TELDEACTUALIDAD
Telde.- La lucha de los aparceros del Sur de Gran Canaria para la mejora de sus condiciones labores y de vida y las invasiones del cigarrón berberisco centraron este jueves las dos charlas del tercer día de las XIV Jornadas sobre Etnografía y Folclore que culminan este viernes en La Pardilla, organizadas por la Asociación Cultural Tyldet. TA avanza imágenes de las dos conferencias.
En la primera charla sobre las luchas aparceras en el sur grancanario durante los años 60, las vivencias relatadas por José Luis Pérez Ojeda (83 años), histórico dirigente del movimiento de los trabajadores del cultivo de tomates, cautivaron al medio de centenar de personas que siguió con mucho interés sus anécdotas y aplaudieron en varias ocasiones su interesante y lúcida exposición, complementada con la visión de estas protestas que ofreció también Domingo Viera González, trabajador social y sacerdote durante 6 años en Castillo del Romeral y Juan Grande.
La lucha en la aparcería
(Fuente Cristina González-C7)
El sacerdote y trabajador social Domingo Viera, junto al aparcero y luchador José Luis Pérez Ojeda, echaron ayer la vista atrás y recordaron la intensa y dura lucha por los derechos de la aparcería en Gran Canaria. Criticaron que en los últimos años los trabajadores los hayan perdido.
Las XIV Jornadas de Estudio sobre Etnografía y Folclore, Jorge Vega Peña, se centraron este jueves en las luchas aparceras, especialmente en el sur grancanario, que se extendieron posteriormente a toda la Isla. José Luis Pérez, a sus 83 años, asegura que todavía trabaja para el bien como lo hizo durante décadas como aparcero.
Una lucha que, recordó, comenzó a finales de los sesenta y que logró parte de sus reivindicaciones a principio de los setenta con una norma de obligado cumplimiento que mejoró sus condiciones de trabajo. Fue gracias a que unos 400 trabajadores fueron a la capital grancanaria y tomaran el Sindicato Vertical. No lograron los mismos derechos que otros sectores, pero sí un gran avance.
Pérez rememoró las pésimas condiciones en las que vivían, pero también la explotación, tanto para los hombres como para las mujeres, además de los riesgos con el uso de insecticidas. Reconoce que el principal logro que tuvieron fue gracias al abogado Carlos Suárez Cabrera, conocido como látigo negro por ser el azote de los empresarios.
El aparcero explicó que pese a las luchas de los trabajadores hace tantas décadas, en la actualidad hay sectores que han retrocedido en derechos. «La hostelería está hoy peor que como estaban los aparceros», con la gravedad de que hay menos conciencia de clase y hay más separatismo, explicó. «Ahora hay más borregos y más gente ignorante con más estudios», puntualizó.
En la misma línea disertó Domingo Viera González, trabajador social y sacerdote durante seis años en Castillo del Romeral y Juan Grande, que se centró en otra lucha, la de las escuelas y las guarderías en las aparcerías. Un 14 de enero de 1975, tras una asamblea, cortaron durante horas la carretera al sur para reivindicar que se hicieran. La del Matorral la consiguieron tras la firma, con ese compromiso, del alcalde encima del altar de la iglesia de Juan Grande. Un paso de gigante en la reivindicación de la cultura y la educación.
Viera también ve un paralelismo en las situaciones de los trabajadores y las familias de entonces y las actuales tras los recortes por la crisis. «Los convenios fueron conquistados a base de luchas muy duras y con una firma nos quitaron todos los derechos», resumió.
(Ampliación viernes 6 de mayo de 2016)
Plagas del cigarrón berberisco
En la segunda ponencia, las frecuentes arribadas a la Isla del cigarrón berberisco y su amenaza constante para la agricultura fueron objeto de exposición por Manuel Ramírez Muñoz, Graduado Social; licenciado y doctor en Geografía e Historia por la UNED; profesor del Centro Asociado de la UNED en Las Palmas de G.C. e investigador.
Cuatro grandes plagas de cigarrón berberisco arrasaron Canarias en la pasada centuria. La más grave, por los destrozos en la agricultura, fue la de 1954. En ese año, un testimonio del propietario de una finca de plátanos recogido en el Diario de las Palmas relata los materiales utilizados para combatir la plaga de langosta. “Quemé unos doce mil kilos de paja de pienso, cinco mil litros de gasoil, quinientas sesenta docenas de voladores, setecientos kilos de azufre, cincuenta kilos de sulfurol, siete u ocho gomas de automóvil y todas las hojas que tenía preparadas para el empaquetado de los racimos de plátanos de exportación». En último caso, se acudía a la iglesia: plegarias, oraciones, exorcismos o la patrona en procesión hasta la catedral.
Ramírez Muñoz señaló que los vecinos de Cercados de Araña, en Gran Canaria, en cierta ocasión se negaron a colaborar en las labores de extinción diciendo que “como es castigo de Dios, únicamente deben y pueden extinguirla los curas con sus exorcismos».
A partir de la implacable plaga de 1954, se inició una nueva táctica, la de la lucha química. Este fue el método definitivo que consiguió, al menos, plantar cara al insaciable enemigo. En 1988, en medio de una oleada de langosta sobre Canarias, un artículo de Antonio Cruz en ABC dice: "La Consejería ha habilitado todos los dispositivos para hacer frente a la plaga, y un helicóptero sobrevuela toda la franja del sureste de la isla para realizar las fumigaciones".
Las dos últimas ponencias
Las jornadas que se vienen celebrando desde el pasado martes en el salón de actos de la nueva Casa del Agricultor de Telde, ubicada en La Pardilla, culminan este viernes con dos ponencias.
A las 19.30 horas, Tomates y turismo será el tema que abordará Pedro J. Franco López, técnico de Cultura y escritor.
Una hora después, la participación de las mujeres en el cultivo del tomate en aparcería formará el eje central de la charla que impartirá Rosa María Hernández Rodríguez, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología (Sección Sociología), doctora en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y profesora de Sociología de la Universidad de La Laguna.



























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