TELDEACTUALIDAD
Telde.- "A todas las mujeres de España, porque un diÌa, en un paiÌs arruinado y abandonado a su suerte, tuvieron el coraje de levantar los ojos y soñar un futuro en el que nadie creiÌa". Ignacio MoraÌn -San RomaÌn del Valle (Zamora), 1956- abre la que es su tercera novela, Madera Vieja, con esta dedicatoria.
"No es una simple apreciacioÌn retoÌrica, tengo la plena conviccioÌn de que la mujer es eminentemente praÌctica y posibilista, que no se detiene demasiado en lo que pudo ser y no fue.Yeso,enladurezade aquellos años, es algo muy a tener en cuenta", explica el escritor afincado desde hace muchos años en Telde en una entrevista para La Opinión-El Correo de Zamora. El autor de El Valle de Santa MariÌa (Premio Internacional de la Villa de Urueña) y de El Vuelo de IÌcaro habla en esta entrevista de lo que la dictadura supuso para la mujer española.
–¿CoÌmo son los personajes femeninos de Madera Vieja?
–Los personajes protagonistas son mujeres que, por razones diferentes, optan por una vida sin hombres. Muchas conocieron los momentos de apertura republicana y de ahiÌ la sensacioÌn amarga de ser conscientes de lo que no tienen y la opcioÌn de pelear, a los hombres o a quien sea, sus pequeñas parcelas de decisioÌn con el cuchillo entre los dientes. Madre e hija adoptiva son dos personas muy inteligentes que, conscientes de lo que les rodea, ponen su empeño en defender y consolidar su futuro personal y no dudaraÌn en utilizar el estraperlo, la corrupcioÌn o las influencias en su propio beneficio. El cataÌlogo de personajes secundarios es amplio y acorde con el momento, no obstante, en el texto se desarrolla tambieÌn el sufrimiento de las minoriÌas excluidas: Un capitaÌn de la BenemeÌrita es homosexual, profesores purgados, un indiano, curas sumisos o contestatarios, una estudiante francesa que trae los aires europeos, administradores corruptos, la masoneriÌa... todo una pleÌyade de personajes que, creo, hacen de esta historia un "corpus libri" atractivo, creiÌble y de lectura trepidante.
–Cuarenta años de franquismo cercenaron la que hubiera sido una progresioÌn de los derechos de la mujer, afirma. Usted sostiene que aquello quedoÌ im- pune con la llegada de la demo- cracia. ¿Por queÌ cree necesario denunciar aquella impunidad?
–En efecto, el trabajo legislativo de la II RepuÌblica de reconocimiento de derechos civiles no es discutido por los historiadores. Se ha dicho que, en muchos casos, fue pionero en Europa. En cuanto a las mujeres el avance fue espectacular: derechos poliÌticos, laborales, de igualdad en el matrimonio, en el divorcio, aborto, educativos... todo ello se truncoÌ al implantarse en España la concepcioÌn que el fascismo teniÌa para las mujeres y que, no olvidemos, tambieÌn se extendioÌ en Italia y Alemania. Impune o no aquel retroceso se decretoÌ manu militari, y nunca mejor dicho. Obviamente, hablamos de impunidad en el sentido de reconocer socialmente aquella situacioÌn y el sufrimiento que conllevoÌ, creo que es de justicia.
–¿Cree que la dictadura hizo del machismo un santuario que ha llegado a nuestros diÌas? ¿CoÌmo percibe posiciones poliÌticas como las de Vox comparadas con aquella etapa?
–Creo que lo que ocurrioÌ en el periodo de la dictadura del general Franco hay que verlo en su contexto. El ReÌgimen fue adaptaÌndose a las circunstancias de cada momento seguÌn sus propios intereses estrateÌgicos, pero siÌ, la mujer estuvo en todo momento en una posicioÌn de permanente humillacioÌn legal y real respecto de los hombres. Pienso que los postulados de ese partido no son comparables con la sumisioÌn estructural e insti- tucional de la mujer en aquella eÌpoca. En todo caso, tratar de esconder la violencia machista es indefendible porque va contra una realidad objetiva y estadiÌsticamente incontestable. Es un verdadero disparate intelectual poner en la misma balanza la violencia del hombre sobre la mujer que la de esta sobre el hombre.
–Con el paso de los años muchas voces han cuestionado ahora -otras tantas opinan lo contrario- los acuerdos que permitieron la ConstitucioÌn vigente. Se ha justificado en la necesidad de evitar reabrir heridas y se optoÌ por no hablar de ellas. ¿Hay todaviÌa una herida abierta de la mujer española como colectivo?
–Yo no soy revisionista, ni lo he sido nunca. Supongo que en el setenta y ocho se tomaron unas decisiones teniendo en cuenta las circunstancias del momento. Los colectivos de mujeres, y los habiÌa muy movilizados, celebraron dos grandes conferencias, una en Madrid y otra en Barcelona. Se debatiÌa la forma de participar en poliÌtica para revertir la situacioÌn de la mujer, hubo dos grandes corrientes de opinioÌn: por un lado organizarse desde una oÌptica netamente feminista y por otro propiciar ese cambio desde dentro los partidos poliÌticos. Las compromisarias decidieron esta uÌltima, y asiÌ ha sido, con sus luces y sus sombras. Yo creo que la discriminacioÌn por razoÌn de sexo se ha resuelto bien desde una oÌptica legal, socialmente ya es otra cosa.
