TELDEACTUALIDAD
Telde.- Con una memoria prodigiosa y una salud envidiable, Juana Santana Cordero cumple hoy 100 años. La vecina del barrio de El Ejido solo tiene un deseo: «Que Dios me deje llegar con el tino que tengo, sino que me lleve. Sin el tino no soy nadie», dice.
No sabe cuál es el secreto de la longevidad, si es la genética o su estilo de vida, pero salvo una operación de vesícula que tuvo hace 30 años, Juana Santana Cordero tiene una salud de hierro. Tanto que los médicos le dicen que está de maravilla, aunque se lamenta que ya duerme poco, según se detalla en un reportaje de Cristina González que publica Canarias7.
Su mayor preocupación es no perder «el tino» y «la cabecita». Y no la ha perdido. Cuenta con los dedos de la mano cada uno de sus nueve bisnietos y no se les escapa ni uno.
Es la matriarca de una amplia familia arraigada en El Ejido desde varias décadas. Tuvo cinco hijos, Carmen, Lidia, Juan, Rafael y Julia. El recuerdo de la pérdida de Rafael, ya fallecido, es lo único que le quita la sonrisa a esta mujer menuda. Por ello no quiso grandes celebraciones para su cumpleaños. «No quiero fandango», dice, y su palabra va a misa. Su descendencia se completa con 13 nietos y nueve bisnietos.
La vida de Juana es un exponente de la que pasaron muchas mujeres en Canarias el pasado siglo, dedicada al trabajo para sacar adelante una familia, yendo a lavar a la acequia y levantándose a las 5 de la mañana para ir a buscar agua. Eran épocas de necesidades, aunque aclara que nunca le faltó la comida para sus hijos, porque siempre le daban a crédito porque pagaba.
Tal vez uno de los peores momentos, que reconoce que vivió con vergüenza, fue cuando tuvo que vender pescado en el Sur tras casarse con su marido, Juan Cruz, que era marinero. Murió hace varias décadas y solo tiene palabras de alabanzas hacia él. «Era un hombre bueno», rememora.
Pero no se olvida de los varios kilos que tenía que cargar desde el faro al Tablero para llevar el pescado. Después trabajó durante 19 años en los almacenes de tomates que Juan Monzón tenía en Los Llanos de Telde. Ahora no le gusta ir al Sur, donde nació. «Ya no veo lo que era antes», lamenta.
Parió a cuatro de sus hijos en el suelo, sobre una manta, y a los pocos días tenía que estar en pie, trabajando. No había tiempo para lamentaciones. Pese a las dificultades «vivíamos felices», apunta, porque nunca le envidió nada a nadie.
"En la tele sólo ponen porquerías"
Juana Santana es ferviente seguidora del Atlético del Madrid, aunque también le gusta la UD Las Palmas y hace años, el Rayo Vallecano. Ya no ve la televisión porque solo ponen «porquerías», dice con gracia. Sigue los partidos y la actualidad a través de la radio. Está al tanto de todo lo que pasa en política y hasta le gusta escuchar hablar a Albert Rivera, de Ciudadanos. Eso sí, le da igual el partido político que gobierne, lo único que le preocupa es que no le quiten la pensión, asegura.
Siempre está dispuesta a ayudar a su familia en lo que necesite, «el dinero, para que lo quiero», apunta, sino es para hacer feliz a los demás. Su edad no le impide hacer algunas de las tareas del hogar, todavía cocina y hasta hace pocos meses se encargaba de hacer la compra para sus hijos.
Lo único que lamenta es que lo que le gusta no lo puede comer, ni siquiera la tarta de cumpleaños. «Me críe comiendo pescado y huevo con gofio», apunta. Tal vez ese es el secreto para la longevidad. O quizás estar rodeada del cariño de una familia de la que está orgullosa y a la que brinda su generosidad.
Fuente: Cristina González-Canarias7.

























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