Es en la escuela donde se practica y se ensaya la vida entre letras y números, ciencia e historia, dibujo y música, idiomas y educación física.., unido a la fantasía, sueños, ilusiones, risas, bromas, alegrías, contratiempos, encuentros y desencuentros. Es el lugar donde el tiempo empleado y los aprendizajes son trascendentales porque día a día se construye el futuro.
Más de 40 años de experiencia docente me conceden la oportunidad de ofrecer mi humilde opinión sobre diferentes aspectos relativos a las últimas leyes educativas, ya que me inquieta la confusa y pobre redacción de las mismas, aunque sé que tanto el profesorado como las familias aplicarán el sentido común para reconocer lo que es necesario para el aprendizaje de sus hijos e hijas, independientemente de la Ley.
De entre las razones conocidas para abordar reformas educativas frecuentes —no quiero asumir que se trate simplemente de desechar leyes anteriores—, se encuentran seguramente los bajos niveles de rendimiento, el índice elevado de alumnado repetidor, la desigualdad en los resultados acadeÌmicos y el abandono escolar, la informacioÌn sobre las praÌcticas pedagoÌgicas y la formacioÌn inicial de docentes, documentado todo por sucesivas evaluaciones nacionales. No tengo conocimiento de que se observaran las buenas escuelas gestionadas por un sistema público o privado como reflexión o punto de partida, para redactar esta nueva Ley de Educación, con objeto de adaptar el sistema educativo a los retos y desafiÌos del siglo XXI.
Llama la atención que no aparezcan prácticamente en esta Ley referencias a los hábitos de estudio, a la memoria (esencia de la inteligencia), a educar la inteligencia, a tener en cuenta las funciones ejecutivas, tan necesarias para impulsar, entre otros, la motivación y la atención del alumnado y su deseo de progresar; a los procesos cognitivos; tampoco nombra la necesidad de educar la voluntad y de aplicar el esfuerzo necesario para conseguir los objetivos propuestos y aprendizajes esperados.
¿Quedará claro que cuando observamos en su redacción “uso de estrategias básicas” o “saberes básicos de cada área” o “conocimientos competenciales” se estará haciendo referencia a todos estos saberes no explícitos en la Ley, pero que son la base del aprendizaje y necesarios para componer el llamado “perfil de salida”?
En el último Real Decreto, figura como novedad “El Perfil de salida del alumnado al teÌrmino de la enseñanza baÌsica” que comprende 10 apartados sobre “el nivel de desempeño esperado al teÌrmino de la EducacioÌn Primaria” (medioambiente y maltrato animal, consumo responsable, estilos de vida saludable, desarrollo del espiÌritu criÌtico, empaÌtico y proactivo, coperación y convivencia en sociedades abiertas y cambiantes, aceptación de los conflictos como elementos connaturales a la vida en sociedad, desarrollar las habilidades para seguir aprendiendo y aceptar la incertidumbre para aprender a manejar la ansiedad), aunque observo que ninguno alude a la valoración del esfuerzo realizado para conseguir los resultados esperados al finalizar la Educación Primaria. El profesorado es consciente de que construir este “perfil de salida” constituye una labor que ni el profesorado ni las familias pueden hacer en soledad. Se requiere un mayor esfuerzo colectivo de la sociedad, de los agentes sociales, de los buenos modelos a seguir, de la clase política y de las administraciones públicas.
No me parece que en el Decreto 157, de 1 de marzo, de 2022 se hayan tenido en cuenta todos los retos y desafíos del siglo XXI, pues no se da respuesta a los requerimientos de esta sociedad actual cada vez más exigente (resultados académicos + especialización+ idiomas + una ciudadanía responsable), ni se nombre el esfuerzo añadido que establecerán las diferentes administraciones educativas para conseguir estos retos y desafíos. Así, por ejemplo, la prensa publica titulares como “...desaparece el uso de la memoria o ya no habrá que hacer más dictados” y “no se repetirá curso...” Posiblemente, estos titulares quieran llamar la atención sobre otros aspectos que no tienen nada que ver con esto, puesto que es evidente que no habrá conocimiento sin memoria. Y con respecto a los dictados, y al estudio de las conjugaciones verbales, se entiende que no se realizarán como antiguamente —sin entender lo que se escribía o se repetía— sino que se requerirá activar procesos cognitivos indispensables para el aprendizaje, como son: la comprensión, el significado y el reconocimiento del vocabulario, la memoria, el recuerdo visual, la ortografía..., igual que se necesitan para el aprendizaje de las lenguas (inglés, francés y alemán...). Almacenar datos en la memoria resulta necesario para acceder a todos los conocimientos, ayuda a resolver problemas y a identificar los contextos en los que los conocimientos y las capacidades existentes se pueden aplicar, y esto es indiscutible.
Y por último, en cuanto a la Promoción del alumnado, la Ley refleja lo siguiente:
a) Excepcionalmente, solo se repite una vez en la etapa de Primaria.
b) Excepcionalmente, se evitará el alumnado repetidor (puede promocionar a Secundaria con varias áreas suspendidas independientemente del área). En base a lo que dice la Ley “Si en alguÌn caso y tras haber aplicado las medidas ordinarias suficientes, adecuadas y personalizadas para atender el desfase curricular o las dificultades de aprendizaje del alumno o alumna, el equipo docente considera que la permanencia un año maÌs en el mismo curso es la medida maÌs adecuada para favorecer su desarrollo...”, y mi opinión es la siguiente: hay que respetarla sin presiones, puesto que el profesorado habrá estimado que ese alumnado necesita permanecer un curso más para que, alcanzando los conocimientos necesarios, promocione seguro de sí mismo, sin que se sienta desfasado y marginado cuando promocione a la Educación Secundaria. Así pues, lo excepcional deberá ser únicamente que se pueda permanecer un curso más en la etapa de Primaria.
Se trata pues de hacer eficaz la enseñanza y que se produzca de forma excepcional lo siguiente: establecer el desfase entre el actual nivel de aptitudes y las aptitudes necesarias; por tanto, la identificacioÌn de este desfase constituiría la base para crear las condiciones, establecer normas y secundar el desarrollo profesional necesario para eliminarlo, aumentar el trabajo en colegios situados en zonas deprimidas, llevar a cabo medidas efectivas para ayudar al alumnado a superar sus dificultades, con actuaciones rápidas con el fin de dar respuesta a su salud mental —si la necesitara—, preparar adecuadamente la gestión de aula, apoyar al profesorado que inicia su trayectoria profesional y considerar el tratamiento de la diversidad cultural en las aulas.
En consecuencia, y como ya indiqué, se necesita una implicación mayor de la clase política y de las administraciones públicas en “El Perfil de salida del alumnado al teÌrmino de la enseñanza baÌsica” y una esmerada atención tanto al alumnado en riesgo social como al que queda desfasado.

























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