TELDEACTUALIDAD
Telde.- “Era muy cariñoso y noble, pero en los últimos días lo notaba raro”. Quien así retrata a José Gregorio García Álamo es su madre, Josefa Álamo Dámaso, quien ha acogido con una gran entereza y resignación la desaparición de su hijo en aguas de Salinetas mientras nadaba el pasado lunes por la tarde-noche. José Gregorio dejó un mensaje de wassap a su familia horas antes del fatal desenlace.
Josefa Álamo, que reside desde hace un año en la urbanización residencial de Arnao después de hacerlo durante mucho tiempo en Lomo de la Herradura, confirmó a TELDEACTUALIDAD lo ya avanzado por su hijo Ángel García de que el desaparecido estaba “depresivo” y tomaba “tranquilizante”, una circunstancia que achacó tanto a que se encontraba en paro desde que llegó de Tenerife hace dos meses y la reciente muerte de su padre, ocurrida hace unos 12 meses.
La progenitora de José Gregorio lo definió como una persona “muy cariñosa y noble”. “Cuanto estaba trabajando en Tenerife nos llamaba casi a diario a su padre y a mí para interesarse por nosotros”. “Era serio, pero desde hacía unos días estaba raro, muy nervioso”, agregó.
Acompañada de un hermano, Josefa Álamo acudió a primera hora de la tarde a la punta de Salinetas, cerca de la desaladora municipal que gestiona la empresa Aguas de Telde, desde donde se supervisa todo el operativo de recursos de emergencias que rastrean la costa y el mar desde Salinetas hasta Gando en busca del cuerpo del bañista desaparecido, que contaba con 46 años.
Allí coincidió con dos de sus cinco hijos y la concejala de Playas, María González Calderín, que le ofreció todo tipo de apoyo institucional ante el trágico momento que atraviesa la familia García Álamo, a la que el desaparecido dejó un mensaje de wassap horas antes del fatal desenlace del pasado lunes ocurrido al filo de las 20.20 horas cuando se encontraba en el mar junto a una boya del canal a nado, próxima a los riscos de Clavellinas.
El mayor deseo de Josefa Álamo es encontrar el cuerpo de su hijo y darle cristiana sepultura. “Últimamente acudía mucho a la Iglesia de San Gregorio a rezar”, apuntó desconsoladamente.
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