TELDEACTUALIDAD
Telde.- El 1 de junio pasado se cumplieron dos años de la muerte de Panchito Jiménez, el carismático tendero de la plaza de San Juan, el conversador nato de la última barra de una tienda de aceite y vinagre como Dios manda. Se fue Panchito, pero no se fue del todo. Su legado se mudó a Lomo Cementerio.
Sus estanterías, su pesa, sus botellines del año de Maricastaña, sus típicos tarros de cristal para los caramelos, su nevera de hierro, de hace 50 años... Solo se echa de menos a Panchito tras la barra, pero se siente su alma. Un empresario entusiasta de lo tradicional se gastó las perras y salvó de un destino incierto al que fue y es un museo del comercio en Gran Canaria de la segunda mitad del siglo XX, reconocido por la Fedac en la carta etnográfica de Telde. José Dávila conocía la tienda y cuando, tras la muerte de Panchito, se enteró de que sus herederos se estaban desprendiendo de parte de lo que allí había, acudió al rescate. «Primero me llevé cosas sueltas, pero hubo un momento en que me dije: ¿y por qué no me la llevo entera? pues eso hice», se explica.
Hace cinco meses, aproximadamente, que Dávila mudó a Lomo Cementerio la tienda que Panchito regentó en San Juan desde 1948, aunque, en realidad, era aún más antigua. Le preparó una habitación y recreó ese universo perdido en una finca, la suya, que lo fue en tiempos de la Condesa de Jinámar. «La pena es que parte de los muebles estaban destrozados y no pude recuperarlos; lo que logré salvar, está aquí, y lo que mandé a hacer nuevo es una imitación exacta». Por ejemplo, la barra con los huecos-escaparate de cristal.
José Dávila empieza a mostrar las joyas etnográficas de esta tienda y no termina. Le acompaña un amigo, Miguel Florido, también amante de este mundo en extinción. Entre las curiosidades, aparte de un sinfín de botellines y botellas de todo tipo y condición, de baya-baya, cerveza tropical, coñac y rones, señala un ingenioso y rudimentario medidor de sogas, medidores de leche y de aceite, sifones, y hasta un aparato para echar fly como si fuera un fuelle.
Luego el nuevo propietario ha aderezado el decorado con lo que hoy son atrezos, pero que en su día eran parte cotidiana de estos escenarios, como los sacos de grano que a la vez servían de asientos y hasta una máquina de madera dispensadora de tabaco.
Desde papelillos para fumar a corbatas para hacer luto
José Dávila, que lleva la representación de varias marcas de bebidas, tiene alma de coleccionista, de ahí que en su afán de conservar la tienda de Panchito Jiménez no dudase un segundo en llevarse toda clase de artículos, por más cotidianos que fueran. Inspecciona en una especie de cajoneras de mesa con apertura de puerta vertical, a imitación de las que estaban en la tienda, y enseña de todo, y la mayoría sin estrenar: desde piedras de mechero, trabas para los sujetadores, azafrán en hebras, gomas de cafetera, corbatas para el luto y para la fiesta, calcetines para niños y para adultos hasta petróleo para encender la cocinilla, jaboncillos luz, almidón para la ropa o papelillos para fumar. Por tener tiene hasta una bolsa llena de monedas antiguas, hasta de 2 pesetas de 1870.
Fuente: Texto de Gaumet Florido (Canarias 7)


























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.147