JESÚS RUIZ
Al borde de la real cuarentena cumplida, de un sàbado más del expectante almanaque, 18 de abril, de esta primavera de sanitarios hitos inesperados, de amenazadora pandemia que atemoriza la vida...
Desde el mirador de mi confinamiento obligado, de calma tensa sin máquinas voladoras ni terrestres que rompan el silencio de la tarde, sin huellas de pasos perdidos sobre el asfalto...
Los cielos que ante mí se dibujan en su naturaleza cambiante, discurren en bellos marcos sobre la isla y el tiempo que aún nos queda en reclusión con la esperanza de regresar a lo que, en el antes cotidiano y por instinto era una realidad, vivir.
El crono lento transcurre, de la noticia impactante me aparto, y desde mi atalaya observo los etéreos caminos y el entorno urbano y pienso en los ausentes, deseando que este trance se disipe como nubes que pasan dejando lluvias que, sus gotas, pronto sean memoria y esperanza de mejores tiempos para todos.










































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