¡Buenas noches!, miembros de la Orden de los Inocentes y demás asistentes, deseo que amigos todos.Dice nuestro filósofo Carlos Díaz: "Uno puede defenderse bien de los ataques infundados, pero contra los elogios está indefenso". Pues eso me pasa aquí y ahora. Porque Navidad y vanidad tienen las mismas letras pero en orden diferente, espero que mi ingreso no traiga desorden.Ya decía El Predicador en Eclesiastés 1.2 : " Vanitas vanitatum et omnia vanitas” - que en lengua más cristianada quiere decir: Vanidad de vanidades, todos es vanidad. ¡Es uno Inocente del 2015!, bueno eso quiere decir que por lo menos no soy culpable, ¡sí!, no soy culpable de cumplir con todos esos elogios y buenas palabras.¡En fin !, embargado por la emoción, embargo que prefiero al de Hacienda, decirles que el año de 1956, es para uno año de las independencias por excelencia, verán.En orden de menor a mayor antigüedad, su excelencia el generalísimo, dio la independencia a Marruecos en abril (en la parte proporcional del Protectorado Español, pues en marzo la había dado Francia). En marzo, logré la independencia corpórea de mi Excelente Madre: ¡Nací! En febrero una persistente lluvia trae tal campanazo, que henchida de gozo y agua, una ladera del pago de Rosiana, Santa Lucía, pretende independizarse moviendo casas y saltando la clave del puente tendido sobre el barranco, con música de cañonazo. Y de la lluvia quiero contarles una leyenda de la Tribu Masai:Las enseñanzas del Dios de la LluviaUn día, hace muchos años, el elefante dijo al Dios de la Lluvia: Debe usted estar muy satisfecho, porque se las arregló para cubrir toda la tierra de verde; ¿pero qué pasaría si arranco toda la hierba, todos los árboles y arbustos? No quedará nada verde. ¿Qué haría Ud. en ese caso?El Dios de la Lluvia le contestó: Si dejara de enviar la lluvia, no crecerían más plantas y no tendrías nada para comer. ¿Qué sucedería entonces? Pero el elefante quería desafiarlo y comenzó a arrancar todos los árboles, los arbustos y la hierba con su trompa, para destruir todo lo verde de la tierra.Así pues, el Dios de la Lluvia, ofendido, hizo que cesara la lluvia y los desiertos se extendieron por todas partes. El elefante se moría de sed; intento cavar por donde antes pasaban los ríos, pero no pudo encontrar una gota de agua.Al final alabó al Dios de la Lluvia: Señor, me he portado mal. Fui arrogante y me arrepiento. Por favor, olvídelo y deje que vuelva la lluvia. Pero el Dios de la Lluvia continuaba en silencio.Pasaban los días y cada día era mas seco que el anterior. El elefante envió al gallo en su lugar para que alabara al Dios de la Lluvia. El gallo lo buscó por todas partes, al final lo encontró escondido en una nube. Le dijo quién era y lo alabó por la lluvia con tanta elocuencia que el Dios de la Lluvia decidió enviar un poco de lluvia.La lluvia cayó tal como el Dios de la Lluvia le había prometido al gallo y se formó un pequeño charco cerca de donde vivía el elefante. Ese día, el elefante fue al bosque a comer y dejó a la tortuga encargada de proteger el charco con estas palabras :Tortuga, si alguien viene aquí a beber, les dirás que éste es mi charco personal y que nadie puede beber de aquí. Cuando el elefante se fue, muchos animales sedientos vinieron al charco, pero la tortuga no les dejó beber diciendo : Este agua pertenece a su majestad el elefante;¡no pueden beberla!Pero cuando llegó el león, no le impresionaron las palabras de la tortuga. La miró, le dijo que se fuera y bebió agua hasta calmar su sed. Se fue sin decir más palabras. Cuando el elefante volvió quedaba muy poco agua en el charco. La tortuga intentó defenderse: Señor, soy apenas un animalito y los otros animales no me respetan. Vino el león, y yo me aparté. ¿ Qué podía hacer ? Después de eso, todos los animales bebieron libremente.El elefante, furioso, levantó la pata sobre la tortuga con la intención de aplastarla. Afortunadamente, la tortuga es muy fuerte y pudo arreglárselas para sobrevivir. Pero desde entonces la tortuga tiene su parte inferior plana. De pronto todos los animales oyeron la voz del Dios de la Lluvia que les decía: No hagan como el elefante. No desafíen a los más fuertes, no destruyan lo que puedan necesitar en el futuro, no pidan a los débiles que defiendan su propiedad y no castiguen al criado inocente. Pero, sobre todo, no sean arrogantes y n o intenten apropiarse de todo; permitan que los necesitados compartan su fortuna.
Zerpa interpreta el villancico dedicado el belenista José Sánchez.
Fernando Ojeda, premio Inocente 2015, lee su discurso.


























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