JOSÉ MANUEL SUÁREZ
Son las doce de la noche en una céntrica zona de Telde, el barrio está completamente tranquilo, muchos vecinos se disponen a irse a la cama si es que no lo han hecho ya, pero un negocio abre exactamente en la media noche para romper la paz de la zona.
Se trata de un local con licencia de bar-cafetería, pero que actúa como un pub, incluso con actuaciones en directo en algunas ocasiones y música todos los días. A las doce de la noche comienzan a montar la terraza en la vía pública, justo debajo de la vivienda de mi familia y de otros muchos vecinos.
La hora de cierre de la terraza nocturna es aleatoria, depende de cómo marche el negocio esa noche, eso a pesar que el local tiene que cerrar a las dos de la madrugada según la licencia otorgada por el Ayuntamiento. Pero es habitual que esa hora de cierre, ya excesiva, se supere con amplitud, va pasando la noche y la gente sentada en la terraza, con la ayuda del alcohol comienzan a hablar cada vez más alto y a gritar.
Muchos clientes salen a fumar a la calle con copas en la mano. Para empeorar la situación el local no está insonorizado, siquiera cierra la puerta, ni pensemos en que tenga doble puerta, no, trabaja con las puertas abiertas de par en par, sea la hora de la noche que sea.
D este modo, los ruidos de la gente que está en la terraza se unen con los de las personas que están dentro del local, el descanso es imposible.
Esta tortura acústica se repite un día tras otro todos los días de la semana. No estamos hablando de una zona turística (Playa del Ingles ya ha regulado seriamente el tema de los ruidos nocturnos), estamos hablando de una zona residencial de Telde, en donde un solo negocio rompe la paz de la noche.
Quejarse al Ayuntamiento de poco ha valido hasta ahora, si bien es verdad que se escucha que en el departamento de Urbanismo se está intentando regular estas situaciones, pero hasta el momento la excesiva burocracia no ha permitido ninguna solución.
La única esperanza es pensar en los juzgados. Recientemente se ha cerrado en Telde un local que perturbaba el descanso en la zona de Arnao. El Ayuntamiento no fue capaz de solucionar este problema, pero la justicia ordenó cerrar inmediatamente el local e emitió una dura sentencia en la que la propietaria fue condenada a pagar una indemnización a los afectados y a una pena de prisión.
Esperemos que el Ayuntamiento de Telde en este caso actué a tiempo y que no se tenga que recurrir de nuevo a la vía judicial.
José Manuel Suárez Mesa es miembro de la Plataforma Ciudadana contra los Ruidos en Telde

























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