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Telde.- Eloy Santana Rodríguez se jubila. Después de convertir en profesión una de sus pasiones, y pasar 50 años entre pistones y carburadores, este amante del motor, propietario de uno de los negocios de reparación y venta de motocicletas más antiguos y conocidos no solo ya de Telde, sino de Gran Canaria, echó el cerrojo el pasado viernes. Mañana sábado, sobre las 20.00 horas, el Viejas Glorias le brindará en el parque de San Juan un cariñoso homenaje en reconocimiento a su trayectoria.
Nació un 27 de julio entre La Gavia y Valle Casares, del año 50 para ser más exactos. El segundo de cinco hermanos de una familia que pronto se vería obligada a cambiar de aires, dejando atrás el agreste y apacible paisaje de la zona cumbrera por el bullicio y la efervescente vida de Los Llanos de Jaraquemada.
En el corazón de este barrio, en uno de sus estrechos callejones, vivió buena parte de su infancia y adolescencia. Etapa que precisamente esta mañana recordaba a muy pocos metros de allí, en una cafetería de la calle Juan Diego de la Fuente, evocando cómo la diabetes dejó ciego a su padre y a los 13 años no le quedó más remedio que convertirse en su lazarillo, guiándolo por las calles de Telde como vendedor de cupones.
Una actividad que le ocupaba buena parte del día -en su memoria aún perduran recuerdos de aquellas interminables jornadas que comenzaban al alba, sobre las cinco de la mañana, y que se extendían más allá de las seis de la tarde- y que aún siendo un chaval comienza a compatibilizar con la de aprendiz de mecánico en el taller del siempre recordado Manolo Rodríguez El Vaquero, primo suyo y otro gran aficionado al mundo del motor.
Dedicándose en cuerpo y alma hasta altas horas de la noche, es entonces cuando Eloy Santana empieza a adquirir todos esos conocimientos y experiencia que le valdrían para dirigir un próspero negocio que durante medio siglo ha sido el principal sustento de su familia. Con a penas 16 o 17 años le compra todas las herramientas a su patrón y funda Motos Eloy en un pequeño local de la calle José Vélez.
Un taller de reparación que más tarde ampliaría dando cabida también a un bazar de repuestos e incluso a una exposición de ventas en la calle Ruiz Muñiz. Bajo su mando llega a tener hasta 7 empleados, (siendo 5 de ellos mecánicos) y se puede decir que por sus manos han pasado prácticamente motos de todas las marcas y modelos. Desde Hondas, hasta Puch, Suzukis, Derbis, Yamahas, etc.
Su etapa más boyante, sin duda la década de los 80. La fiebre por el motociclismo se extendió y caló tan hondo que por aquel entonces llegaba a facturar más por los extras que pedían sus clientes que por las propias motos que les vendía.
Una destacada faceta como piloto
Pero Eloy Santana no solo es conocido por su faceta de mecánico y vendedor. También se labró un reconocido prestigio como piloto, especialmente de coches, que siempre han sido su verdadera pasión.
Con todo lujo de detalles y al calor de un gustoso café, rescata de su memoria aquella primera subida a Cruz Grande en el año 74, a los mandos de un Mini Cooper.
Una experiencia que más tarde repetiría con un Alfa Romero, disputando las dos primeras ediciones del Rally Ciudad de Telde y del archipopular Islas Canarias El Corte Inglés, prueba esta última donde firmaría una exitosa actuación, decimotercero de la general y segundo del Grupo-1.
Por su manos también pasaría un Seat 1430 o un Fórmula, una especie de barqueta con la que en la década de los 80 superaría al mítico Medardo Pérez y a su potente BMW. Un hito del que pocos pueden presumir y por el que incluso le llegaría a pedir disculpas al célebre piloto palmero.
Prácticamente durante toda su trayectoria como piloto de rallys corrió con coches privados que el mismo sufragaba de su bolsillo. Salvo en una ocasión, cuando Juan Armas lo trajo a su equipo oficial con un Hyundai Pony. También tuvo otra posibilidad, cuando BMW le propuso formar parte de su escuadra junto a Medardo Pérez, ofrecimiento que rechazó y que más tarde aceptarían dos figuras del automovilismo regional como Jose Mari Ponce o Fernando Capdevila.
Pero si algo por algo se ha caracterizado siempre Eloy Santana ha sido por su abnegada dedicación a los negocios. El mayor de sus cuatro hijos y con quien también comparte nombre, recordaba esta mañana una curiosa anécdota. Con todo a su favor para proclamarse campeón regional de montaña, a falta de tres pruebas, vendió su coche tras recibir la oferta de un cliente. “Lo de mi padre no eran los títulos. Era demostrar que podía ir rápido y ganar a lo demás”, explicaba su vástago.
Ahora, con 65 años a sus espaldas, afronta una nueva etapa en su vida. La jubilación. Una condición que se puede decir que estrenará junto al cariñoso homenaje que recibirá el sábado, sobre las 20.00 horas, durante el Viejas Glorias. El evento motero más importante del Archipiélago y que este fin de semana convertirá al parque urbano de San Juan en cuna del motociclismo clásico.
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