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Un grupo de antiguos alumnos del Instituto Laboral durante el almuerzo (Foto Jesús Ruiz) Un grupo de antiguos alumnos del Instituto Laboral durante el almuerzo (Foto Jesús Ruiz)

Reencuentro fraternal de los alumnos del antiguo Instituto Laboral de Telde

El colectivo volvió a compartir mesa y mantel para rememorar viejos tiempos en su tradicional almuerzo

Dojeda Lunes, 30 de Noviembre de 2015 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD
Telde.- El mes de noviembre llega a su fin y eso significa para los antiguos alumnos del Instituto Laboral de Telde un nostálgico reencuentro con muchos de sus compañeros de pupitre. Como cada año, el colectivo volvió a reunirse para celebrar un almuerzo de confraternización que en esta ocasión se celebró en el vecino municipio de Valsequillo.
 
La Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto Laboral de Telde (actual IES José Arencibia Gil) disfrutó este pasado sábado, 28 de noviembre, de su tradicional comida anual. Una emotiva cita que se repite cada año por estas fechas para rememorar viejos tiempos y saludar a antiguos compañeros de clases, y que se desarrolló en el restaurante La Culata II.
 
TA ofrece una completa crónica y reportaje gráfico del colaborador Jesús Ruiz sobre el encuentro:
No quiero comenzar este reportaje que cada año dedico al encuentro y comida de confraternización que celebramos la Asociación de Antiguos Alumnos/as del Instituto Laboral de Telde, este año 2015, el pasado 28, último sábado de noviembre, sin hacer mención de los que por asuntos propios, convalecencias o compromisos de agenda personal no pudieron asistir a la cita anual de nuestra comida, que se les recordó y, por supuesto, echó mucho de menos. El encuentro transcurrió como de costumbre en excelente camaradería y mejor disposición de ánimos para, las sesenta personas que allí acudimos, en este corto espacio de tiempo, saludarnos, cambiar impresiones y desearnos lo mejor, hechos y deseos por lo que se brindó.
 
Hace unos días subía desde San Juan atravesando la antigua calle de Los Baluartes, hoy de Pérez Galdós; llegando al edificio del centro docente IES José Arencibia Gil, nuestro histórico Instituto Laboral de Telde, un numeroso grupo de jóvenes salían en todas direcciones prestos a dirigirse a sus domicilios o quehaceres habituales después de haber cumplido el horario lectivo de clases. Rambla del Cabildo arriba, Avenida de la Constitución, Pérez Galdós, abajo, me afluyeron a la mente nuestras salidas de clase en los años en que esta zona del Telde de los cincuenta y sesenta no podía imaginar los cambios urbanos posteriores.
 
Un tiempo en que terminadas las clases regresábamos a nuestros domicilios después de llevar en la cabeza lo que sobre las pizarras, entre las sillas y pupitres de color verde, con razonables dudas, seguros o no habíamos aprendido, bien anotado en las libretas, libros y apuntes, con el olor impregnado de la tiza, borrador y aires de estudiantes afortunados. En nuestra piel las horas de prácticas del taller de carpintería, electricidad y mecánica, a las ordenes y aprendizaje de los profes, maestros de taller, que significaron mucho en estas especialidades y que recordamos siempre con el cariño que se merecen, dedicándoles rótulos con sus nombres en el callejero de Telde; o las clases de gimnasia en el patio central del nuestro Instituto que aún estaba por acabar.
 
Actos docentes que con frecuencia tenían lugar en el amplio salón de actos que ya era un lujo y que algunas veces se usó para pasar los temidos exámenes. Precisamente en el lateral izquierdo de esta sala cuelgan fotografías en blanco y negro que reflejan actividades en este salón y en otras dependencias del centro. Allí figuran profesores, y alumnos que hoy en este final de noviembre nos reunimos para revivir y celebrar aquellos días. Fue otro tiempo, ni mejor ni peor el que nos tocó vivir. Así es la vida.
 
Inimaginable, solo para los futuristas y visionarios, que ya los había, el pensar que podíamos andar por la rue hablando con un móvil de última generación, o metidos en la red con el whatsapp, facebook, enlaces compartidos, visualizaciones en pantalla, aplicaciones para todo, con el amigo, la amiga, el colega, o el familiar más cercano, que ya con estas comunicaciones no queda nada lejos, y dale que te pego al whatsappeando. Resolviendo, consultando, copia-pego, dudas en tiempo real y servidos en el monitor del PC, en Internet, en la Wikipedia, eso sí, excesivamente comunicados, con la información a la carta, al instante y buscando la forma de procesar todo esta contemporaneidad tecnológica, que nos abruma. Quizás tanto proceso y exceso de operatividad mecánica nos está llevando a una despersonalización de la relación humana del contacto directo que a veces asusta. ¡Qué cosa lo de que las ciencias adelantan que es una barbaridad! ¡Oiga a saber hasta dónde vamos a llegar como esto siga así!
 
