TELDEACTUALIDAD
Telde.- Si el molino de los Calderín tuviese conciencia, a buen seguro estaría pensando: 'Cuando ves cortar las barbas de tu vecino, pon las tuyas a remojar'. Desde donde está ubicado hubiese visto el desmantelamiento de otro como él, de la misma marca alemana, Adler, y también del siglo XIX, que en los inicios de los 90 del siglo XX, 100 años después de su llegada a la isla, fue trasladado hasta uno de los márgenes de la GC-1.
Durante años fue un icono de la principal entrada a Telde desde la autovía, en dirección sur, emplazado como estaba entre jardines, pero esta semana ha ido camino del desguace, víctima de años de abandono y falta de mantenimiento. Se estaba cayendo a cachos, con las aspas desprendidas, y se había convertido en un riesgo para la seguridad de los conductores, según publica Canarias7.
El molino que queda, el vecino del destruido, no tiene conciencia, pero sí sus propietarios, que de verdad temen que al final ese sea también el destino del aeromotor que compró su abuelo para extraer agua en el pozo de su finca en Marpequeña, situada muy cerca de donde estaba el ya desmontado.
Según esta familia, ambos molinos, utilizados para el mismo fin, sacar agua, llegaron a Telde el mismo año, desde Alemania. Dicen que fue en 1898. Uno, el de Marpequeña, lo mandó a buscar Antonio Calderín Sánchez, y el otro fue adquirido por los llamados Betancores para el pozo de una de sus fincas en Las Rubiesas, al otro lado de la GC-1, desde donde fue trasladado a Marpequeña Alta para servir de elemento decorativo. Ambos están catalogados por el Cabildo como bienes etnográficos de alto valor científico patrimonial, pero solo precisa la fecha de construcción de uno de ellos, el que ha sido desmontado. La sitúa en 1890, año que no coincide con el que maneja la familia Calderín, pero, en todo caso, los dos proceden de finales del siglo XIX.
Lo cierto es que uno de ellos ya pasó a la historia. Solo quedan de él sus piezas desvencijadas y deterioradas. Y una ficha en la Carta Etnográfica de Gran Canaria en la que se advertía de su fragilidad y se instaba a su restauración urgente. No solo no se hizo, sino que, según informó ayer el edil de Parques y Jardines de Telde, Álvaro Monzón, el propio Cabildo llevaba años instando su retirada por los riesgos que presentaba su maltrecha estructura. Monzón, que hereda este problema, decidió actuar y mandó desmantelar la plataforma. Apunta que en el Ayuntamiento constan informes oficiales de petición de desmontaje del molino, tanto de la institución insular como de la propia Policía Local teldense, desde hace seis años.
Los técnicos que confeccionaron el inventario del patrimonio etnográfico grancanario pidieron que se realizara un diagnóstico sobre su estado de conservación, proponían su restauración urgente, en la que se respetaran los materiales originales y sus características mecánicas primigenias, y solicitaban que se realizara un estudio de la marca Adler y su presencia en Gran Canaria a través del patrimonio industrial. No en vano, sostenían que este molino, de marca alemana, poseía un motor de marca inglesa y con un cabezal de bombas de pistón fundido en talleres insulares, singularidad que lo convertían, a juicio de los expertos, en una «auténtica reliquia para la arqueología industrial» de Canarias.
Esas sugerencias de protección cayeron en saco roto y ya llegan tarde para esta icónica estructura de metal, compuesta por una torre formada por cuatro pivotes entrelazados con barras en zig zag y por un molino o rotor en la parte superior, con ocho aspas y una veleta. Por eso lo que intenta la familia Calderín es que no pase lo mismo con el que tienen en su propiedad. En su caso cuentan con una baza que debería jugar a su favor, y es que el pleno del Cabildo, allá por 2016, aprobó por unanimidad una moción presentada por Unidos por Gran Canaria, en la que la institución se comprometía a estudiar la catalogación adecuada para proteger esta estructura, a analizar la posibilidad de conceder una subvención o similar a la familia para el mantenimiento y conservación del molino, e incluso, a iniciar los trámites para que sus actuales propietarios lo cedieran a la corporación.
Ya restaurado
Al contrario que el desmantelado, el que subsiste ya se benefició hace unos años de una restauración, financiada, por cierto, en un 75% por el Cabildo. Según Fernando González Calderín, miembro de la familia, lo arenaron, lo engrasaron, arreglaron la plataforma y lo pintaron.
Esta acción ha permitido que su estado de conservación no sea malo, pero González subraya que este tipo de estructuras requiere de un mantenimiento constante que cada vez se les hace más cuesta arriba sostener. Este aeromotor metálico privado sí sigue ubicado al lado del pozo al que sirvió durante años. Luego fue sustituido por un motor térmico inglés de segunda mano, un National, y finalmente se electrificó. Lo conservan como testimonio de otro Telde, plagado de maquinarias para extraer agua de los pozos.









































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