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Mariposa en un parque de Telde (Foto Jesús Ruiz Mesa) Mariposa en un parque de Telde (Foto Jesús Ruiz Mesa)

La primavera ha venido y yo sé porque ha sido

TA publica una reflexión y reportaje fotográfico de Jesús Ruiz Mesa sobre la llegada de la nueva estación

Cristina Miércoles, 26 de Marzo de 2014 Tiempo de lectura:

JESÚS RUIZ MESA
Pues bien, la primavera del 2014 se nos ha presentado este mes de marzo porque así debe ser, el paso del tiempo determina hasta nuestras vidas y el entorno que nos rodea. Con el equinoccio de primavera llega la estación esperada, deseada después del frío y húmedo invierno que nos ha precedido.
 
La noche que en su profunda oscuridad y sueño poético de muchos, va dejando sus horas de misterio al paso de las agujas de un reloj solar al espacio equivalente, y que llenará de luz la realidad del día que le sigue, abriendo sus puertas a la nueva estación, saluda a la vida que sobre el planeta se despierta del letargo frío de la estación invernal que despide el nuevo estado de esta zona de nuestro mundo.
 
La primavera ha venido y yo sé porque ha sido, así decía uno de los versos cantados de la romántica melodía que el artista Luis Mariano entonaba como tenor y cantante de operetas, dedicada a la bella Carmen Sevilla, en Violetas Imperiales, película de 1952, en blanco y negro, que pudimos ver de jóvenes en nuestros numerosos cines de Telde, ante espectaculares murales sobre sus fachadas y programas de mano, verdaderas obras de arte y publicidad cinematográfica de aquellos años del siglo pasado.
 
Comercios, almacenes, como siempre y en cada cambio de estación, nos invaden de anuncios, imágenes y grandes carteles, adelantan sus mensajes publicitarios a los cambios del calendario y la necesidad de ciertos usos y consumos sociales, decoran y exhiben sus productos en atractivos escaparates de modas muy ligeras, frescas, deportivas, juveniles, a la búsqueda de una imagen nueva, para irnos desperezando de ese intenso frío de un invierno no muy común, que ha cubierto nuestras cumbres de nieve, escarchas, granizos, nieblas y alisios fríos, y de tormentosas mareas que nos han desdibujado el perfil veraniego de nuestras costas y playas.
 
Pero ahí está, de nuevo, como cada año, en el tiempo de nuestro particular viaje solar en su infinitud cósmica anotada en el cuaderno de bitácora de la memoria de su periplo estelar, el frágil planeta que habitamos en su errante caminar por su sendero de translación nos regala en este mes de marzo, ya cruzado su ecuador, la estación de la Primavera, con luminosidades, olores, sensaciones, sonidos, colores y paisajes que nos llenan de las mejores sintonías poéticas que nadie pudo crear, escribir jamás, bajo la atmósfera que nos protege a todo ser vivo, inspiración que sólo los elegidos por las musas pudieron sentir para componer, pintar, escribir, reflexionar, soñar la primavera, como puede ser la de Vivaldi, la de Botticelli, Monet, Renoir, bellísimos versos, canciones, letras, cartas, infinidad de manifestaciones y ensoñaciones artísticas dedicadas a la Consagración de la Primavera.
 
Estación gloriosa, de esperanza, máxima expresión del enamoramiento del alma y el espíritu humano entre sí, de la vida, de la muerte, primavera que la sangre altera, alegre, triste, melancólica, romántica, compañera de la soledad y del renacer humano a la luz del mundo. La del poeta que regresa y toca en la puerta de su vieja casa preguntando por la primavera de su juventud lejana.
 
Cruzo la ciudad atravesando los jardines que bordean y adornan los parques que, como pulmones, como oasis, crean remansos de paz que me alejan del bullicio y rugir de motores, parques municipales que lentamente recuperan sus arboledas, después de las necesarias talas y podas, fuentes que, recordando a los artistas teldenses, entre ellos, Luis Arencibia Betancort, creador de la simbología en sus neomitológicas esculturas, fuente de las ranas, de las sirenas, de los tritones y la musa de los poetas, entre otras esculturas, refrescan el entorno con sus surtidores, rincones que debiéramos mimar, observar, acariciar y gozar.
 
Y en el recodo de las escaleras que dan salida al parque Arnao en su puerta suroeste, cercana a la Biblioteca, un mágico y maravilloso espectáculo natural, entre insectos arácnidos y otras mariposas como la Pieris Rapae, blanquita de la col, la Vanessa Vulcania, o la Vanessa Cardui, que sobrevuelan o se posan sobre el césped, cactáceas, euforbiáceas, u otras variedades botánicas que cubren los parterres del parque y que el personal de jardinería sabe de su revolotear. Destacan las migratorias mariposas de gran belleza, las Monarcas (Danaus plexippus), nombre genérico de reminiscencias mitológicas, lepidóptero de colores vivos, anaranjados, amarillo y nervaduras negras, utilizan esta imagen para su propia defensa de los depredadores.
 
