TELDEACTUALIDAD
Telde.- En los años de la crisis fueron casi un oasis para el sector de la construcción en Telde. El Lomo de Taliarte vio crecer las únicas casas que se levantaron en la ciudad entre 2008 y 2014. Pero hoy aquel oasis se seca de abandono. Edificios de vanguardia comparten protagonismo con basura y excrementos de perros.
Hubo un momento en que los medios de comunicación pusieron los focos en esta urbanización. Cuando contratistas y albañiles estuvieron casi al borde de la extinción, este lomo situado a caballo entre Taliarte, Melenara y Playa del Hombre se convirtió en una reserva protegida para esta cualificación profesional.
En pocos años se levantaron construcciones muy singulares, de aquellas en las que el arquitecto deja su sello. Fueron una bocanada de aire fresco para la construcción en mitad de un desolador desierto laboral. Pero Telde no les ha sabido corresponder, según se detalla en una información de Canarias7.
Ahora los vecinos de este nuevo barrio piden que se les dé el mismo trato que a los demás y, por ahora, solo reciben evasivas por parte del Ayuntamiento. Las calles están llenas de basura. Aseguran los que ya residen aquí que por ellas «no pasa ni un empleado público a limpiar o a recoger», es decir, que no está en los circuitos de batida diaria o semanal de los barrenderos municipales. Para colmo, esa sensación de abandono y de que el barrio no está acabado, porque, no en vano, quedan aún muchos solares por ocupar, atrae a los dueños de perros, que usan sus calles para que sus mascotas hagan sus necesidades, y a los que se amparan en la oscuridad para consumir drogas en sus coches, en los tramos de vía en los que aún no hay viviendas. Además, hay 11 casas en construcción que han sido víctimas de robos. Los amigos de lo ajeno entran y se llevan material. Aquí ya viven vecinos, pero el Ayuntamiento los trata como un solar.
Los vecinos se quejan de que el Ayuntamiento «no está por la labor de garantizar los servicios mínimos» de esta urbanización, una zona residencial de medio alto standing que, usando el mismo término con el que ellos mismos se califican, nació del ánimo de un «grupo de locos» que, en mitad de una de las peores crisis económicas de la historia de España, urbanizó los antiguos tomateros de los Betancor, dueños y promotores de estos terrenos.
Ahora hay una parte de las casas que están terminadas y habitadas, pero sus vecinos viven en un Telde de otra época, sin servicios de limpieza, de parques y jardines, ni de internet y telefonía, porque, según aseguran, el Ayuntamiento «marea la perdiz» de los operadores de estos servicios que han pedido autorización municipal para desplegar sus redes en este lomo. Hoy es un barrio abandonado, escondido y silenciado a un paso de los grandes polos residenciales de la costa de Telde y de playas con bandera azul.
Fuente: Texto de Gaumet Florido (C7)




























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