Esto se decía hace un siglo y aquí estamos, con los tiempos que corren, siglo XXI. Lo del pasado siglo XX cambalache problemático y febril, que ya suena a una distancia cósmica, solo cuenta en la memoria de las experiencias vividas. Ha ido todo tan rápido y, sobre todo, desde la atalaya de los años que vamos cumpliendo, parece que las hojas del almanaque no las arrancamos, se caen solas. El segundo, el minuto, la hora y el día tienen la misma medida de tiempo para el joven con el que me cruzo en mis andanzas por Telde, que el compañero o compañera de fatigas de estudios y de vida laboral, ya jubilados todos y todas, o para los que nos reunimos cada año para festejar, celebrar aquel tiempo tan feliz, que compartimos y que se nos va más rápido, razón del tempus fugit.
 
Quién podría imaginar que en nuestras marchas las tardes de los miércoles o jueves al Campo de Prácticas en la Cruz de Jerez, ahora se podrían realizar ante un monitor, con una Tablet o un programa informático preparado para visualizar aquellas enseñanzas que don Héctor Rúa Figueroa, o don Melanio Alfageme Julve, nos indicaban sobre el terreno, sobre los surcos que formaban los diferentes espacios, cercados dedicados a la enseñanza de los diferentes cultivos propios de nuestra zona canaria con la especificación de especialidad en cultivos tropicales como se mostraba en el título de Bachiller que nos ganábamos a fuerza de apretar los codos contra la mesa, contra el poyete de la cocina, con la radio a medio gas, adormilados en casa, o temblando ante un examen trimestral o fin de curso un poco dudoso de resolver. Pasando la adolescencia de la ingenua mirada y la inocencia en la cotidiana espera existencial de nuestra juventud a una prueba de madurez, que nos abriría las puertas a los estudios superiores universitarios o de otra índole académica.
 
Estos jóvenes anónimos que veo con frecuencia salir del IES José Arencibia Gil, con los que me solidarizo por el recuerdo de lo que nosotros fuimos, los veo, observo y pienso que el nuestro fue otro tiempo. Ellos y ellas hacen, construyen, el suyo ahora, para conseguir, si la crisis lo remedia y el futuro se les presenta más halagüeño, un status social, un bienestar basado en la preparación que adquieren ahora para, en libertad, democracia, igualdad y respeto a la sociedad, progresar hacia una generación más culta, preparada y decisiva, con más poder personal de elegir en libertad sus opciones ante las situaciones que les vaya presentando la vida.
 
Nosotros aquellos años todavía estábamos por verlas venir. Aún tendríamos que esperar un largo tiempo en el que crecimos y nos hicimos adultos, y de una forma u otra, los que por circunstancias que no es este el caso ni la situación para analizar, pudimos tomar de las enseñanzas del cuadro de profesores del Instituto Laboral de Telde, o como en mi caso, procediendo del Colegio Labor, del que guardo igualmente unos gratísimos recuerdos de su cuadro de profesores, los compañeros de clase y el buen ambiente colegial, para, en ambos casos, tomar lo mejor que se nos ofrecía en los programas educativos de las leyes de educación vigentes por aquellos años.
Volviendo a la celebración y comida de confraternización que tuvo lugar el Restaurante La Culata II de Las Vegas de Valsequillo, y las excelentes atenciones de su personal, las compañeras Mari Carmen Herrera Lorenzo y María del Carmen Trujillo Sánchez dirigieron unas palabras en memoria de los ausentes. Se dedicó un recuerdo especial a Adolfo Santana; Mari Carmen Herrera, recordó la alusión a una frase que pronunció el profesor don Manuel Mayor en referencia a la persona de Adolfo Santana: “Se necesitan tres cualidades para ser un buen estudiante, memoria, inteligencia y voluntad y Adolfo en esa época contaba con esas tres cualidades.
 
Esto se me ha quedado en su recuerdo”. Mari Carmen Trujillo expresa el reconocimiento a la compañera, persona importante y la más asidua en estos encuentros, que a su llamada acude desde el principio, buena lectora y mejor persona, Inés Carreño. Se le hace entrega de un ramo de flores con la felicitación y agradecimiento por mantener el calor y la comunicación de todos los alumnos y alumnas en estos encuentros anuales y durante el resto del año por su comunicación e interés por los demás. A continuación se guardó un minuto de silencio por los compañeros fallecidos.
 
