JESÚS RUIZ
Como resultado de las sensaciones, extraños signos, tanto internos como externos que experimenta mi cuerpo y mi mente, el ir aprendiendo cada día cómo superar el estado de alerta desde su primer día un 14 de marzo, frente al aislamiento, el temor, esperanza, frustración, o la mueca de estupor con forzada sonrisa ante el pie de la cama, antes de iniciar el sueño de la noche, de qué sorpresas nos aguardan el día siguiente...
... Qué noticias nos brindarán los medios de comunicación, con la cruel realidad de los acontecimientos y hechos, los propios trágicos de la pandemia y de las consecuencias económicas, para continuar en la preocupación de las estadísticas, gráficos, curvas, medidas, distancias, partes diarios de la comisión gubernamental de seguimiento o comité técnico del coronavirus, informes públicos sobre sanidad, indicadores, repuntes, test, analíticas, unidades y equipos de protección, precauciones y defensas ante el entorno, espacios públicos y domésticos, para evitar el contagio reciproco, decretos y demás variables, que, por importantes no lo son menos en su obligado seguimiento y cumplimiento, llegando en esta última semana a los planes de desescalada o de transición a la normalidad.
Esta situación de enclaustramiento sanitario, o confinamiento que va más allá de la cuarentena, con su carga de preocupaciones, ansiedades, vacíos existenciales, pesimismos, superación del día a día, llevados de la esperanza, fe y buena suerte, en los encuentros con uno mismo y con los que, componentes del núcleo familiar, ante el impacto emocional diario, me hace reflexionar y, como cada fin de año, las promesas surgen en todos sus conceptos superables y, por mejorar, se jura hasta en arameo, pero esta vez sí que la línea roja a modo de espada de Damocles se ha situado encima de nuestras cabezas.
Se hace necesario encarar el futuro con las ganas de vivir como mejor vacuna, por la redes sociales nos llegan cargadas de reflexiones, meditaciones, consejos, poemas, editoriales, confesiones, lemas, unos propios, otros tomados del pensamiento de quienes han superado a lo largo de sus vidas, pruebas serias ante el temor del destino final, crisis bélicas, hambrunas, depresiones económicas, penalidades, exilios, enfermedades, epidemias, experiencias personales que hemos oído de nuestros antepasados, dibujando un antes y un después que afectará a nuestras formas de vida hasta ahora establecidas, si no lo remedian soluciones médico sanitarias de primer orden llevadas por las investigaciones sobre el estudio del desarrollo del virus y vacunas apropiadas. Así y todo, esta situación mundial nos obligará a replantear otras soluciones que ya figuran en los planes sanitarios y económicos de países afectados, retomando la conciencia social global de la riqueza, reforzar los sistemas de salud y blindarse ante otras posibles situaciones como la actual.
Y cierto, una generación que no nos hemos dado cuenta lo frágiles, vulnerables y limitados que estamos, y frente a este enemigo, ahora, común, global, ha sido necesario que, ante la complacencia y realidad de la crisis pandémica, reaccionemos y, en la intimidad de nuestro confinamiento, en cierto modo, el hogar convertido en prisión menor, con las comodidades que nos permitimos, busquemos en cada espacio lo que cotidianamente hemos visto pero no mirado, hemos tocado, pero no sentido, hemos respirado pero no inhalado, en suma, hemos vivido y no lo suficientemente sentido, y ante lo material se hace más relativo, pero ante las personas, ante los seres queridos, ante los semejantes, ausentes y presentes, nos vemos un poco en soledad ante esta ingrata experiencia, se hace penoso, triste e insoportable. Y en este tránsito la video conferencia nos consuela y acerca.
Es bueno despistar el centro de atención del confinamiento con las diversas actividades mostradas en muchos hogares en los que se descubren alardes de ingenio, humor, arte, incursiones culinarias, lecturas, interpretaciones musicales, y desde la comunidad por el positivismo, la propia alegría de vivir sin afectaciones, asomados en las ventanas de nuestras atalayas urbanas, hasta el resistiré de unos versos dinámicos que se han convertido en un himno común a la resistencia de la lucha contra el maléfico Coronavirus.
