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Ignacio Morán (Foto Interbenavente.es) Ignacio Morán (Foto Interbenavente.es)

Ignacio Morán: "La dictadura cercenó el desarrollo de una vida plena a nuestras madres y abuelas"

El escritor zamorano afincado en Telde afirma que el régimen franquista "fue una injusticia histórica que solo puede repararse en términos de conocimiento social"

dojeda Martes, 31 de Diciembre de 2019 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- "A todas las mujeres de España, porque un día, en un país arruinado y abandonado a su suerte, tuvieron el coraje de levantar los ojos y soñar un futuro en el que nadie creía". Ignacio Morán -San Román del Valle (Zamora), 1956- abre la que es su tercera novela, Madera Vieja, con esta dedicatoria.

 

"No es una simple apreciación retórica, tengo la plena convicción de que la mujer es eminentemente práctica y posibilista, que no se detiene demasiado en lo que pudo ser y no fue.Yeso,enladurezade aquellos años, es algo muy a tener en cuenta", explica el escritor afincado desde hace muchos años en Telde en una entrevista para La Opinión-El Correo de Zamora. El autor de El Valle de Santa María (Premio Internacional de la Villa de Urueña) y de El Vuelo de Ícaro habla en esta entrevista de lo que la dictadura supuso para la mujer española.

 

–¿Cómo son los personajes femeninos de Madera Vieja?

–Los personajes protagonistas son mujeres que, por razones diferentes, optan por una vida sin hombres. Muchas conocieron los momentos de apertura republicana y de ahí la sensación amarga de ser conscientes de lo que no tienen y la opción de pelear, a los hombres o a quien sea, sus pequeñas parcelas de decisión con el cuchillo entre los dientes. Madre e hija adoptiva son dos personas muy inteligentes que, conscientes de lo que les rodea, ponen su empeño en defender y consolidar su futuro personal y no dudarán en utilizar el estraperlo, la corrupción o las influencias en su propio beneficio. El catálogo de personajes secundarios es amplio y acorde con el momento, no obstante, en el texto se desarrolla también el sufrimiento de las minorías excluidas: Un capitán de la Benemérita es homosexual, profesores purgados, un indiano, curas sumisos o contestatarios, una estudiante francesa que trae los aires europeos, administradores corruptos, la masonería... todo una pléyade de personajes que, creo, hacen de esta historia un "corpus libri" atractivo, creíble y de lectura trepidante.

 

–Cuarenta años de franquismo cercenaron la que hubiera sido una progresión de los derechos de la mujer, afirma. Usted sostiene que aquello quedó im- pune con la llegada de la demo- cracia. ¿Por qué cree necesario denunciar aquella impunidad?

–En efecto, el trabajo legislativo de la II República de reconocimiento de derechos civiles no es discutido por los historiadores. Se ha dicho que, en muchos casos, fue pionero en Europa. En cuanto a las mujeres el avance fue espectacular: derechos políticos, laborales, de igualdad en el matrimonio, en el divorcio, aborto, educativos... todo ello se truncó al implantarse en España la concepción que el fascismo tenía para las mujeres y que, no olvidemos, también se extendió en Italia y Alemania. Impune o no aquel retroceso se decretó manu militari, y nunca mejor dicho. Obviamente, hablamos de impunidad en el sentido de reconocer socialmente aquella situación y el sufrimiento que conllevó, creo que es de justicia.

 

–¿Cree que la dictadura hizo del machismo un santuario que ha llegado a nuestros días? ¿Cómo percibe posiciones políticas como las de Vox comparadas con aquella etapa?

–Creo que lo que ocurrió en el periodo de la dictadura del general Franco hay que verlo en su contexto. El Régimen fue adaptándose a las circunstancias de cada momento según sus propios intereses estratégicos, pero sí, la mujer estuvo en todo momento en una posición de permanente humillación legal y real respecto de los hombres. Pienso que los postulados de ese partido no son comparables con la sumisión estructural e insti- tucional de la mujer en aquella época. En todo caso, tratar de esconder la violencia machista es indefendible porque va contra una realidad objetiva y estadísticamente incontestable. Es un verdadero disparate intelectual poner en la misma balanza la violencia del hombre sobre la mujer que la de esta sobre el hombre.

 

–Con el paso de los años muchas voces han cuestionado ahora -otras tantas opinan lo contrario- los acuerdos que permitieron la Constitución vigente. Se ha justificado en la necesidad de evitar reabrir heridas y se optó por no hablar de ellas. ¿Hay todavía una herida abierta de la mujer española como colectivo?

