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Carmelo Suárez (Foto TA) Carmelo Suárez (Foto TA)

29 años con un corazón prestado

Carmelo Suárez, de Las Huesas, volvió a nacer un 27 de mayo de 1990 tras un trasplante. Su familia pone su caso como ejemplo de hasta qué punto una donación ayuda a vivir a otra persona

direojed Domingo, 02 de Junio de 2019 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Carmelo Suárez, de Las Huesas, volvió a nacer un 27 de mayo de 1990 tras un trasplante. Su familia pone su caso como ejemplo de hasta qué punto una donación ayuda a vivir a otra persona.

 

Tiene 69 años. Así reza en su carné de identidad. Pero esa es su edad biológica. Carmelo Suárez, de Las Huesas, celebra siempre un segundo cumpleaños desde hace 29.

 

En 1990 la familia de una joven santanderina de 18 años le cedió su corazón en un trasplante que le salvó la vida. Los médicos ya le habían desahuciado. Sufría una miocardiopatía irreversible. Le daban días. Pero, gracias a la generosidad de un donante, Carmelo lleva 29 años de prórroga, 29 años con un corazón prestado. Y ahí sigue, aunque ahora ande algo pachucho.

 

Esta semana le tocó celebrarlo. Fue un 27 de mayo de 1990. Y su mujer y sus hijos le llevaron una tarta a casa. Pero su familia no quiere que este nuevo y feliz aniversario se quede en una simple fiesta. Entiende que también puede contribuir a demostrar hasta qué punto merece la pena donar un órgano, cuánto y de qué manera puede mejorar la vida de otra persona.

 

Su hermana Pino, exconcejal con el PP en Telde y activista vecinal, no solo anima a que las familias afronten con valentía y generosidad ese gesto, sino también quiere lanzar un mensaje de esperanza a los que pasan por un trance de salud y les dan un tiempo corto de vida.

 

«El caso de mi hermano demuestra que nunca se puede perder la esperanza. Le daban por perdido hace 29 años y aquí sigue, y no sin haber pasado por muchos problemas, pero siempre ha luchado», apunta con orgullo. Pino insiste en que destaque que para ella Carmelo es «un superviviente de la vida».

 

Según contó él mismo a este periódico en 1993, su lucha empezó en mayo de 1985, cuando sufrió su primer infarto. Desde entonces no paró de entrar y salir de los hospitales por las sucesivas recaídas. Hasta que en enero de 1990 le intervinieron y le pusieron un marcapasos. Pero tampoco era la solución que necesitaba Carmelo. Su corazón ya estaba muy débil y apenas un mes después volvió a ingresar. Fue en El Sabinal. Allí lo tuvieron hasta el 17 de mayo de aquel año, en que fue trasladado a Córdoba, al hospital Reina Sofía. Estaba claro. A Carmelo solo lo podía salvar un trasplante.

 

De mes y medio a 29 años

Eso sí, se lo pusieron negro sobre blanco. Tenía los días contados. Si en un mes y medio no encontraba ningún donante de corazón, acabaría muriendo. Pero la lotería de la vida, como él mismo la llamó, le regaló su mejor premio. Estaba tan grave que era el primero de la lista de espera en España y apareció el donante. Un maestro albañil de Valladolid que había sufrido un accidente mortal en una obra. Sin embargo, no estaba para él. A los cuatro días lo rechazó. Pero como Carmelo estaba abrazado a la vida y el fin de su camino aún no estaba escrito, a los pocos días le llegó otro corazón, el segundo y definitivo, que es el que le ha permitido ver crecer a sus hijos.

 

El primer canario que recibió un trasplante de corazón»

Pino Suárez asegura que su hermano «fue el primer canario que recibió un trasplante de corazón ». No en vano, su llegada al aeropuerto de Gran Canaria procedente de Córdoba, ya recuperado, se convirtió en todo un acontecimiento social y mediático. Fue recibido por familiares, con su mujer, Pino Herrera, y sus tres hijos a la cabeza, pero también por vecinos y periodistas. Y es que Carmelo Suárez González era una persona conocida. Regentaba un local, el bar Nely, en Casas Nuevas, barrio al que se fue a vivir tras casarse. Y su nuevo corazón le permitió seguir con el negocio, llevar, hasta cierto punto, una vida normal. Así lo hizo durante unos años, hasta que por salud tuvo que dejarlo.


Fue entonces cuando se vinculó al fútbol y llegó incluso a dirigir clubes. Está considerado uno de los impulsores del deporte femenino en Telde. Estuvo en los del Jinámar y el Playa del Hombre. Ahora ya está desligado del mundo del deporte y vive en El Burrero, centrado en su familia y en su salud. Lleva tiempo yendo a diálisis. Su lucha por la vida no cesa.

 

Fuente: Texto de Gaumet Florido/C7.


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