JESÚS RUIZ MESA
Telde.- Una bella tarde la del viernes 2 de mayo, para acercarnos hasta la confluencia donde los barrancos de Tundidor y Real se encuentran, bajo la carretera que asciende y cruza este núcleo del Valle de Los Nueve de Telde.
En ese mismo punto una cruz de dos maderos se alza para saludo, oración y recuerdo de los que en otros tiempos, lejanos y próximos al nuestro, ya que la cruz en este morro se remite al siglo XVIII, y hoy se venera en esta fecha con su enramado, convocando a las gentes del lugar y visitantes para dedicar unos momentos a la Cruz que celebran en este hermoso y auténtico paraje y paisaje canario de medianías, el Valle de los Nueve teldense.
Allí se expresaron voces de asiduos visitantes que de una forma sencilla dejan su palabra desde la historia, la etnografía, la poesía, el entorno paisajístico medioambiental y la música folclórica. Allí quedaron los aromas, los colores, y el cielo azul que rodeaba y se prestaba al recuerdo, a la tradición heredada de nuestros mayores, en un signo de respeto y devoción por la Cruz que celebramos en estos primeros días del florido mes de mayo, como los que nos precedieron hicieron y aprendimos de ellos, sencillamente, a observar, palpar, sentir, acariciar y saber dejar el mensaje para las generaciones futuras de un bien que nos ha sido regalado y por los signos del camino, llegar a la Cruz como peregrino.
El ex secretario de la Asociación de Vecinos Juan Cáceres expresa la bienvenida a la enramada de la cruz del puente o del Morro de la Cruz, donde año tras año un grupo de vecinas y vecinos acompañan a Pino Pérez que sigue la tradición de la enramada que data desde su abuela. Día escogido por la Asociación de Vecinos para inaugurar las Jornadas Culturales del mes de Mayo, en su IV edición, en las que se intenta rescatar costumbres y tradiciones como esta de la enramada de la Cruz, o recordar las cosas que los antepasados hacían y enseñaron, el campo, la vida agrícola, y algunas perdidas por encontrar otras formas de vida. Por ello invitan a todos los vecinos y sobre todo a los jóvenes a que participen de las actividades que se promueven en la Asociación, sus iniciativas serán my bien acogidas”.
Interviene el investigador de Historia y Etnografía teldense Pelayo Suárez Alejandro: “Acto en el Morro de Cruz del año 2014. Desparramadas por varios lugares de Telde, se puede ver cruces que caracterizan el lugar donde en tiempos indeterminados fueron colocadas, sabe Dios por quienes y por qué motivo. En la versión popular son varias las procedencias de las mismas, como promesas de naufrago hechas por alcanzar su amparo, algún accidente trágico, o simplemente por devoción.
Dos son las cruces que caracterizan sendos lugares de estas cercanías, donde nos encontramos, como son la de la Montaña de Las Palmas, que esa sí que se sabe que fue colocada en aquel elevado lugar un día de primavera de finales de la década de los años cuarenta, del siglo pasado, avistada por los lugareños de este Valle cuando de pronto miraron asombrados a aquella elevada atalaya, porque veían que destacaba una cruz, que el día anterior no estaba, y que había sido colocada la noche anterior. Se desató entre los vecinos, diferentes conjeturas al respecto, pero nunca se supo quienes, ni porque la colocaron allí. A partir de entonces fue lugar de peregrinaje que recomendamos subiendo por el camino del Viso, en donde se observa una vista impresionante desde la cumbre al mar del municipio de Telde y otros aledaños.
Sin embargo, esta de aquí, denominada desde la noche de los tiempos, Morro de la Cruz, sí que no se sabe desde cuando está colocada en este emblemático lugar del Valle de Los Nueve, ni el motivo de su instalación. Este misterio ha dado lugar a la devoción que tantas generaciones ha mantenido viva para que las futuras puedan seguir bebiendo de su leyenda o misterio.
A través de los años esta cruz, pasó por diferentes vicisitudes, habiendo tenido que ser repuesta en muchas ocasiones. Una de las más significativas conocidas fue en el año 1923, en que hubo un fuerte temporal de agua, atascándose el antiguo y rudimentario puente del Tundidor, arrasándolo con él la cruz, inundando parte del Valle de Los Nueve, teniéndose que reconstruirlo tal como está ahora, coincidiendo, entonces, con la primera construcción alquitranada de la carretera general del Valle en el año 1924.
La denominación de este lugar, “Morro de la Cruz”, data desde antes del siglo XVIII, con varias referencias a él, tanto en capellanías, procesos de la RAC, así como en testamentos o reseña de propiedades. Es de suponer que esta cruz, debe su nombre a que fue colocada en un elevado montículo, a la orilla de la desembocadura del barranco del Tundidor, y con las sucesivas crecidas del mismo, en inviernos generosos, este montículo se fue destruyendo siendo varias veces sustituida esta cruz.
Lo que sí sabemos es que, apelando a la historia, su presencia en este lugar data como mínimo desde las remotas fechas antes señaladas, y lo que seguramente, también, es la más antigua de todas las que existen en el municipio de Telde, Y si no, hagamos un repaso y veremos que la Cruz de Jerez, por ejemplo, o la Cruz de San Antonio que fue colocada por los herederos de la finca familiar, o la de la montaña de los Barros a mediados de las últimas décadas del siglo XX, entre otras. Ya en el año 1800, su nombre del Morro de La Cruz, sirve para establecer límites de una de las tantas capellanías que había en este barrio, y puede ser posible que esta cruz fuese colocada por algunos de los titulares religiosos, de capellanías que había en el Valle, como significación de fe. Podemos transcribir un documento del año 1808 que dice: “Referente al testamento de María González Montañés Gómez, mujer legítima del subteniente de milicias Francisco Pérez Sánchez, que eran vecinos de la Casa Blanca, y manifiestan habían heredado de sus padres, entre las múltiples propiedades que tenían en el Valle de Los Nueve, una finca situada en Los Ramírez, que lindaba con El Morro de La Cruz”.