Emotivos los aplausos que cada tarde dedicamos a nuestros Ángeles de la Guarda, Samaritanos Equipos Médicos y Enfermería, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Fuerzas Armadas, UME, desde cada Autonomía, Protección Civil, Policía, Cruz Roja, Caritas, Bomberos, Personal de Limpieza, Mercados, Cadenas de Supermercados y colaboraciones institucionales, públicas, privadas, sociedades, servicios religiosos, etc.
Dediquemos el aplauso, reconocimiento y agradecimiento eterno de los que, ante la soledad del enfermo, atienden sirven y ayudan, héroes y heroínas que ante las adversidades y deficiencias han tenido que luchar sin tregua ante enemigos desconocidos, con el consiguiente peligro para sus propias vidas, en la satisfacción y sonrisa escondida tras las mascarillas y equipo protector al despedir a los afectados recuperados y en sobrellevar con esperanzas tras sus gafas, el duro camino del restablecimiento total, alejándoles del escenario hospitalario, del dramatismo frente al recinto sanitario levantado con la máxima urgencia que, con mucha pena y hasta incredulidad de lo que presenciamos, sin frivolizar, nos traen apocalípticas imágenes de cine, de novela, de relato en negro, que hemos aceptado como de ciencia ficción, y desgraciadamente, la realidad actual de esta pandemia del COVID-19, vuela sobre nuestras cabezas para retornar a la consideración de su peligrosidad, y cada mañana nos levantamos esperanzados por ver algo de luz al final de este túnel que, quizás, no estuviera diseñado o proyectado en las carreteras, vías y caminos de nuestras vidas.
Pero, sobre todo, se añora el saludo, el abrazo, el beso, el acercamiento físico para expresar la bienvenida o la despedida. Tuvimos mucho tiempo en que estas manifestaciones y sensaciones emotivas surgían por la propia naturaleza de la respuesta afectiva ante la convivencia humana, tenemos tiempo aún para valorar lo que, de momento, se nos prohíbe, y no sólo la comunicación por las redes y medios sociales o mediáticos, nos consuela el escuchar la voz, la palabra, la imagen, el mensaje natural, artístico, de los mejores deseos, la gratificante forma de decir que, ahí estamos, presentes en la mente y corazón de nuestros semejantes.
El pasado domingo 26, en la espléndida y soleada mañana primaveral de atlántica brisa, se inicia la primera salida del confinamiento para niños y niñas acompañados de sus padres, con las debidas precauciones, en torno a los espacios en que me disponía a saludar esta dominical jornada, mis memorias me llevaron a aquellas escenas infantiles de la mañana de Reyes que cada seis de enero cumplía con el bullicio y alegría del disfrute de los regalos que aquellos magos de leyenda e historia traían de Oriente.
Un cierto paisaje de esperanza lograda, más optimista se extendía bajo nuestras miradas, la calle, la plaza, el parque, la rambla y alrededores, recobraban las voces, el inquieto ir y venir del paseo y disfrute al aire libre de un mundo que se empezaba a añorar, el infantil recuerdo y mensaje de que la vida continua, que el silencio, la ausencia, y la normalidad, poco a poco regresan por sus cauces. Permanezcamos unidos y lo lograremos respetando las normativas que nos conducen a la alerta de que esta pandemia aún no ha desaparecido, el lema, Quédate en Casa, ojalá, pronto sea un vago recuerdo, un consejo trasnochado, y esta vez, más cerca el de, Lo Estamos Consiguiendo, sea para definitivamente conseguirlo.
En el recuerdo de los fallecidos, in memoriam, y el deseo del restablecimiento total de los afectados, seguiremos resistiendo el tiempo que haga falta. Acercándonos a la normalidad, mucha cautela. Regresaremos a nuestros paisajes isleños, cielo, mar, pueblos, cumbres, caminos y tierras de la isla. Cuídense, salud, suerte y por un futuro mejor para la Humanidad, lucharemos. En el abrazo y saludo personal más cercano, Resistiremos. Muchas gracias.
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.


























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