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María Jesús de las Colinas posa ante la puerta de la casa cueva en la que vive, en el barrio de Caserones (Foto Esteban Campillo/C7) María Jesús de las Colinas posa ante la puerta de la casa cueva en la que vive, en el barrio de Caserones (Foto Esteban Campillo/C7)

"No veo salidas. No puedo más"

María Jesús de las Colinas, de 39 años, vive enferma en una casa cueva de Caserones desde hace siete meses

direojed Martes, 14 de Agosto de 2018 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Enferma y sin recibir subsidios, con 39 años, habita una casa cueva de Caserones desde hace siete meses y subsiste con la comida que recibe gracias a una asistenta de Servicios Sociales. Ha tirado la toalla en varias ocasiones pero sigue aguantando, aunque asegura que no ve salidas.

 

Se le cae la cueva encima, literalmente. De los techos y las paredes se desprenden con frecuencia piedras y tierra. Carece de agua y de luz. Sobrevive a base de garrafas y de velas, junto a su pareja y rodeada de moscas, mosquitos y pulgas, según se detalla en un reportaje de Blanca Esther Oliver publicado en Canarias7.

 

Con sólo 39 años, está enferma de cáncer y padece artrosis, y está pendiente de que un tribunal médico le reconozca la minusvalía.

 

No puede trabajar y su pareja, que es peón de la construcción, dejó de percibir en julio el subsidio por desempleo. «Este mes ha cobrado 200 euros y hasta ahora recibía poco más de 400. Con eso nos daba para las garrafas y para malcomer. Hemos estado durante mucho tiempo a base de arroz y espaguetis, un día, y al siguiente, de espaguetis y arroz».

 

Así hasta hace muy poco, cuando empezaron a recibir comida gracias a las gestiones de una asistenta social del Ayuntamiento. «Nos la dan en las ramblas de Jinámar y, por fin, podemos echarnos algo a la boca».

 

Esa comida la hace ella en la cocina de gas que le dio una conocida y del lavado a mano de la ropa se encarga él. «Yo le ayudo a tender, porque no puedo hacer más».

 

Lo único que tiene realmente suyo es el canapé y el colchón en los que durmió durante los tres años que vivió cuidando a su madre, en uno de los bloques de pisos del Valle de Jinámar.

 

«Ella murió en mis brazos hace nueve meses. Su casa se vendió y ya no tuve un lugar en donde quedarme. Aquí llevo siete meses malviviendo. Algunos vecinos me dieron muebles, pero ni siquiera tengo cuarto de baño. Hago mis necesidades en bolsas que tiro a la basura».

 

María Jesús de las Colinas Cáceres ha intentado quitarse la vida en varias ocasiones.

 

Hija, esposa y madre

A los nueve años empezó a trabajar, «para ayudar a mi madre». Estuvo en una panadería, de friegaplatos en un centro de pensionistas, en los tomateros, y como camarera, primero de pisos y después en un local.

 

Fue esposa y es madre de cinco hijos, cuatro varones y una niña, que viven con su exmarido. «El mayor tiene 25 años y la menor, 10 . Hablo con ellos por teléfono, pero no quiero que sepan cómo vivo ni lo mal que lo estoy pasando, para evitar que sufran. Sólo deseo tener un sitio digno donde vivir y poder verles, porque aquí no les puedo traer».

 

Antes de cuidar a su madre, vivió durante nueve meses en Italia. Una etapa que quiere olvidar. «Conocí a un chico por Internet y decidí viajar hasta allí para estar con él, pero tuve que volver porque las palizas eran casi diarias. Al final, regresé para vivir con mi madre y la cuidé hasta su muerte».

 

María Jesús tiene 10 hermanos pero, por cuestiones de la vida, no mantiene buena relación con ninguno de ellos. «Saben cómo estoy y nunca me han traído ni un bocadillo. Yo no tengo nada, pero ahora tampoco quiero lo que me den. He tenido depresiones y anemia por todo esto y no quiero más problemas con ellos. Ya no quiero saber nada».

 

La venta de la casa de su madre le reportará 4.000 euros que le darán oxígeno, pero aún no los ha cobrado, por cuestiones de papeleo. Y mientras ese dinero llega, María Jesús continúa llamando a todas las puertas en las que pueden proporcionarle ayuda para subsistir.

 

«Mi último trabajo fue limpiando una casa, pero no estaba asegurada, así que no he cobrado paro. No me adelantan la Prestación Canaria de Inserción (PCI) ni llegan las ayudas de emergencia social... No veo salidas. No puedo más».


Fuente: Texto de Blanca Esther Oliver/C7

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