Sacerdote y párroco, ha ejercitado la labor pastoral en Telde, Valsequillo y ahora en el barrio de La Isleta de la capital grancanaria. Es una persona comprometida con los más vulnerables que ha batallado contra otras pandemias como las drogas. Desde 1989 está al frente de la Fundación Yrichen para ayudar a los que han caído en las adicciones.
1.- La primera pregunta es obligada: ¿Cómo se encuentra? ¿Cómo está pasando estos días y semanas de confinamiento forzoso?
Me encuentro bien gracias a Dios, pero tengo la sensación de que en estos momentos trabajo más que en otros. Y el día no me da para mucho. Con la preocupación lógica de lo que está pasando e intentando convertir este “contratiempo” en una oportunidad.
2.- ¿Desarrolla alguna actividad por teletrabajo o de alguna otra forma?
Mantenemos la conexión con los feligreses por medio de las redes sociales diariamente, sigo haciendo el programa de radio“Fin de semana con Dios en Radio ECCA. Yrichen está telematizado con lo cual estamos conectados, hacemos video conferencias, el equipo Ejecutivo, el Patronato. Y el teléfono que no para, contacto y videoconferencia con las distintas organizaciones con las que estamos en red. Trabajando en mis parroquias, que son tres San Pedro, San Pío X y el Salvador, seguimos atendiendo las Cáritas, y en una lo hacemos con un Comedor Social (San Pedro). Y por otra parte seguimos atendiendo las necesidades de la gente, y mucho teléfono y algunas defunciones... bueno no me aburro nada.
3.- ¿En qué emplea las horas del día?
Hay que dedicar tiempo a las tareas de la casa, limpiar, hacer de comer, lavar y planchar la ropa, la oración y la reflexión que suelo pasar por escrito y después trabajo p’ lacalle”. El comedor social me exige salir, el número de voluntarios ha bajado porque la mayoría tenían más de 65 años y eran personas de riesgo y tenían que quedarse en casa, muy a pesar de ellos, que están deseosas y deseosos de volver. Y hemos tenido que asumir la tarea muy poquitas personas con una generosidad admirable. Nos sentimos apoyados por el barrio que nos han hecho mascarillas, Yrichen nos ha hecho pantallas de protección, personas y empresas de todo tipo que se han preocupado de material de limpieza, seguridad, o comida.... es una lluvia solidaria imponente.
4.- ¿Ha recuperado alguna afición perdida en estas jornadas de cuarentena?
He querido volver a tocar la guitarra y practicar un poco, que la tenía abandonada, pero me está costando sacar un tiempo... pero algo hago porque me despeja de horas de ordenador y teléfono.
5.- ¿Qué reflexión personal hace de lo que está pasando en todo el mundo en estas semanas?
Uff... son tantas cosas. Llevamos un tiempo en que se nos están dando lecciones y avisos. La crisis del 2008, el sida, el ébola, gripe A, donde se nos dan señales de que hay determinadas cosas que pueden sorprendernos y señalar nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad, pero tocaba superficie... el Covid19 nos señalado, con una velocidad inesperada, que ni la economía, ni la ciencia, ni las finanzas, ni nuestros avances tecnológicos... ha podido detener a este bicho y él nos ha detenido todo y a los seres humanos nos ha confinado en casa... El mundo se ha tenido que parar...
Por una parte nos ha puesto en nuestro lugar, somos sólo seres humanos limitados y vulnerables (pobres, ricos, gobernantes, gobernados, obispos o seglares, empresarios o trabajadores, médicos o pacientes, enfermos o sanos, famosos y excluidos...) todas y todos lo somos, tenemos demasiado cerca el dolor, el sufrimiento o la muerte y no vemos al causante porque es invisible.
Por otra parte, nos obliga a vivir, por ahora en un par de meses, lo que ya mucha gente está viviendo día tras día, año tras año, ancianos abandonados, que viven encarcelados en sus casas porque no tienen ascensor ni nadie que les baje, ni quien les llame, ni quien les visite y hasta mueren solos. Emigrantes que viven y viajen en pateras y hacinados, que viven escondidos y con miedo, mucha gente en los hospitales y residencias, y nadie les visita... y por otro lado aparece el valor de la vida, de la amistad, de la cercanía... y ante la incondicionalidad de la muerte hay una fuerza emergente: la vida y el amor al prójimo que para los cristianos es incondicional.
6.- ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención de lo que está aconteciendo?
