TELDEACTUALIDAD
Telde.- Alejandro Ramos, exconcejal teldense y actual director general de Trabajo, desempolvó sus recuerdos de la“infancia feliz” que pasó en el barrio de El Caracol. Lo hizo esta noche durante el pregón de las fiestas en honor de San Ramón Nonato y la Virgen de la Merced, en el que emplazó a los vecinos a permanecer unidos y reclamar las dotaciones que el barrio necesita
El también secretario general de la Agrupación Socialista Juan Negrín de esta ciudad, tras tener palabras de agradecimiento para los equipos que han participado activamente en las labores de extinción del último incendio de la cumbre grancanaria, evocó la infancia que vivió en El Caracol, lugar de nacimiento de su padres y tíos, forjándose, dijo, una “amistad que a día de hoy perdura”.
El pregonero recordó el origen de autoconstrucción de la mayoría de las viviendas de este núcleo poblacional situado al sur del centro urbano. “En esa época las casas se construían de arena de playa y barrancos; con sus carruchos llevaban piedras, no existían ni bombo ni cubas, todo a mano”.
“Era una época dura, pero los niños y niñas vivían una infancia feliz. Jugaban al fútbol con un balón de cuero que nunca rompía, cogían pájaros, lagartos o jugaban con camiones de latas de aceite improvisadas, pero también estudiaban a pesar de que no existían colegios en nuestro barrio. El almacén de empaquetado se transformaba de lugar de trabajo de día a clases nocturnas por la noche, pero también lugar de celebración de comuniones que lo cedía Manuel Mayor para todo uso público. También cogían fruta prestada de las fincas”, rememoró Ramos.
En su recorrido por la historia reciente de El Caracol, el pregonero no quiso pasar por alto una mención especial a la maestra Susana, “que se convirtió en una persona vital en el barrio que con su paciencia, conocimientos y cariño, logró evitar la analfabetización de muchos niños”. También se refirió a las “perrerías” de la pandilla de amigos con los que compartió muchos momentos divertidos en este enclave teldense.
Finalizando destacando “la buena gente que vive aquí, sus valores, su compromiso”, a la que animó “a unirse, a que no exista divisiones porque este debe ser un único barrio”, a la vez que felicitaba “a los que han hecho posible estas fiestas, a las casas comerciales que han ayudado, a los chiringuitos que apoyan, a los artistas invitados y contratados”, a lo que añadió, a modo de epílogo, una petición dirigida a las distintas administraciones para que doten a El Caracol de los equipamientos “acordes a su población y a su abandono”.
















































































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