RONALD RAMÍREZ
La buena intención del Gobierno se estampó con la realidad de nuestra sociedad. O eso es al menos lo que traslucen las imágenes y vídeos que se hicieron virales el domingo. Familias al completo inundando las calles sin respetar la distancia de seguridad ni el número de adultos por niño.
El Estado, atendiendo a la maravillosa mejoría en el número de contagios y fallecidos, continuó con su lógica hoja de ruta permitiendo a la población infantil disfrutar una hora al aire libre tras más de 40 días de encierro. Era lo justo, pero el bienintencionado detalle que se terminó volviendo en contra estuvo en querer iniciar esta relajación del confinamiento un domingo para que ningún niño se tuviera que quedar con las ganas por culpa del teletrabajo de sus padres.
Festivo y primer día de cierta libertad, un cóctel de difícil digestión. Pero repito, según lo que hemos visto en redes sociales, tan prolíficas al morbo y la escandalización. Lo que yo aprecié en mi barrio de Telde y lo emitido en las noticias sí se corresponde al civismo que toca durante este estado de alarma, y lleva a la conclusión de que los inconscientes, como casi siempre, son minoría.
Los que incumplieron el permiso a los niños fueron minoría. No nos llenemos de malas vibraciones ahora que la libertad está cerca
Por mi parte, seguiré abogando por no contribuir a la difusión de tales actos. Al menos no de manera desmedida. Porque si también compartiésemos instantáneas de familias modélicas respetando las normas, tendría un pase. Sin embargo, ese cansino afán de solo incidir en lo malo, de quedarse únicamente con la parte negativa y convertirla en la realidad predominante cuando, ni mucho menos, es así, lo único que consigue es generar odio y frustración en el resto de la ciudadanía.
Y no es momento, en tiempos en los que la fortaleza mental es más imprescindible que nunca, llenarse de unas malas vibraciones que puedan llevar a la tentación de tirar la toalla. Lo más difícil está hecho y los datos evidencian que hemos estado de cine y que este es el camino a seguir. Nuestros pequeños ya están en la calle, y en menos de una semana el resto podremos pasear y hacer deporte.
Es verdad que muchos, entre los que me incluyo, soñaban con que ya hoy podríamos estar haciendo footing y que nuestros mayores tendrían un respiro por las mañanas. Torres lo intentó y no lo logró, pero solo de momento. Es cuestión de tiempo, la libertad está cerca y por fin se ve luz al final del túnel.
Ronald Ramírez es periodista y redactor de Canarias7 en Telde.

























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