La Monarcas, uno de los insectos más viajeros, importantes como agentes polinizadores y famosas por su largos recorridos en América, que para evitar los crudos inviernos viajan desde Canadá y Estados Unidos hasta los bosques de Michoacán en Méjico, donde encuentran bajo un bosque de pinos el entorno adecuado para su supervivencia. Residentes en este lado del Atlántico, en las Islas Canarias, Azores y Madeira. También la imagen sacra del Santo Cristo de Telde, llegó a nuestro litoral procedente de las manos de los indios tarascos de Michoacán, el Cristo de las Aguas o del Atlántico, ligero, flotando. Hoy desde su Altar Mayor, su rostro misericordioso, nos llena de paz y esperanza. Su imagen vuela y llena los espacios de los penitentes y de la Basílica Menor de San Juan Bautista de Telde.
 
Aquí casi en mis hombros, sobre mi cabeza, más cerca de nosotros, más cerca de mí, a pocos centímetros del objetivo de la digital posan, a veces muy nerviosas, inquietas, otras más calmadas, quizás a la espera de su apareamiento, por el color de la planta y flor, o por su propia naturaleza, revolotean en torno a mí, buscando, ascendiendo y descendiendo, una a una, de dos en dos y hasta tres, un parterre con ciertas flores muy vistosas que las atraen fuertemente, las Asclepias curassavicas, flor de la seda o de la sangre, de racimos amarillos y rojos.
 
El macho un poco mayor que la hembra, entre las nervaduras de sus alas presenta un punto negro, stigmata, escamas que producen feromonas, hormonas sexuales, para atraer a la hembra, despliega sus alas para atraer a la hembra, aparearse y depositar los huevos en la planta, que originan la oruga o larva, en estados diferentes de crecimiento, crisálida y nacimiento de la mariposa, una belleza de metamorfosis que las hace longevas, las de la generación migratoria matusalén, pueden vivir hasta nueve meses.
 
De tarde en tarde, al cruzar este parque teldense de Arnao las observo en su estado adulto, en su constante revoloteo, posadas sobre las hojas de la palmera, sobre la hiedra en el suelo o sobre otras flores, la Monarca, mariposa muy conocida en nuestras islas, sin ser primavera, en su belleza me la describen, hoy con mejor motivo la dibujan, le dan la bienvenida, la primavera ha venido y yo sé porque ha sido.
 
El poeta sentía, escribía al llegar la primavera: Era la primavera sobre los campos verdes. / Azul era la altura y era esmeralda el suelo. / [...] / Ella -la que me amaba- se murió en primavera... / y se llevó la primavera al cielo".  Quiero hacer contigo / lo que la primavera hace con los cerezos.  Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Versos de Pablo Neruda).
 
Mariposas monarca en el parque Arnao de Telde
................desde el sol mordido por la luna, vengo, sobre mis alas de reina, monarca de los cielos, de los mares y montañas, y en un rincón del parque dormido, bajo un intenso azul, envuelto entre verdes subtropicales, sobre moteadas asclepias de rojos y ocres, descansan mis sueños, amores, vuelos, y me dispongo a ser acariciada por la retina de quien, con delicadeza, observa mi naturaleza.

Soy una mariposa, a veces de alas rotas, otras, fatigadas por la compleja ruta de mi biología eterna, corta, simple, pero hermosa, preciosa, bella. Monarca, mariposa del jardín de las Afortunadas, del Parque que guarda mis secretos, en el corazón del Telle que cruza mis caminos, los de la primavera eterna, la primavera que hoy emprende su viaje sobre nuestro mundo del Atlántico de las Hespérides, del bosque de Doramas, del ignoto San Borondón, del misterio de los Faycanes, del jardín del Edén.
 
Nuestros mejores deseos de una feliz primavera, en la que el almanaque nos recuerda en este día 21 de marzo algunas celebraciones internacionales: el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, el Día Mundial del Síndrome de Down, el Día Internacional de los Bosques, Día Mundial del Árbol o Día Forestal Mundial, como se conoció en su primera celebración, Día Mundial de la Poesía, Día Internacional de Nowruz (Celebración del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de costumbres y rituales vinculados a la llegada de la primavera en Los Balcanes, regiones del Mar Negro, el Mar Caspio, el Cáucaso, Asia Central y Meridional y Oriente Medio).
 
Vendrán acontecimientos, fiestas, celebraciones, puede que el invierno aún se agarre a estos días ya primaverales, llegarán otros aires, vientos, calimas, aguas, en abril aguas mil, calores y puede que aún regresen días y noches frías, pero para ustedes y para mí, la primavera ha venido y sabemos por que ha sido. Y en la eterna primavera de nuestra Gran Canaria querida, doble motivo de alegría. Mientras, desde el pequeño parterre del rincón al pie de la gran escalera del Parque Arnao de Telde, las mariposas continúan danzando, celebran la Primavera eterna.
 
Con el recuerdo y la memoria de quienes volando para salvar la vida a otros humanos se dejaron la suya en el empeño en lo mejor de las primaveras de sus vidas. In Memoriam. Muchas gracias.
 
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.
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