–Yo no soy revisionista, ni lo he sido nunca. Supongo que en el setenta y ocho se tomaron unas decisiones teniendo en cuenta las circunstancias del momento. Los colectivos de mujeres, y los había muy movilizados, celebraron dos grandes conferencias, una en Madrid y otra en Barcelona. Se debatía la forma de participar en política para revertir la situación de la mujer, hubo dos grandes corrientes de opinión: por un lado organizarse desde una óptica netamente feminista y por otro propiciar ese cambio desde dentro los partidos políticos. Las compromisarias decidieron esta última, y así ha sido, con sus luces y sus sombras. Yo creo que la discriminación por razón de sexo se ha resuelto bien desde una óptica legal, socialmente ya es otra cosa.

 

–¿Sería el caso, de alguna manera, un asunto de Memoria Histórica? ¿De ser así, sería preciso hacer justicia, y en qué sentido?

–Es un caso de "memoria histórica" colectiva, no en el sentido que hoy damos a estos términos. Una injusticia histórica que cercenó el desarrollo de una vida plena a nuestras abuelas, madres... sólo puede recibir reparación en términos de conocimiento social.

 

–¿Cómo cree que hubiera sido la sociedad española si, tal y como usted plantea, no se le hubiera hurtado el protagonismo a la mujer en esas cuatro décadas?

–Desde luego una sociedad más justa, más plena, más próspera, más sana... Observe que no utilizo ningún calificativo de índole política. En muy pocos años conocimos el trabajo formidable de personalidades como Mercedes Maestre, Amparo Poch, Teresa de León, Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken, Federica Montseny... juzgue usted mismo.

 

–Pasado el doble de tiempo ya, qué diferencia a aquella mujer de la actual.

–La mujer española en la dictadura, especialmente hasta mediados de los sesenta, estaba en un plano de absoluta inferioridad frente al varón: No podía estudiar nada que no fuese acorde con la femineidad, ni administrar sus bienes, no tenía derechos políticos, ni trabajar sin autorización, no podía abrir una cuenta bancaria, ni viajar, ni divorciarse, el adulterio era un desliz en el hombre y un delito en la mujer... Una situación de sometimiento a la "misión" que le adjudicaba el Estado, el padre, el marido... Comprenderá que hoy todo eso resulta un tanto absurdo, pero no lo era hace cincuenta o sesenta años en España. Hoy, como no podría ser de otra forma, la mujer disfruta de la misma protección legal que los hombres.

 

–¿Sufrieron por igual esa regresión a la inferioridad en aquella etapa las mujeres rurales que las que vivían en las ciudades?

–El llamado Régimen de Franco persiguió una intensa labor uniformadora de la población, también de las mujeres. No obstante ello, el contexto socioeconómico fue más duro en el mundo rural para las mujeres. En el campo había muchas penas y pocos divertimentos para todos y para ellas, casi ninguno: misas, rosarios, velatorios, reuniones de costura, alguna partida de baraja con vecinas y poco más. Nada de bares, juegos de hombre, bodegas... En las ciudades pronto volvió el cine, los círculos de mujeres, los paseos... en fin, poco pero algo más. En ninguno de los dos casos se devolvieron derechos a la mujer: La mano de hierro de la Sección Femenina lo controlaba todo.

 

–"Todos los personajes, por encima de las dificultades y oprobios, son madera vieja de un ruralismo lorquiano que se alza como identidad de un país en el que la influencia de la mujer siempre ha sido decisiva", dice literalmente. ¿La sociedad rural española ha dejado del todo de ser lorquiana?

–Radicalmente sí. Federico García Lorca fue un genio que retrató de manera magistral en sus obras la sociedad de su tiempo, pero afortunadamente esa realidad ya no existe. Los grandes anhelos y tabúes que inspiraron los personajes del poeta granadino se los llevó la educación (que también ha llegado a nuestros campos), el conocimiento, el cine, la música, la radio, la televisión, los viajes, la permeabilidad social. La identidad de la España moderna es perfectamente homologable a cualquiera de los países de nuestro entorno.

 

–Trapiello afirma que "Los que ganaron la guerra perdieron los manuales de literatura" ¿Solo la literatura puede reparar y restablecer el ostracismo de aquella mujer española?

–Respeto y admiro a don Andrés y estoy de acuerdo con esa afirmación. Madera Vieja es buena prueba de ello. Durante la dictadura, por distintas razones, muchas mujeres escribieron bajo seudónimos e incluso con el nombre de su marido. Es obvio que en los años de posguerra la diáspora congeló la literatura española, pero avanzada la década de los cincuenta surgió un movimiento en el interior, también de mujeres, que hicieron una labor literaria muy meritoria: Carmen Laforet, Ana María Matute, Josefina Carabias, Concha Fernández, Elena Quiro- ga, Josefina Aldecoa...Son solo algunos ejemplos.

 

Fuente: J.A.G./La Opinión-El Correo de Zamora.

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