El otro día escuché que un profesor propuso a sus alumnos como trabajo de clase en Secundaria identificar si ya hemos entrado en una nueva edad de la historia, cómo se llamaría y dónde se podría situar su inicio. Puestos a especular, hay quien ubicaría su arranque en la caída de la Unión Soviética o en el atentado de las Torres Gemelas, o en la mundialización de Internet. Opciones habría para todos los gustos.
Pero al hilo de ese interesante debate a mí se me ocurre reflexionar sobre si, al menos en España, en esa nueva e hipotética edad, podríamos seguir dividiendo a la sociedad en clases alta, media y baja, como se ha venido haciendo hasta ahora respecto de la época actual. Hace ya tiempo que le vengo dando vueltas a si no sería más correcto estructurar la sociedad española de hoy en día entre, por un lado, los trabajadores del sector público y, por el otro, todos los demás.
El abismo de derechos entre unos y otros empieza a cobrar tintes alarmantes. Valga si no como ejemplo cómo se masifica cualquier convocatoria para acceder a un empleo público, por más baja que pueda ser la categoría laboral que ande en juego, o por más que pasar el examen solo te dé derecho a formar parte de una lista de reserva que solo garantice un trabajo temporal. El otro día se inscribieron casi 12.000 personas para una de esas listas en el Cabildo de Gran Canaria.
La sensación, y la realidad, es que en el sector privado campa un capitalismo salvaje, voraz e injusto que te tira incluso aunque valgas frente a un sector público protector, estable y fiable que te acompañará hasta la jubilación. Los que están al mando deberían cambiar estas cosas. Y no precisamente para restarle derechos al trabajador público.
Gaumet Florido es periodista y redactor de Canarias7.




























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