MENSA SANTANA
¡Hola Mamá!: Me apetece decirte muchas cosas, como si estuvieras a mi lado, pero como suele ocurrir en estos casos, nunca se comenta todo lo que se quiere; aunque en el fondo yo sé que algunas de ellas ya las conoces, nunca está de más repetírtelas y recordártelas. Lo primero de todo es que espero de corazón que la travesía que vaya de esta dimensión donde hasta hace muy poquito se encontraba tu cuerpo, hasta donde esté eternamente tu alma, se te haga leve y serena, como tú te mereces y como lo fue la hora de tu marcha de este mundo; sería para nosotros, tus hijos y resto de descendencia un gran alivio, seguro que no te cabe ninguna duda.
Una de esas cosas que te quiero decir es felicitarte , por muchos motivos, pero principalmente porque llegaste a los ochenta años y los rebasaste con creces, pues solo un mes y nos cuantos días más y cumplirías los ochenta y nueve, aunque siempre nos decías que no llegarías ni a los cincuenta y también porque en ese tiempo de tu longeva existencia no viviste la amarga experiencia de de ver morir a ninguno de tus hijos , dolor por el cual no debería pasar ninguna madre , por cierto ; ya te encargaste bien de que así fuera con tus oraciones y súplicas según la fe que compartimos y mira que hemos estado en peligro de darte un disgusto de esos ; también porque siempre quisiste irte intacta a tu última morada y , gracias a nuestras súplicas y peticiones, lo hemos conseguido.
Días antes se había pronunciado el inhumano sistema sanitario que te veía como un número más , pero para nosotros nunca lo fuiste y luchamos hasta el final para que no te hicieran esa barbaridad que pretendían , propiciando con ello un gran fracaso, tanto para ti como para nosotros, pero al fin, la precaución , la bondad y nuestros ruegos vencieron al empecinamiento terapéutico; además, yo hubiera tenido siempre un gran pesar porque en uno de tus últimos momentos de lucidez, todavía en tu cama y antes de que te sacaran por última vez de tu querida casa, me decías llorando de una manera suplicante “no me quite nada, no me quite nada” , pues escuchaste al médico cuando habló conmigo de cual era tu mal, aunque yo lo intuía, por supuesto y no tuvo el suficiente tacto como para decirlo de una manera que no te dieras cuenta; quiero pensar que lo hizo para que no sufrieras y porque no pensó que tú podías estar oyendo y entendiendo lo que nosotros hablábamos, seguro que fue por eso.
Siempre te he manifestado, que nunca está de más que nos valoren las virtudes que tenemos, y en tu caso concreto , pues lo he repetido hasta la saciedad a la gente que he tenido la oportunidad de hacerlo, que eres la persona más inteligente que he conocido, además con creces aunque siempre te he reprochado también que en muchos aspectos, sobre todo a la hora de manifestar tus sentimientos hacia tus hijos principalmente, te “daba un poco de corte”; en el fondo te lo aceptábamos, pues de seguro fueron muchas las circunstancias que te obligaban a actuar así.
Sin embargo ,en la decadencia de tu vida entre nosotros sacaste la parte más tierna de ti y regresaste a esa niñez que , que o bien por timidez o por vergüenza, no supiste o no pudiste plasmar en la edad cronológica en la que debías hacerlo y demostrabas mucho amor a los que estábamos a tu lado, tanto en gestos como en palabras; esas palabras y gestos que nos acompañarán en nuestros recuerdos durante mucho tiempo; lo último que dijiste en tu lecho de muerte, cuando estaban todos tus hijos y nietos delante fue: “todos son mis corazones”, como buenamente te dejaba la voz tan débil que tenías, y seguro que era así, pues hasta el último momento de vida tuviste algo de lucidez para decir estas cosas que eran tan importantes para ti decirlas como para nosotros escucharlas.
