TELDEACTUALIDAD
Telde.- El pasado 18 de septiembre Inmaculada Graus y sus hijos de 11 y 15 años iban a quedarse en la calle. Ese día estaba señalado el desahucio instado por un banco. Se salvó in extremis. Un fallo de su abogada la dejó indefensa y quiere contarlo para que no le pase a nadie más. Un caso que avanzó TELDEACTUALIDAD en su edición del pasado 16 de septiembre y que ahora reportajea el diario Canarias7.
Lo ha pasado muy mal. Hasta apenas días antes de la fecha del lanzamiento judicial previsto no supo que le iban a buscar una solución. Pero hasta ese momento se vio sola, amargada por la angustia de tener dos hijos menores de edad a su cargo (tiene tres más, pero no viven con ella) y a un paso de quedarse sin hogar. Una gestión in extremis de la alcaldesa, Carmen Hernández, y la «comprensión» del banco le evitaron al final el disgusto.
Todo empezó a gestarse a raíz de la ruptura de la relación que mantenía con el padre de su último hijo, de 11 años, a mediados de septiembre de 2009. Tras la separación, Inma, de 42 años, se reincorporó al mundo laboral con la idea de que le dejara seguir en la casa, porque era de él, a cambio de que ella le pagase la mitad de la hipoteca. «Me dijo que no y yo le advertí que no me dejaba otra salida que pelear en los tribunales». Le dejó claro que le iba a reclamar la manutención del niño y que ya sería el juzgado el que decidiese qué pasaba con el piso. «Entonces me amenazó: antes de que te quedes tú con la casa, se la queda el banco». La vivienda está en San Gregorio.
Al final Inmaculada ganó la guarda y custodia de su hijo, obligaron al padre a pasarle una pensión alimenticia de 275 euros al mes y le dejaron al niño y a su madre el usufructo de la vivienda. Eso fue también en 2009 y desde entonces, asegura, no supo nada más. Hasta que un mal día de septiembre de 2014 le tocan a la puerta y ve a una comitiva de enchaquetados, con los ojos como platos, porque no se la esperaban dentro. Venían a tomar posesión de la vivienda. «No sabía dónde meterme, me volví loca, y ese día, para colmo, teníamos pensado ir un rato a la playa y no fui porque me dio por ahí; si llego a ir, a la vuelta me hubiese encontrado la cerradura cambiada». Se paró el lanzamiento, pero el banco la metió en el procedimiento judicial y acabó ganando.
Faltó el registro
¿Cómo es que el banco no sabía que ella estaba dentro? ¿Y cómo la entidad ganó el desahucio contra Inma si ella tenía otra sentencia a su favor? Por dos razones. Las cuenta la propia Inmaculada. «Porque mi pareja les había asegurado que la casa estaba vacía y cerrada, les entregó el piso a cambio de que le quitaran parte de la deuda». Y segundo: «porque la abogada que me llevó la separación de mi relación de pareja de hecho con el padre del niño se olvidó o no tuvo en cuenta aportar la sentencia a la inscripción registral de la casa, así al banco le hubiera constado que sobre la vivienda pesaba un usufructo».
«Ha sido un trago terrible. Por eso no quiero que le pase a otras mujeres, que si se ven en un caso como el mío que vayan corriendo al Registro de la Propiedad y aporten la sentencia», se explica entre sollozos. «Es muy fácil verte en la calle pese a que la misma Justicia te ha dado antes el derecho a quedarte en la casa». Inma se salvó de chiripa, de ahí que pidiese también que haga constar su agradecimiento a la alcaldesa y a la entidad bancaria. Está a la espera de que el banco, al que prefiere no nombrar para no perjudicarlo, le fije un alquiler social para seguir en esta vivienda o en otra en la misma zona.
Todo embalado
En el piso donde residen Inma y sus dos hijos no queda casi nada. Y lo poco que queda sigue embalado. En cajas. Allí metió sus cosas porque aunque la alcaldesa le ofreció ayuda desde el primer momento, desde que la recibió «sobre la marcha» en julio pasado, pasaron las semanas sin que tuviera respuesta.
«Yo lo entiendo, la alcaldesa tiene muchas cosas y, aunque estuviera haciendo gestiones, no me iba a estar avisando al minuto». Por eso ella, desesperada, se empezó a buscar la vida, y como no tenía trabajo, su primera opción fue hacerse con un dinerillo para tener dónde meterse si se quedaba en la calle. Vendió todo: el termo, la lavadora, la nevera, la vitro, el horno… «Solo dejé mi cama, mi ropero y dos sofás». Ahora cocina en una butsir y ha pedido ayuda para comprar electrodomésticos. Mientras, sigue en la incertidumbre. El desahucio se paró, pero no sabe qué va a ser de ellos. Sus cosas siguen embaladas y solo cobra al mes los 275 euros que le pasa su ex.
Fuente: Texto de Gaumet Florido (C7).






























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