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Aspecto actual que presenta el mural del antiguo CEIP Rafael Alberti (Foto TA) Aspecto actual que presenta el mural del antiguo CEIP Rafael Alberti (Foto TA)

Jinámar y su peculiar 'muro de la vergüenza'

La composición pictórica más grande de Canarias, obra del artista valenciano Juan Genovés y un grupo de intelectuales canarios en los años 80, agoniza ante la desidia institucional

PePiTA Miércoles, 07 de Octubre de 2015 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Corría 1986 -o 1987, según otras fuentes- cuando Juan Genovés se plantó con un grupo de artistas canarios delante del muro que sostenía la cancha del antiguo colegio público Rafael Alberti, en la I primera fase del Valle de Jinámar. Tenían tarea para rato. Lo que en aquel inmenso lienzo de color gris cemento plasmó este grupo de intelectuales -durante varios días, tirando de brochas y pinceles y tras una extensa capa previa de pintura blanca- fue a un inquieto grupo de personas, de muchísimas personas, caminando de un lado hacia otro y haciendo aspavientos. Gentes que iban y venían y cuyos rasgos genéricos, bordando la abstracción, se han ido perdiendo con el paso de las décadas.

 

La obra de arte, de gran colorido, se convirtió en su día en el mural más grande de Canarias. Pero ese punto de valor en un barrio tan abandonado a su suerte no parece haber tenido la respuesta institucional que se merece. El colegio fue reconvertido hace años para cumplir con otras funciones debido a la pérdida de población infantil, y la pared externa no ha recibido en ningún momento atención alguna. Su grado de abandono y deterioro ha llegado a tal nivel que el propio Genovés, tras tener conocimiento estos días a través de TELDEACTUALIDAD de su actual aspecto, no ha dudado en calificar de “lamentable” lo que a ojos del vecindario hoy se presenta.

 

Y todo ello a pesar de que el 28 de marzo de 2000 la entonces concejala de Desarrollo Local y responsable de los proyectos del plan Urban en Jinámar, Josefa Milán, anunciase que su departamento trataría de rehabilitar la pieza tras contactar con el pintor valenciano y solicitar su visto bueno para una intervención con manos ajenas dadas las dificultades que tenía el artista para volver a Canarias y asumir el arreglo. Eso al menos fue lo que se publicó en la edición de La Provincia de aquel día, porque el 5 de agosto de aquel mismo año lo que trascendió en el mismo soporte es que ya Genovés había sugerido que se buscase a algunos de aquellos jóvenes talentos del Grupo Espiral que con él habían dado forma a la composición. Eran los años de la vorágine del Urban y de sus famosos 1.100 millones de pesetas. Mucho se hizo con aquel dinero, especialmente infraestructuras, como locales sociales o programas de formación de empleo, sin dejar atrás la creación de la infraestructura básica del mercadillo del barrio. Pero del mural, seña de identidad del barrio, nada de nada.

 

El caso en su día dio para mucho. Hasta el entonces director del centro educativo aseguró previamente que habían tratado de localizar al pintor y escultor valenciano publicando recortes de prensa en periódicos de la zona de Levante. Se busca a Juan Genovés. Intento infructuoso.

 

No es tan difícil dar con su paradero

A este medio digital, por contra, tan sólo le ha bastado 15 años después un rastreo por internet de dos minutos y 14 segundos de duración para localizarlo en la galería Marlborough -donde se mantiene activo a sus 85 primaveras- y recibir sus impresiones tras hacerle llegar una foto actual del mural. “Efectivamente, es de mi autoría. Fue un trabajo apasionante del taller realizado en Gran Canaria bajo mi dirección. Lamento que se encuentre en malas condiciones”. Es lo poco que ha podido articular tras quedar atónito visto lo visto.

 

Quienes tuvieron el honor de dar algo de lustre y color a esta esquina de Jinámar también abandonaron el barrio con el regocijo de ver cómo sus nombres quedaban grabados en el margen superior izquierdo del muro, que mide casi 90 metros de largo y unos cuatro de alto. Pero el tiempo ni siquiera los ha inmortalizado. Lluvia, viento, sol y otros agentes erosivos han hecho prácticamente desaparecer los caracteres. “Andrea” y algún que otro nombre más se puede seguir leyendo si uno trepa por el montículo que separa a esta pared de la vergüenza de la acera de la calle Manuel Alemán Álamo; los demás han sido víctimas también del ostracismo.

 

La red desvela que algunos artistas canarios que luego han prosperado y obtenido cierto reconocimiento, como es el caso de Marta Mariño y Paqui Martín, conformaron aquel inquieto Grupo Espiral que también dejó su huella en otros trabajos por la capital grancanaria. En sus páginas web se alude a su paso por los aledaños del Rafael Alberti. Ahora a los que les toca ponerse el mono de faena es a otros. Jinámar, como Berlín, tiene su propio muro de la vergüenza.

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