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Domingo, 05 de Abril de 2026

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Antonio Santana, en una imagen de archivo (Foto TA) Antonio Santana, en una imagen de archivo (Foto TA)

'El Virula' deja su cafetín tras 25 años de negocio

El pequeño establecimiento emplazado en San Antonio ha contado con una clientela habitual de toda la isla por sus ricos montaditos de carne y tapas variadas

direojed Miércoles, 27 de Diciembre de 2017 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Antonio Santana Santana, conocido por sus amigos y conocidos como El Virula, deja el próximo viernes el pequeño cafetín que durante 25 años ha sido seña de identidad de la gastronomía popular en la calle de Alcalde de Móstoles del núcleo poblacional teldense de San Antonio.

 

Los montaditos de vuelta de carne de cerdo y las tapas de conejo, calamares, chocos, garbanzada, ropa vieja y callos, entre otros platos, han sido durante años el principal atractivo de este recoleto y pintoresco negocio que abre únicamente dos horas y media al día,  de 20.00 a 22.30 horas, de lunes a viernes, y que ha contado siempre con una clientela habitual de toda la isla.

 

Junto al Cafetín Virula actual, pero en la esquina con la calle de Enrique Granados, estaba el Bar Kiko desde 1948. Kiko regentó este bar hasta 1991, año en el que Antonio Santana se lo arrendó durante un período de 5 años, momento en el que se trasladó a la actual ubicación y que denominó Cafetín Virula.

 

En un principio, Santana cogió el bar como hobby, como algo extra aparte de su trabajo habitual y principalmente para fines de semana, pero durante muchos años el cafetín se convirtió en su única ocupación. Lo ha regentado siempre junto a su mujer María Inmaculada Hernández Santana, que se ha ocupado de preparar las sabrosas comidas.

 

El cafetín es un recoleto negocio de pequeñas dimensiones, con una barra en forma de U y con 47 relojes colgados de la pared, que figura en la Carta Etnográfica de la Fedac

El establecimiento es de reducidas dimensiones (4 x 5 metros). Posee una barra que se cierra sobre sí misma, con una forma parecida a una U, detrás de la cual está la cocina. Figura en la Carta Etnográfica de Gran Canaria, elaborada por la Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria (Fedac).

 

Destaca la decoración de relojes de pared. En el bar cuelgan 47 relojes, de los que la mitad suenan cada 15 minutos. En la planta alta del cafetín tiene una especie de lugar de ocio para amigos y familiares. Allí guarda botellas antiguas principalmente de ron, entre las que se halla un brandy Terry de 50 años de antigüedad.

 

Coleccionista de objetos antiguos

Esta decoración del bar viene porque a Santana de siempre le ha gustado coleccionar cosas antiguas. En un local de la extinta Gerencia del Valle de Jinámar guarda y repara todo tipo de objetos, entre los cuales destacan un cubo escurridor de fregona, una prensadora de periódicos (una vez prensado el bulto resultante se utilizaba como combustible para las estufas) y una máquina para liar cigarros que pertenecieron al Conde de la Vega Grande, una máquina de coser marca Singer” que perteneció a su abuela.

 

Con todos los objetos antiguos que posee ha llegado a montar exposiciones en el Día de Canarias celebradas en la Casa de la Condesa (Valle de Jinámar).

 

Santana no pierde la esperanza de que todos estos bienes etnográficos que ha ido recopilando durante años se expongan algún día en un museo abierto al público en Telde.

 

Antigua bodega de vino

El local donde se ubica el cafetín, ahora propiedad de Santana, fue desde 1956 una bodega de vino regentada por Angelio Domínguez, que traía los vinos de fuera de la isla y también del país, de zonas como Marzagán, Los Hoyos, etcétera.

 

Historia del apodo

El apodo de Virula le viene de sus tatarabuelos, naturales de El Ejido de Telde, y es producto del uso que estos familiares hicieron en su momento de la viruta, la cual traían de Las Palmas para usarla en el empaquetado de tomates. De viruta derivó hasta quedarse en virula.

 

Su familia siempre estuvo dedicada a la agricultura. De pequeño el mismo estuvo metido en ese mundo, pero ya de los 16 a los 22 años se pasó a la construcción, llegando a ser encargado de obra.

 

Respecto al futuro del negocio, Santana no oculta su deseo de que pueda seguir funcionando más allá del próximo viernes cuando él abandone la actividad. Asegura que ya tiene un “par de novios” y que con toda seguridad se mantendrá incluso con respeto a su actual denominación.

 

 

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