O también el documento del escribano público de la ciudad de Telde en el año 1801, que registró en un protocolo unas propiedades de un pedazo de viña y arboleda, situado entre el barranco Tundidor y los riscos del Lomo Bristol, lindando con tierras de Marcos Artiles, entre otros, cerca del Morro de la Cruz. Con el tiempo, este lugar se fue mitificando por los lugareños, propiciado por ser entonces lugar aislado, tétrico entorno nocturno, y cruce de caminos y veredas. Decían nuestros antepasados que a partir de las doce de la noche producía miedo el pasar por aquí, porque se solían escuchar voces inconcretas y hasta se aparecían figuras fantasmagóricas.
Y aquí queda como herencia generacional, y un testimonio más del rico legado histórico del Valle de Los Nueve. Y hasta las musas, en voz del pueblo, se ponen de acuerdo, para cantar a este emblemático lugar que un año más nos ha convocado aquí: Mes de Mayo, Morro de la cruz/donde los álamos, rosas y geranios/ se combinan entrelazados,/ Por manos generacionalmente amorosas/ para engalanar el símbolo del Puente/ Devoción de nuestros antepasados. En fin, la leyenda y la tradición aquí se entremezcla con la historia y la fe”. Muchas gracias.
Inés Medina toma la palabra para relatar la vital experiencia de quien lucha por conservar esta bonita tradición ante la Cruz: “Me decía Pino Pérez que hubo una etapa difícil en su vida que coincidió con la muerte de su madre. Se sintió decepcionada y triste por todo lo que pasaba a su alrededor. Dudo el seguir con esta tradición, pero el recuerdo de su madre, la fe que ella le tenía, le dio ánimos para seguir adelante y seguir cuidando esta Cruz que está al pie del camino encima de un pequeño morrete. Una Cruz que para muchos no significa nada y se respeta, una cruz para los que creen en ella y en su fe. Una cruz en la que creen y vuelcan sus deseos y plegarias descansando de sus miedos y temores. Al llegar la fiesta de esta Cruz la familia de Isabelita García y vecinos siguen esta tradición que su madre un día empezó, enramando con bonitas flores, para que aquellos deseos, sueños y promesas, se hagan un día realidad. Gracias”.
El profesor Ricardo Hernández expresa: “En este morrete se está guardando una tradición en la que ante esta cruz, la humanidad vuelve cada año, para engalanar su presencia y recuerdo con el arrepentimiento y misericordia que de ella mana. La cruz en este tiempo se hace gozosa en Canarias con la ofrenda de las flores y en cada lugar realizan las ofrendas y adornos de diferentes maneras, flores, telas, joyas, etc. Con nombres que en las islas nos recuerdan su imagen, Santa Cruz de La Palma, Santa Cruz de Tenerife, etc. Con las flores de mayo y la cita de las vecinas desde los patios se realizaba este acto de auténtica tradición popular. Al lado de la Cruz como mensaje del evangelio, siempre las mujeres, salieron al paso a compadecer y consolar al Jesús reo y condenado, que portaba su Cruz. Aquí aparece como ese símbolo de generosidad y devoción al pie de la cruz, en un acto de belleza, de cultura y de ejemplar participación ciudadana, más allá del sufrimiento y dolor que aquella cruz significó para el Jesús hombre. Aquí depositamos los deseos, las promesas y las rogativas por un futuro mejor. Celebramos con ellas su esfuerzo y dedicación por engalanar la Cruz, siempre a la sombra del pino y el drago que durante años dan compañía a este conjunto a este bello rincón del Morro de la Cruz del Valle de Los Nueve. Muchas gracias”.
Durante el encuentro ante la Cruz y las intervenciones, la agrupación folclórica la Rondalla del Roque Azucarero amenizó con folías, malagueñas, isas, en las voces de Mari Carmen Cordero, Esther Ramírez, al timple Santi, y demás tocadores, este entrañable acto de tradición y mensaje popular, en presencia de D. Juan Martel, Concejal de Gobierno del Ayuntamiento de Telde, que expresa: “En mi paso constante por este lugar, mi agradecimiento a los mantenedores de este acto, sobre todo a las mujeres que cada año, con la enramada de la Cruz, mantienen esta tradición que es parte del pueblo y el interés para que las generaciones mantengan y conserven esta Cruz. Gracias y adelante”, y D. Mario Torres, Concejal de Parques y Jardines del Ayuntamiento de la Ciudad de Telde.
Con la despedida unos versos, entre el aroma de las flores y la tarde que caía quedaron de la cruz colgados: “Si al Gólgota subiera ante la Cruz del misterio, ante tu cuerpo de sangre derramada pero lleno de misericordia, quisiera a tu lado estar, entre estas mujeres y gentes del lugar que con flores rememoran tu entrega. Por esto, en el Valle de Los Nueve, en el Morro de La Cruz, ahí permanecerás siempre para cumplir con la tradición, Cruz del Puente, Cruz de las gentes, del Morro de La Cruz”. Muchas gracias.
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.
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