TELDEACTUALIDAD
Telde.- Si quiere conocer en vivo y en directo cómo era la sanidad pública en los años 80, no tiene más que atravesar el túnel del tiempo en que se ha convertido el Centro de Atención Especializada de San Juan y sentirá retroceder 30 años. Doctores sin un simple ordenador, ficheros en cajas en la
propia consulta, esperas excesivas.
Si el trabajo sale adelante es gracias al sacrificio y la vocación de los empleados de un servicio asistencial que abarca también a los municipios de Ingenio y Valsequillo. De resto, todo o casi todos son palos en las ruedas para una prestación sanitaria que, sobre el papel, dice responder a una sanidad pública de calidad, pero que los usuarios consultados identifican más con un servicio de caridad o de beneficencia.
Hay especialidades que entre las 11 de la mañana y las 14.30 horas de la tarde tienen citados a 56 pacientes. Es decir, que un doctor o doctora dispone de menos de tres minutos para atender al usuario. “A veces se quejan de que ni los miramos a la cara, ¿qué alguien me explique cómo lo hacemos entonces?”, se lamenta uno de los empleados.
La sobrecarga satura el servicio y complica una atención mínima de calidad. Se ven sin tiempo, pero el problema es que tampoco disponen de recursos decentes. Hay pruebas, como las de escáner, que ni siquiera pueden leerlas en las consultas. Tiene especialistas que no disponen de ordenadores en plena era de las nuevas tecnologías. Los datos no están informatizados. Y las historias de los pacientes, aunque controladas por el buen hacer de los profesionales, se guardan, sin las condiciones exigibles de privacidad, en archivadores medio estropeados, en el mejor de los casos, o en simples cajas, pero no en una sala especial, sino dentro de la propia consulta.
Sea como sea, ese tipo de custodia no es propia de un servicio público. Tanto es así que más de una vez se han deteriorado pruebas médicas o fichas personales de pacientes. La falta de espacio les obliga a usar también el alféizar interior de la ventana para colocar esas cajas-archivadores y las historias de los usuarios se han acabado mojando, porque cuando llueve el agua entra como Pedro por su casa. Los vanos no están bien impermeabilizados.
Para colmo, ni siquiera todas las camillas están cuidadas. Las hay remendadas. O los biombos, apañados por los propios enfermeros, que comparten despacho con el doctor. “Todo sale por voluntarismo”.
A todos estos males se une la inestabilidad laboral de parte de la plantilla de trabajadores del CAE. Pese a que se trata de profesionales muy cualificados, especialistas sanitarios que han de velar por la salud de miles de pacientes, se ven obligados a firmar sus contratos laborales mes a mes.
A la espera de la mudanza
Para colmo, este centro lleva años en espera de mudanza. Hace tiempo que el Gobierno de Canarias planificó el traslado del CAE de San Juan a El Calero, a las instalaciones de la antigua Clínica Doramas, donde también está radicado el centro de salud. Puede que con la mudanza ganen en recursos y mejoren las condiciones en las que tienen que atender a los pacientes, pero, en todo caso, dados los recortes, eso está aún por ver. Sanidad no les ha dicho cuándo se trasladan.
Fuente: Gaumet Florido (Canarias7)


























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