Tus últimos meses fueron muy dolorosos, desesperantes por momentos, pues no aceptabas que no pudieras caminar; a todas éstas, yo siempre engañándote y diciéndote que no podías y que ya lo harías cuando se te curara la pierna, que no te preocuparas, que en cuanto cogieras fuerzas lo harías y volverías a pasear con tus hijos e irías a tantos sitios que nunca habías visitado como hasta entonces, pero en el fondo yo sabía que no caminarías más y te pido perdón por engañarte , pero era la única manera de hacerte callar esa incesante pregunta y doy gracias a Dios por , en parte te hiciera perder algo de consciencia , pues así aceptarías mejor el hecho de no poder caminar.
Debo decirte que lamento mucho no haber estado contigo en esta última semana de tu vida y sobre todo cuando estabas de cuerpo presente pero tú sabes el motivo y ya te lo había manifestado desde hace ya mucho tiempo pero tanto tú como los que te acompañaron en ese esos momentos tan difíciles para todos, sabían que no iba a estar en tu duelo , pero siempre te acompañé y te propicié los cuidados que , a mi entender según tus necesidades; seguro que me habré equivocado en algo, pero sabes que lo hice con la mejor intención y siempre con el ánimo de que tu vida fuera más digna, como debe ser, además.
Fuiste sabia hasta el final de esa vida, mamá; el motivo por el cual te lo digo solo lo sabemos tú y yo y te pido de corazón que en esa otra dimensión donde te encuentras ahora o a donde vayas, sigas pidiendo por los tuyos como lo hiciste mientras vivías en ésta. En nombre de mis hermanos y hermana te doy las gracias por, junto con papá, darnos la oportunidad de existir y aceptarnos con todos nuestros defectos, pero con una virtud común, los principios y valores que nos inculcaste, principalmente, la generosidad.
Un último ruego, mamá, o Mamá Lucía, o Malu, como cariñosamente te llamaban tus nietos y biznietos; por nuestra común fe, recíbenos cuando nos llegue nuestra hora y donde quiera que te encuentres, con el mismo amor que nos diste mientras estabas entre nosotros, ayúdanos a que la travesía hacia nuestra morada final sea leve y serena, como espero haya sido la tuya.
Nosotros te mandamos un abrazo terrenal con la esperanza de que puedas recibirlo y que sea de tu agrado.
¡Adiós mamá, buen viaje y feliz estancia!
PD: Mamá se me olvidaba decirte, que , consciente de que mi final no será igual de dulce como el tuyo, ni estaré rodeada de esos hijos que nunca tuve, me dio por escribir un poema hace un tiempo, en el que plasmo lo que me gustaría que pasara cuando me vaya definitivamente; era solo eso, no te molesto más, mami. Descansa en paz, tranquilita…tú ya me entiendes.
No quiero llantos en mi duelo
No quiero que me lleven flores al cementerio,
una vez que haya muerto;
no quiero falsos llantos en mi duelo
de aquellas personas que lloran ante mi féretro.
¿Por qué llorar ahora?
Ya podían hacerlo cuando me encontraba viva
y darme ese consuelo que buscaba en ellos.
Ahora no me hacen faltan sus llantos,
ni que besen mi cuerpo inerte,
pues tiempo tuvieron de hacerlo
Queda bien llorar en mi duelo,
más yo eso no lo quiero;
no quiero que gente a la que pedí ayuda
me la negaran, pudiendo.
Tampoco quiero que la gente que llora por mí
una vez que haya muerto
no me diera ese abrazo que buscaba,
ni esas palabras de consuelo.
Que se queden en su casa;
pues en mi duelo solo quiero
a los que lo imposible hicieron
por hacerme feliz,
a los que me llenaron de amor
y se desvelaban por mí.
No quiero discursos que no sean sinceros,
ni quiero que me lleven flores al cementerio;
ni que besen mi cuerpo inerte,
pues tiempo tuvieron de hacerlo
cuando los necesitaba,
y, aún pudiendo, no lo hicieron.
Mensa Santana es vecina de El Ejido y colaboradora de TELDEACTUALIDAD.


























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.148