de Telde y los herederos del Conde. Al final se logró salvar los hogares de la gente, los intereses de los vecinos y vecinas de Jinámar, de ello quedó un tétrico edificio, donde está el supermercado SPAR, como testimonio de la lucha de un pueblo en defensa de sus intereses. Pablo estuvo denunciado durante 13 años el cierre del Pabellón Juan Carlos Hernández y reivindicando la rehabilitación del mismo para que acogiera a la juventud y cumpliera con su función. Su lucha por declarar a esta A.V. de interés social, para librarla de los impuestos que la hipotecan, no ha acabado, pues no ha habido verdadero interés institucional para continuar con el procedimiento de dicha declaración. Pablo era un hombre incómodo para las autoridades, porque tenía dignidad y defendía la dignidad de Este Pueblo, no se doblegaba.
Pablo estaba muy arraigado a Jinámar y la conocía, “como a la palma de su mano”. Defendía su patrimonio como nadie lo ha defendido. Son muchas las personas que, de la mano de Pablo, han ido a conocer la Noria, los yacimientos arqueológicos, los hornos de cal, los estanques, los pozos, las canteras, las galerías, la Sima, los molinos, etc. etc.
Su etapa al frente de esta A.V. se caracterizó por abrir las puertas de la misma a cualquier colectivo, a cualquier vecina, para realizar actividades de lo más diversas. Pablo no sabía decir, no.
Son cientos de personas y decenas de colectivos como: dominó, zanga, bailes, aerobic, costuras, canto, sevillanas, Red de Solidaridad, Patronato de Fiestas, celebraciones, fiestas, excursiones, espacios para puzles, biblioteca, cursos de informática, reinserción social de personas con condenas menores, talleres de cerámica, de cuchillería, carnavales, recogidas de alimentos, ayudas a personas necesitadas, etc. etc. los que se han beneficiado de la A.V. con la presidencia de Pablo. Sería incontable relatar las actividades que él ha promovido, en la A.V.
El cáncer le sorprendió, no le fue diagnosticado a tiempo y supuso una intervención quirúrgica traumática, que no solucionó el problema y que le llevó a otras intervenciones y a terapias agresivas que pusieron a prueba su fortaleza, casi sobre-humana. Sus propios médicos especialistas estuvieron sorprendidos durante más de 10 años, por esa resistencia y la entereza con la que llevaba su patología. Admirable fue su capacidad para sobreponerse al dolor, al sufrimiento de la enfermedad y a las secuelas inherentes a los tratamientos que conlleva.
Pablo amaba la vida y se aferraba ella. Y como su enfermedad le incapacitó para el trabajo, pudo disponer de más tiempo para su vida. Pero como su vida fue su familia y su pueblo, pues les dedicó más tiempo a “su vida”. Saben que no tenía horario, que su entrega era incondicional, que su generosidad no tenía límites, que aquí le podíamos encontrar cualquier día y a cualquier hora, mañana, tarde y noche.
Somos muchas las personas que nos hemos sentidos conmovidos por su fortaleza, su compromiso, su entrega, sus afectos, su generosidad, su altruismo, su humanidad, su …
La lucha que Pablo ha llevado en defensa de este Pueblo, no me es ajena…. Mis principios y mi ideología me tienen vacunado contra la ingratitud de aquellos que han intentado ensuciar su nombre y el de otras personas que han trabajado tanto por el bienestar de este pueblo y no se han doblegado a presiones políticas e intereses foráneos. Los vecinos debemos diferenciar entre los que defienden los intereses del pueblo y los que defienden intereses personales o foráneos, y no debemos tolerar que enfanguen a quienes han entregado tanto, por nuestros derechos, por nuestra dignidad, por nuestro bienestar.
Este homenaje no serviría de nada si nos fuéramos a casa y nos encerráramos sin reflexionar sobre él.
Esto es un acto de rebeldía, para que las autoridades no silencien la memoria de la gente más valiosa de nuestro pueblo, para que no nos domestiquen, para que no olvidemos a la gente más meritoria, que tanto nos han dado.
Este acto será un verdadero homenaje a Pablo, si sirve para tomar conciencia, coger fuerza y ponernos a trabajar como pueblo, por mejores condiciones de vida para nuestra gente. Estoy seguro que es, lo que a Pablo le hubiera gustado.
A un pueblo deben guiarle principios como los que Pablo defendió, servicio al pueblo, lucha, convivencia, tolerancia, dignidad, honestidad….
Un pueblo que olvida a sus luchadores, un pueblo callado, que no hace nada, es un pueblo doblegado, humillado y que está abocado a la miseria.
Un pueblo digno, un pueblo valiente, no admite humillaciones, no olvida a sus luchadores, se une y lucha por su dignidad y la de los suyos.
Me sorprendió la disposición de Pablo, para que su entierro fuera laico y también me sorprendió su decisión de esparcir sus cenizas en la Sima de Jinámar. Dos asuntos que no debo pasar por alto en este homenaje, porque dicen mucho. Y debemos de agradecer tales decisiones porque simbolizan la tolerancia de sus ideas para con los demás y una forma de reivindicar la importancia de la Sima de Jinámar, como lugar donde yacen gente noble y descansan muchos luchadores de nuestro pueblo, que tampoco debemos olvidar.
A Pablo debemos darle las gracias por tantos años de lucha por Jinámar, por su ejemplo de dignidad, por su humildad, por estar siempre dispuesto a plantar cara y no tolerar humillaciones a este pueblo trabajador.
Pablo ya hizo lo que tenía que hacer, los que quedamos si valoramos su labor, debemos continuar teniendo su ejemplo presente.
Este pueblo tiene una deuda de gratitud con vecinos y vecinas, que, como Pablo, han dado tanto sin nada a cambio. Nos sobran nombres de calles de provincias peninsulares, y estoy seguro que nadie va a echarlas de menos, si en vez de llamarse Granada, Oviedo, Bilbao, Sevilla, Salamanca, Jaén, Córdoba, Barcelona, etc. se llamaran Pino Calderín, Juan Tejera, Pablo Rodríguez o cualquier otro nombre de vecina o vecino significativos. Esta tarea le corresponde a la A.V. y no caben excusas, es una deuda de gratitud que tenemos con nuestra gente más valiosa.
Pablo fue siempre una buena persona.
Pablo tiene bien merecido su descanso.
Le acompaña nuestro inmenso agradecimiento, el de su familia, el de sus amigos y amigas, el de su pueblo que le reconoce.
¡Pablo vive! ¡su ejemplo sigue!
Jinámar a 26 de noviembre de 2021.



















































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