MANOLO OJEDA
Querido amigo: Don Miguel León Báez trabajaba en el Banco Bilbao de Telde allá por los años setenta y ochenta, y era un operario ejemplar que atendía con eficacia a la numerosa clientela que le conocíamos. Pero todos los méritos y parabienes de su trabajo se los llevaban los jefes, que nunca reconocieron el valor de su gestión. Un día, que debía estar harto de que lo utilizaran, dijo: "Para ser puta y no tener dinero, es preferible ser honrada..."
Siempre se ha dicho y con razón, que es mejor el lado bueno de las cosas malas, que el lado malo de las cosas buenas y, hasta de una manzana podrida, siempre se puede aprovechar un poquito.
Don Alejandro Dávila era el Director y propietario del Colegio Labor de Telde, un personaje carismático e inteligente, que un día nos sorprendió con esta decisión que te voy a contar.
Como en todos los colegios, siempre hay en clase alumnos ejemplares y otros que, aunque inteligentes, son más gamberros y revoltosos, y había que decidir entre todos ellos a alguno que, como jefe de curso, tuviese la suficiente autoridad como para acallar a toda aquella jauría de chiquillos. Y a Don Alejandro, avezado maestro en aquellas lides, no se le ocurrió otra cosa que la de nombrar como jefe de curso al más gamberro de todos nosotros, con lo cual, no solo se garantizaba que no fuera él el problema sino la solución. A ver quién se atrevía ahora a chulear al más chulo... Es, como te decía, saber aprovechar la parte buena de las cosas malas.
Ya conoces el dicho de que "Pueblo pequeño, infierno grande". Telde no es, seguramente, una excepción, aunque ya no tenga nada de pueblo ni mucho menos de pequeño pero, todavía conserva aquel vicio del mentidero de los pueblos y, aunque la gente ya no se conozca como antes, todo el mundo se atreve a calificar al otro justificándose en argumentos que son casi siempre inventados. Es el vicio convertido en costumbre, un deporte como otro cualquiera que se practica por entretenimiento.
Un día del aquel verano teldense de solajero y desgana, se le ocurrió a Tito Déniz, hábil deportista en cualquier disciplina de aquella época, saltarse a la torera la forma ortodoxa de lanzar la jabalina, agarrándola sin más y tirándola como los indios... Poco después y no sé cómo fue que todo el mundo tiraba la jabalina como Tito. Y es que no hay mal que por bien no venga.
Un abrazo y hasta la próxima, amigo.
Manolo Ojeda es natural de Telde y galerista de Arte.






























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