TELDEACTUALIDAD
Telde.- Un grupo de docentes, liderados en una plataforma por el maestro jubilado Pedro Galván, ha propuesto al docente Javier Rapisarda Arencibia para la concesión del Premio Viera y Clavijo 2016. La propuesta fue presentada ayer ante el Ayuntamiento de Telde, avalada por numerosas firmas.
Entre los miembros de dicha plataforma se encuentran Joaquín Nieto Reguera, Coca de Armas Fariñas, Domingo Socorro Cabrera, José Antonio Socorro Cabrera, Manuel A, Barber Doreste y Estrella Barreiros Moreno, si bien a dicho reconocimiento se han sumado otros 26 centros educativos de la provincia de Las Palmas, con el CEIP José Tejera y el CEIP Hilda Zudán entre ellos.
Sobre Javier Rapisarda
Nació en Las Palmas de Gran Canaria el 16 de noviembre de 1953. Sus primeros estudios los cursó en el Colegio Claret, luego pasó al Instituto Pérez Galdós, Instituto Alonso Quesada y, más tarde, a la Escuela Superior de Magisterio de Las Palmas.
Empezó su andadura como profesor en la Aneja de la Escuela de Magisterio y posteriormente impartió clase en diferentes colegios de Gran Canaria. Su afición a la música le vino desde muy pequeño, ya que en su casa se escuchaba mucha. Sobre todo ópera, ya que su padre, como buen italiano, siempre la estaba escuchando. También tuvo un tío cantante que se dedicaba a la canción ligera y que grabó varios discos en el país transalpino. Su madre era canaria de pura cepa y también le gustaba mucho la música.
Rapisarda vivió muy profundamente la música de los Beatles y con ellos hizo sus primeros pinitos con la guitarra. Ponía los discos y tocaba con ellos y se inventaba una batería con cacharros, palos y todo lo que encontrase. Siempre le gustaron las manualidades. Hacía maquetas con su amigo Tano y ya desde pequeñito elaboraba instrumentos ‘caseros’. Su creatividad era enorme y siempre inventó muchos juegos e instrumentos con materiales reciclables como el “suavicordio” (con una botella de suavizante) o el “contralato” (con una lata grande de aceite vacía).
Sobre los quince años empezó a introducirse en algunos grupos, como ‘Los Longorones’, de música canaria. Después tocó en grupos más comprometidos socialmente. En ellos empezó a componer, unas veces usando letras de poetas y otras haciendo las suyas propias. El grupo más conocido de esa época es Surco, en el que hacían una cantata llamada El son del desahucio. Ésta hablaba sobre la pobreza en el sur de Gran Canaria y sobre cómo los trabajadores se rebelaban ante la injusticia. Por ello, muchas actuaciones del grupo fueron prohibidas, aunque se hicieron muchas otras y la cantata tuvo mucho éxito.
Desde que empezó a trabajar en colegios tuvo la suerte de que casi nadie quería dar clases de música, así que le tocaba a él. Es en ese momento cuando empieza a escribir música para niños. Siempre pensaba que hacía falta material para ayudar en la escuela, por lo que decidió grabar su primer cassete con un libro de ayuda al maestro. Sin embargo, cuando pidió ayuda las instituciones, estas miraron para otro lado y tuvo que costearse el trabajo, pidiendo préstamos al banco. Finalmente su tenacidad consiguió que su primer trabajo viese la luz, el 'Sarantontón'. Se hicieron dos ediciones que enseguida se agotaron, aunque la falta de dinero impidió que pudiesen hacerse más.
Más tarde, consciente de la importancia de enamorar a los niños con la música, sacó el trabajo de 'Parchituras y musicogramas'. Como indica el propio título, inventa las ‘parchituras’, una forma de seguir la música a través de cuentos y dibujos. Sobre esta obra se realizó un concierto en el Auditorio Alfredo Kraus, llamado 'Suite del soñador', en el programa de Conciertos Escolares de la Consejería de Educación.
Javier, que tenía alma de niño, también vivía la Navidad con una ilusión indescriptible. Cada año le llevaba la carta a los Reyes Magos y por supuesto cada colegio donde estuvo vivió una Navidad muy especial, llena de cuentos, canciones, ilusiones y amor. De esta ilusión por la Navidad surge un disco de villancicos llamado 'La Navidad Infantil Canaria'.
Más tarde sacó otro disco llamado 'Pacuco Rompehierros'. Pacuco era un niño bastante travieso, que era muy abusón y le pegaba a otros niños, pero un día se hizo bueno y amigo de todos. Este disco tiene otras canciones muy bonitas, como 'El Viento' o 'El Himno de Arucas'.
Su último concierto se tituló 'Bardino, salvemos la montaña', también organizado por los Conciertos Escolares en el auditorio Alfredo Kraus. Este concierto tuvo muchísimo éxito, y a él asistieron muchos niños y mayores. Su cabeza nunca paró de soñar con nuevos conciertos, siempre viviendo con la esperanza de que lo avisaran para alguno. Entre medias impartió muchos talleres de música y fabricación de instrumentos tanto a niños como a maestros.
Las canciones de Javier están llenas de amor por los demás, por la tierra, por los animales… en fin, por el mundo en general. Siempre planteando soluciones ecológicas y llenas de bondad. Tuvo tres hijos que han crecido entre acordes de guitarra y sueños fantásticos. Era un gran amigo de los niños. También dejó un nieto al que le regaló su última canción y un maravilloso legado de música.
Su vida, en definitiva, estuvo dedicada a sus grandes amores: la escuela, los niños y por supuesto su familia. Javier fue un hombre amable, alegre, y preocupado por el mundo. Un “hombre bueno”.


























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.147