A los postres y degustada la tarta con las inscripción del deseo de felicitación se procedió al sorteo de una magnifica cesta de navidad, cupones con los números que se entregaron a la entrada del acto. Extraído por una mano inocente el boleto de la suerte recayó en el número 33. A la compañera Carmen Delia, poseedora de dichos dígitos, se le hace entrega de esta soberbia cesta que recibe con sorpresa, gusto y agradecimiento, con la alegría y el aplauso de todos y todas.
 
El compañero Juan Manuel López González debido a la preparación y ensayos de su próximo concierto lírico no pudo asistir a esta comida. Para conocimiento de este evento musical, se depositaron carteles del programa y repertorio de dicha actuación, que tendrá lugar en la Iglesia Conventual del Barrio de San Francisco de Telde, el lunes 30 de noviembre a las 20:00 hs.
 
Tuvimos la inmensa suerte de contar con el escritor, poeta y antiguo alumno del Instituto Laboral, Julio Pérez Tejera, colaborador de innumerables actos culturales, literarios, artísticos. En este día pudimos escuchar dos bellos poemas de su voz, puño y letra. Con su excelente disposición y mejor hacer por todos los presentes, recitó los versos que mucho tienen que ver con lo expuesto en este reportaje.
 
Poemas que están incluidos en su último poemario Amorosa Presencia, presentado el pasado 11 de noviembre en la Biblioteca Municipal de Arnao, obra que puso a disposición de los asistentes con su firma dedicada. Edición de Mercurio Editorial de la Biblioteca Canaria de Lecturas, que ya cuenta, entre otras, con la obra Caleidoscopio, extraordinario trabajo de Julio Pérez que fue elegido para inaugurar la Biblioteca Canaria de Lecturas. Editorial a cargo del Doctor en Filología Española por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Victoriano Santana Sanjurjo, gran Cervantista, especialista en la Literatura Española del Siglo de Oro.
 
Primer poema: Vivir es una larga despedida,/ confiando en el regreso y el abrazo./ Por eso voy buscando, a cada paso,/ dejarme el corazón en la partida,/ en un intento de sentirme vivo./ En este instante, mi alma se demora/ apurando las heces del ahora/ para ofrecerte estos versos que escribo/ como acta notarial, un documento/ con el que eternizar este momento/ del encuentro, el amor y la amistad;/ porque, aunque el tiempo borre su memoria,/ ser de verdad será toda su gloria;/ su plenitud será su eternidad./
 
Segundo poema: Las manos se me van detrás de ti,/ que amas la libertad más que mis besos;/ las manos se me van, tal vez por eso,/ queriendo retenerte para mí./ Gorrión elemental de tantas horas/ de verte entrar, salir, por las ventanas,/ palmero juguetón que en las mañanas/ recibes con revuelos a la aurora./ Continuo vas y vienes a la casa,/ a donde te reclaman tus polluelos,/ trayendo a cada vuelta de tus vuelos,/ prendida en ti la luz por donde pasas./ Las brasas de los picos en el nido,/ abiertas como rojas llamaradas;/ abierto el corazón y la mirada,/ de tus evoluciones voy prendido./ Humildemente digo: <.
 
Bellísimas composiciones literarias que llenaron de poesía el momento final de este encuentro que tocaba a su fin, y no para una despedida, un adiós, o hasta la vuelta, sino para rememorar un tiempo que está ahí, que pervive en la memoria de todos los que ausentes y presentes formamos parte de esa historia que en soledad por las calles de la secular Telle, el Telde de ayer, de hoy y de siempre, recordamos los alumnos y alumnas, que desde la ciudad y de otros municipios, pasamos por las aulas del Instituto Laboral de Telde.
 
Con la foto de familia, el abrazo y el precioso encuentro revivido en este ya final de 2015, con los ecos de las conversaciones, algunas canciones que a capela sonaron muy bien, y las copas al aire por el brindis con el deseo de un futuro esperanzador y felices próximas Navidades, cumplimos con la cita anual de la Asociación de Antiguos Alumnos y Alumnas del Instituto Laboral de Telde. Compañeras, compañeros, amigas, amigos todos, buena suerte, buena salud y nos vemos el próximo año. Muchas gracias.
Jesús Ruiz Mesa es antiguo alumno del Instituto Laboral de Telde y colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.
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