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Domingo, 01 de Marzo de 2026

Actualizada Domingo, 01 de Marzo de 2026 a las 13:12:42 horas

Pascual Rovira, en la finca de Adebo (Foto Web RTVC) Pascual Rovira, en la finca de Adebo (Foto Web RTVC)

Una donación millonaria nacida en Telde mantiene vivo un proyecto con burros en Córdoba

Pascual Rovira, que acaba de superar al coronavirus, asegura que sin el testamento de Concepción Valencia “ya estaríamos cerrados”

direojed Sábado, 02 de Mayo de 2020 Tiempo de lectura:

ANTONIO JOSÉ FERNÁNDEZ/RTVC

La noticia saltó hace unos años y dio la vuelta a todo el país: la jefa del Centro de Control de Tránsito Aéreo del Aeropuerto de Gran Canaria fallecía a los 60 años y dejaba, al no tener descendencia directa, todo su patrimonio a tres proyectos de la Península relacionados con los animales: una protectora de Madrid, una iniciativa para recuperar al lince ibérico en Doñana y, lo más pintoresco, una asociación cordobesa dedicada a la preservación de burros andaluces.

La noticia hubiese pasado desapercibida si no fuera porque el legado de Concepción Valencia -así se llamaba la benefactora- superaba ampliamente los tres millones de euros. Una cantidad a la que habría que añadir el dinero resultante de la venta de varios inmuebles. Se llegó a especular con un importe total superior a los nueve millones.

Estos días se cumplen 12 años del óbito de esta vecina de Telde que, aunque nacida en Tetuán, había vivido 34 de sus 60 años en Gran Canaria. Los últimos 13, ejerciendo como jefa de los controladores del aeródromo de Gando. Estos días llegan noticias que la traen de nuevo al presente porque Pascual Rovira, el principal impulsor de Adebo, la Asociación de Defensa del Borrico en Rute (Córdoba), ha logrado superar el coronavirus y vuelve a estar al frente de un proyecto singular por el que se han interesado desde la Familia Real española hasta grandes escritores y personajes públicos de nuestro país (Antonio Gala, Jesús Quintero, Carlos Herrera, Camilo José Cela...)

A pesar del interés de todos ellos, Rovira reconoce que si mantiene su labor de preservación de la especie es gracias al dinero que le llegó desde Canarias, merced al inesperado altruismo de Concha. “Sin él, sin ella, ya tendríamos que haber cerrado”, confiesa sin titubeos.

Habla Rovira para este medio desde la paz y la felicidad que le confiere el haber superado el Covid-19. “Por mi diabetes, lo he pasado verdaderamente en mal durante 26 días, tiempo en el que he estado aislado. Afortunadamente, he salido para adelante y gracias a mis hijos no les ha faltado de nada a los burros”. Un centenar largo de cuadrúpedos diseminados por una finca emplazada en una reserva natural cordobesa. Uno de estos animales, de gris pelaje, lleva el nombre de Concha en honor a la benefactora isleña. Curiosamente, es hija de una burra apadrinada por Camilo José Cela.

Testamento en tres trozos
El testamento de la vecina canaria fue bastante elaborado. Distribuyó el dinero en tres partes iguales, fijó la designación de varios albaceas y una serie de condiciones entre las que se encontraban el disfrute limitado de los fondos por importe y plazo (no más del 5% del total durante una serie de años determinados) y la obligación de mantener el panteón donde ella sería enterrada, en el cementerio de La Almudena, en perfectas condiciones. Los tres beneficiarios de su última voluntad aceptaron el mismo y gracias a los fondos -incrementados posteriormente al fallecimiento de Concha con la venta de pisos en La Garita, Estepona (Málaga) y Madrid y el cobro de tres pólizas de seguros- a día de hoy, y después de mucha burocracia, continúan con su labor.

En el caso concreto de Pascual Rovira, el dinero le vino como caído del cielo. En los últimos años, este exvendedor de lencería -que se define como “asnólogo” y ha acaparado páginas de periódicos y minutos en radios y televisiones- estaba pasando serios apuros económicos para sostener a Adebo. Con el testamento canario, su panorama cambió y hoy puede presumir de mantener un centenar de ejemplares de la raza cordobesa andaluza “mientras en otros lugares del planeta van desapareciendo los burros”.

Aún así, su espíritu optimista siempre lo activa y levanta. No tiene problemas en acceder a las peticiones de este medio y fotografiarse con Concha - “ha tenido ya tres crías y es feliz con otras 40 compañeras”, musita- y apunta que “poder estar ahora en medio de la naturaleza es lo mejor tras el mal rato que he pasado”.

Además, coincidiendo con la reciente celebración del Día del Libro, insiste en que todos tenemos que “volver a la Literatura y a Juan Ramón Jiménez para observar todo lo que nos dan estos animales: desde su compañía y cariño hasta los beneficios de la equinoterapia”, detalla.

“La herencia canaria nos salvó porque otras instituciones nos bloquearon las subvenciones, y yo nunca he sido de salir en los medios para pedir dinero, si acaso para difundir el trabajo que hacemos y ya está. Por ahora”, aventura, “creo que nos quedan fondos para seguir trabajando otros cuatro años”. Aparentemente, la supervivencia de la raza está más que asegurada. “Tenemos un alto índice de natalidad. Yo siempre digo en broma que el partido que aquí domina, en estas tierras, es el 'partido copular'. Nos gustaría seguir en esta línea y sostener la iniciativa desde el punto de vista animalístico”.
 

Visión del coronavirus
Cuestionado sobre el Covid-19, Rovira recuerda que hace unas décadas en Andalucía sufrieron una gripe equina, la influenza, “con la que, si se te metía en las cuadras, terminabas buscando más al funerario que al veterinario. Afortunadamente, ahora parece que a los animales no les está dando este virus. Al menos nosotros no hemos tenido ninguna baja”, concreta no sin dejar de puntualizar el dolor que le causa ver cómo llegan a Córdoba féretros procedentes de Madrid para ser incinerados y que “es evidente que, en los tiempos que corren, tenemos que salir a ayudar todo lo que se pueda a las personas, sin olvidar a los animales”.

En su entorno, la naturaleza también ha dado un giro radical en su aspecto en las últimas semanas. “Se nota mucho la falta de movimiento humano por el prado y el fin de ese 'aventurismo tipo Rambo' que invade nuestra tranquilidad. Nunca había visto tantas flores ni fauna como ahora. Las ardillas corren de un lado para otro como si nada. Es algo espectacular”, resume.

Con ese nuevo panorama, el alma mater de Adebo, al que nadie le ha pedido un burro para dar un garbeo y saltarse el confinamiento, pretende seguir adelante con su sueño. Es el mismo que pudieron comprobar in situ algunos de los albaceas canarios de Conchi Valencia, que años atrás visitaron las instalaciones para ver dónde y cómo había acabado la última voluntad de su amiga y siempre han pedido conservar su anonimato. De alguna manera, Concha sigue viva con todo esto, por mucho que coronavirus que se plante por el camino.

 


Fuente: Texto de Antonio José Fernández/RTVC.

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