GAUMET FLORIDO
Andan enfrascados en una poleÌmica en Santa Cruz de Tenerife a cuenta de la indisimulada tibieza del gobierno local con todo lo que en sus calles queda auÌn de exaltacioÌn a la mayor gloria de Franco, la Guerra Civil y la Dictadura.
El abogado Eduardo Ranz les ha llevado a los tribunales de justicia por incumplir la Ley de Memoria HistoÌrica al mantener simbologiÌa franquista con el conjunto escultoÌrico del Monumento a la Victoria, de Juan de AÌvalos, que se inauguroÌ en 1966 y que se halla en un lugar muy destacado de la ciudad, en la confluencia de la Rambla de Santa Cruz con la Avenida Francisco La Roche.
Y se quejaba con razoÌn Ranz, seguÌn recogiÌa en una informacioÌn eldiario.es, de que el estudio encargado por el Ayuntamiento para defender el valor artiÌstico de la obra es «papel mojado» en la medida en que ese dictamen obvia por queÌ fue erigido y a queÌ representa ese conjunto. Es evidente que ese olvido huele a rancio y que es doblemente inadmisible porque si alguna razoÌn justifica que siga en pie es justo la de ayudar a mantener viva la memoria del rechazo al reÌgimen al que honra.
Sobra decir que comparto el rechazo de Ranz a todo lo que esa escultura enaltece, a la pesada carga de odios, muerte, represioÌn y vileza que bendijo esa construccioÌn artiÌstica. Pero, dicho esto, confieso que me cuesta comulgar con esa apuesta hoy tan extendida de destruir todo lo que de malo nos ha dejado la historia. El pasado, el que nos enorgullece y el que no, deja huellas, y la piqueta, cuando tira, no borra la historia. Es maÌs, puede que ese afaÌn por tirar o eliminar solo contribuya a difuminar la necesaria memoria histoÌrica que ha de tener la colectividad. ¿Para queÌ? Para no olvidar, o para no repetir.
Por eso, en lugar de destruirlo, ¿no seriÌa mejor trasladarla a un museo donde se recuerde su simbologiÌa o el contexto en el que se erigioÌ? Y de no poderse, dada la voluminosidad del conjunto, ¿por queÌ no dotarla de un centro de interpretacioÌn que la explique? Palacios, esculturas y pinturas de medio mundo enaltecen a saÌtrapas con corona. ¿Acaso tiene sentido quemarlas, o destruirlas? La historia es pasado y el pasado no puede eliminarse. Es maÌs, debe estar muy presente cuando de lo que se trata es de mejorarlo.































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