Esto ha despertado dos cosas claves y fundamentales una negativa, la mezquindad de aprovecharnos de esto para sacar rédito económico, se encarecen los productos y se trafica con aquellos que escasean y que son vitales para las personas, se explota a muchas trabajadoras o trabajadores y se les expone sin medidas de precaución...
Y otro escandaloso, peor, mezquino, el rédito político, buscando votos, se miente, se manipulan los datos, falsas noticias, se desea el fracaso del que gobierna porque va a justificar mi posicionamiento, se utilizan a los más desfavorecidos, insultos, prejuicios, fibias y fobias... al final no sólo le tenemos miedo al cobid19 sino el desconcierto de una clase política que juega con nuestro miedo no nos ayuda a una moral de lucha y de esperanza para salir, juntos y unidos, adelante, que es lo que necesitamos.
Estoy decepcionado de la clase política (en general y lo que aparecen en las noticias a nivel estatal) en un momento que los ciudadanos necesitamos la unidad ellos están en la farfullería y generando confusión. Falta altura y nivel. ¡Que envidia me ha dado de los portugueses y sus gobernantes! Y la positiva... para después...
7.- Telde ha sido uno de los municipios menos azotados por el virus ¿Cómo ve la situación local?
Pues con agradecimiento, creo que mucho tiene que ver con la responsabilidad de los vecinos de este municipio, cumplir con el confinamiento, que en el fondo es me cuido para cuidar y quiero que los demás se cuiden para que me pueda sentir cuidado. Cuidarnos mutuamente genera confianza y una cercanía mayor que la física. Tenemos que estar orgullosos.
8.- ¿Cuánto tiempo cree que tardaremos en recuperarnos de la crisis económica derivada de la pandemia?
Yo creo que más rápido que de la crisis del 2008, puede haber un efecto rebote por las características de esta crisis y podamos reconstruirnos antes. Pero hay una lección que hay que aprender, este sistema no funciona bien, y lo hemos notado. Hay que cuidar lo público mucho (sanidad y educación, sobre todo) y hay que invertir en lo que es de todos y eso exige tenerle menos miedo al compartir, sobre todo los que tienen más. Me preocupa que una recuperación rápida pueda llevar a olvidarnos de lo que ha pasado y no hayamos aprendido la lección.
9.- ¿Se puede sacar alguna lectura positiva de esta calamidad global?
Lo positivo: este Covid19 ha mostrado lo mejor del ser humano, la vulnerabilidad nos humaniza, nos crecemos en solidaridad y los gestos más generosos pasan a ser miles, a alguien le escuché decir, “me he reconciliado con el ser humano”, porque en esta sociedad de consumo e individualista, de pronto la generosidad ha brotado y en mucha gente, mucha gente, ha generado creatividad para la solidaridad, mucha gente ha dedicado tiempo y dinero, sin pedir nada a cambio para ayudar, proteger, apoyar... el covid19 ha sido una escuela... más, toda una universidad de la solidaridad, de la gratuidad... mucha gente exponiéndose para ayudar a otros y eso sobrepasa la mezquindad de otros, eso nos está haciendo grande. Y no somos el ombligo del mundo.
10.- ¿Cree que todo volverá a ser igual cuando se levante el confinamiento? ¿Qué va a hacer el primer día que se pueda salir a la calle?
Yo creo que no todo será lo mismo, se modificarán muchas cosas en las relaciones laborales y en las relaciones humanas, y los cristianos tenemos que aportar experiencias de fraternidad que sean significativas y referenciales. Los empobrecidos y la fraternidad serán nuestras tareas. Lograr un mundo donde la persona sea lo primero.
¿Qué voy hacer cuando vaya a salir a la calle y podamos juntarnos con más gente sin miedo? Lo tengo muy, muy claro, tres cosas: Una, celebrar una Eucaristía de acción de gracias, alegre y marchosa con todos los vecinos de mi barrio y todo el que se quiera apuntar para festejar el encuentro y recordar a los que se han marchado a la casa del Padre (con las medidas de seguridad que se manden ¡claro está!).
Dos revisar todo el equipo de buceo y quedar con mis amigos para ir a bucear al Cabrón, tiene que estar ese fondo espectacular.
Y tercero ir a ver a mi madre, mis hermanos y toda mi familia. Y echo de menos unos buenos abrazos, pero me parece que eso será cuando el bicho esté muerto y ya no haya peligro de contagio. El orden es lo de menos.

























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