TELDEACTUALIDAD
Telde.- Los vecinos de la urbanización de Hoya Pozuelo viven estos días literalmente ahumados. Y no por las hogueras de San Juan, sino por unas quemas de rastrojos y restos de podas que se llevan a cabo en una finca muy próxima a sus viviendas. Han puesto la situación en conocimiento de las autoridades y administraciones, pero aseguran que se “pasan la pelota” los unos a los otros.
Ya no aguantan más. Lo han intentado por todos los cauces posibles. Han tocado las puertas del Cabildo de Gran Canaria, de la Policía Local y del 112. Pero en ninguno de estos organismos han encontrado una solución efectiva para un problema que no solo condiciona el día a día de estos vecinos de Hoya Pozuelo, sino que pone en riesgo su salud.
Una molesta y perjudicial humareda, procedente de pequeñas fogatas prendidas en una finca enclavada en la desembocadura que del barranquillo que separa Hoya del Pozo de Hoya Pozuelo, a menos de diez metros de la urbanización, invade sus casas y ha llevado a muchos residentes a tener que abandonar sus hogares.
No piden un imposible, solamente un poco de consideración: vivir respirando aire limpio. Bien que los propietarios de la finca lleven a cabo estas quemas en otra zona del recinto o que trasladan los rastrojos a otra ubicación exterior alejada de núcleos urbanos y les prendan fuego allí. Pero se han topado de frente con la burocracia y con el conflicto de competencias de los organismos a los que han acudido.
El Cabildo les dice que es la Policía la que tiene que delimitar la distancia correcta a la que deben realizarse estas quemas con respecto de las viviendas. La Policía, en cambio, alega que el Cabildo se lo dé por escrito ,que ellos no pueden hacer nada. El 112 por su parte, solicita para poder actuar una denuncia por escrito. Y la Policía responde que de nada vale allí una denuncia, que tiene que presentarse en el Cabildo. Y así, vuelta a empezar.
“Mientras tanto, el nivel de particulas contaminantes supone un peligro para la salud de los vecinos, que nos hemos visto obligados a salir de nuestras casas con la inseguridad de no ser protegidos por las instituciones”, explica con resignación e impotencia una de los afectados.
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