–¿SeriÌa el caso, de alguna manera, un asunto de Memoria HistoÌrica? ¿De ser asiÌ, seriÌa preciso hacer justicia, y en queÌ sentido?
–Es un caso de "memoria histoÌrica" colectiva, no en el sentido que hoy damos a estos teÌrminos. Una injusticia histoÌrica que cercenoÌ el desarrollo de una vida plena a nuestras abuelas, madres... soÌlo puede recibir reparacioÌn en teÌrminos de conocimiento social.
–¿CoÌmo cree que hubiera sido la sociedad española si, tal y como usted plantea, no se le hubiera hurtado el protagonismo a la mujer en esas cuatro deÌcadas?
–Desde luego una sociedad maÌs justa, maÌs plena, maÌs proÌspera, maÌs sana... Observe que no utilizo ninguÌn calificativo de iÌndole poliÌtica. En muy pocos años conocimos el trabajo formidable de personalidades como Mercedes Maestre, Amparo Poch, Teresa de LeoÌn, Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken, Federica Montseny... juzgue usted mismo.
–Pasado el doble de tiempo ya, queÌ diferencia a aquella mujer de la actual.
–La mujer española en la dictadura, especialmente hasta mediados de los sesenta, estaba en un plano de absoluta inferioridad frente al varoÌn: No podiÌa estudiar nada que no fuese acorde con la femineidad, ni administrar sus bienes, no teniÌa derechos poliÌticos, ni trabajar sin autorizacioÌn, no podiÌa abrir una cuenta bancaria, ni viajar, ni divorciarse, el adulterio era un desliz en el hombre y un delito en la mujer... Una situacioÌn de sometimiento a la "misioÌn" que le adjudicaba el Estado, el padre, el marido... ComprenderaÌ que hoy todo eso resulta un tanto absurdo, pero no lo era hace cincuenta o sesenta años en España. Hoy, como no podriÌa ser de otra forma, la mujer disfruta de la misma proteccioÌn legal que los hombres.
–¿Sufrieron por igual esa regresioÌn a la inferioridad en aquella etapa las mujeres rurales que las que viviÌan en las ciudades?
–El llamado ReÌgimen de Franco persiguioÌ una intensa labor uniformadora de la poblacioÌn, tambieÌn de las mujeres. No obstante ello, el contexto socioeconoÌmico fue maÌs duro en el mundo rural para las mujeres. En el campo habiÌa muchas penas y pocos divertimentos para todos y para ellas, casi ninguno: misas, rosarios, velatorios, reuniones de costura, alguna partida de baraja con vecinas y poco maÌs. Nada de bares, juegos de hombre, bodegas... En las ciudades pronto volvioÌ el cine, los ciÌrculos de mujeres, los paseos... en fin, poco pero algo maÌs. En ninguno de los dos casos se devolvieron derechos a la mujer: La mano de hierro de la SeccioÌn Femenina lo controlaba todo.
–"Todos los personajes, por encima de las dificultades y oprobios, son madera vieja de un ruralismo lorquiano que se alza como identidad de un paiÌs en el que la influencia de la mujer siempre ha sido decisiva", dice literalmente. ¿La sociedad rural española ha dejado del todo de ser lorquiana?
–Radicalmente siÌ. Federico GarciÌa Lorca fue un genio que retratoÌ de manera magistral en sus obras la sociedad de su tiempo, pero afortunadamente esa realidad ya no existe. Los grandes anhelos y tabuÌes que inspiraron los personajes del poeta granadino se los llevoÌ la educacioÌn (que tambieÌn ha llegado a nuestros campos), el conocimiento, el cine, la muÌsica, la radio, la televisioÌn, los viajes, la permeabilidad social. La identidad de la España moderna es perfectamente homologable a cualquiera de los paiÌses de nuestro entorno.
–Trapiello afirma que "Los que ganaron la guerra perdieron los manuales de literatura" ¿Solo la literatura puede reparar y restablecer el ostracismo de aquella mujer española?
–Respeto y admiro a don AndreÌs y estoy de acuerdo con esa afirmacioÌn. Madera Vieja es buena prueba de ello. Durante la dictadura, por distintas razones, muchas mujeres escribieron bajo seudoÌnimos e incluso con el nombre de su marido. Es obvio que en los años de posguerra la diaÌspora congeloÌ la literatura española, pero avanzada la deÌcada de los cincuenta surgioÌ un movimiento en el interior, tambieÌn de mujeres, que hicieron una labor literaria muy meritoria: Carmen Laforet, Ana MariÌa Matute, Josefina Carabias, Concha FernaÌndez, Elena Quiro- ga, Josefina Aldecoa...Son solo algunos ejemplos.
Fuente: J.A.G./La Opinión-El Correo de Zamora.



























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