JESÚS RUIZ
Por estas fechas hace un año escribía: “Allí a los pies de la imagen del Santo Cristo sobre el madero de la Cruz, depositaron flores, estampas, imágenes, y las manos de los fieles, los besos de fervor religioso, pañuelos, o simplemente acariciando, sintiendo el roce del madero, suficiente para entablar en el silencio de cada espíritu el profundo diálogo de esperanza, de misericordia, perdón y gratitud ante el Cristo que nunca ha estado tan cerca de sus devotos como en estos últimos diez días”.
Reportaje realizado del acontecimiento religioso anual, por estas fechas de septiembre, mes de grandes celebraciones religiosas, tradicionales en numerosos lugares del archipiélago, entre el estío y el otoño recién llegado. En Telde un encuentro renovado cada año que mueve el fervor y la devoción ante el Santísimo Cristo de Telde, devoción que los teldenses, visitantes, fieles que a acuden a esta cita desde diferentes lugares de la isla y del archipiélago, vienen a mostrar sus oraciones, promesas, agradecimientos y a tocar el madero que a los pies del Cristo de Telde se deja acariciar por la abertura expresa de la urna que lo guarda en los momentos de su bajada, y previo a la subida.
Cantidades de fieles que van en aumento, impresionante la panorámica que desde el pie del altar mayor de la Basílica de San Juan Bautista de Telde, durante la bajada de la imagen, podemos captar en las tres naves y en el exterior ocupando toda el área central de la plaza de San Juan.
Diez días que los fieles han tenido la oportunidad de visitar y mostrar sus devociones ante la venerada imagen de un Cristo, grande, no por su tamaño, sino por la especial y carismática presencia de su talla, sus perfiles de gran sencillez artística, de una misericordia, templanza, descanso del alma y resignación, cuyo rostro traspasa el corazón de las gentes, bajo la corona de espinas, ligeramente inclinado sobre su hombro derecho, nos deja ver el rostro de un hombre en el que la muerte, representada por el infame castigo de la crucifixión, en ese dolor físico y moral, el sueño de la Vida eterna aflora en sus ojos.
El perdón, la misericordia, la esperanza, la tolerancia, la compresión, la caridad, la verdad de este misterioso mundo, de las cuestiones que planteamos los humanos, a veces sin respuestas, el principio, el fin, la fe en el Padre, el amor y la comprensión no con él, sino con el mundo a sus pies. Ojos de un hombre venido al mundo terrenal, para regalarnos señales, parábolas, milagros que desde la fe y la Palabra nos dan pistas para creer. Pies que sobre los caminos dejaron huellas y legiones de creyentes continuaron, y hoy aún dando ejemplo, son perseguidos. Brazos que desesperados o dando gracias elevaron sus manos al cielo para buscar, otear, o pedir clemencia por el sufrimiento, la búsqueda eterna por respuestas y soluciones.
Cuerpo que dolido cayó por el suelo cansado, derrotado, desesperado, humillado y aún tuvo fuerzas para llegar a la cima y seguir mirando con misericordia, con perdón al pueblo. En suma, ante ese Cristo, ante el que en estos días observamos sus ojos aún no cerrados del todo en un rostro, un cuerpo para contemplar y tomar su gran mensaje, ahí no acababa todo: Porqué me buscáis entre los muertos, si estoy entre los vivos.
El domingo 21 en la mañana en una visita al templo después de finalizada la liturgia, pude comprobar la belleza estética, artística, ante un escenario de diferentes composiciones y obras de arte que reflejan el principal motivo del porqué de esta sagrada conmemoración, centrada en la Pasión de Cristo, que en Telde, como en otras parroquias, se han caracterizado por el interés de su conservación, acercamiento y llamada a la reflexión colectiva e individual, la Bajada y Subida del Santo Cristo de Telde y Semana Santa, que en sus celebraciones eucarísticas, procesiones, cumplen con una tradición histórica, religiosa de gran importancia entre el pueblo de Telde y visitantes que acuden a esta cita con el Cristo de Telde, en el histórico núcleo y corazón del barrio de San Juan.
Luces internas que desde diferentes puntos de la arquitectura gótico mudéjar de la Basílica nos transfieren la idea del mensaje humano y divino: Yo soy la Luz de la Vida. Luces artificiales y naturales que desde los ventanales cuyas vidrieras filtraban unos efectos lumínicos de gran belleza, obras de arte, derramando luz y color sobre sus tallas, pinturas, trípticos, capillas, y, como fondo el gran escenario del retablo del altar mayor, con la hornacina vacía que en la tarde noche, después de la misa, en su ascenso por las escaleras que ya están preparadas, volverá a ser ocupada por la imagen sagrada, en su regreso o subida del Cristo. Hasta este momento y durante estos días pasados el Santo Cristo ha ocupado el lateral izquierdo, rodeado de ornamentos florales y cuatro faroles, que le dan el perfecto cuadro religioso, artístico del conjunto, en extraordinaria conjunción con el resto del templo. Motivo, simplemente, para postrarse y admirar la talla del Cristo de los tarascos de Michoacán, en Méjico, que hoy, lunes 22 de septiembre regresa a su hornacina en lo alto del Altar Mayor.
La felicitación expresa a todos los colaboradores de la parroquia que han hecho posible que este trabajo de ornamentaciones florales, cuidados de los elementos que componen esta celebración y, las manos del Cristo con sus diez dedos, después de que nos sean dadas sus bendiciones, regresen con la hermosa talla y presencia a lo alto, después de haber estado cercano, entre el pueblo, estos últimos días.
Hasta el próximo año, dando las gracias por los dones recibidos, que nuestro Santo Cristo de Telde, en la esperanza de que otros se cumplan, y derrame las bendiciones sobre este mundo tan complejo, lleno de conflictos, dejándonos ver con la luz que en torno a él se concentra, el futuro con más seguridad, con más claridad y con mejores esperanzas, sobre todo a los más necesitados de la sociedad en la que todos estamos inmersos. Buena suerte a todos y muchas gracias.
Santísimo Cristo de Telde
Venerado por tus hijos,
tu cuerpo en la Cruz inmolado,
protege a tu pueblo, a tus islas,
y a los que con devoción llegamos
desde otras latitudes,
a tus pies postrados,
suplicando derrames la paz
que nos anunciaste,
sobre este mundo difícil,
sobre este mundo en conflicto,
sobre la humanidad, tus hijos
que en Ti confiamos.
¡Viva el Santo Cristo de Telde!
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD, Círculo Cultural de Telde, Casa Museo León y Castillo y R.S.E.A.P.G.C.
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